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Historia del Egipto Faraónico
 
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 Viaje al Más Allá en los textos funerarios del ant. Egipto

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nefer11



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MensajeTema: Viaje al Más Allá en los textos funerarios del ant. Egipto   Mar Jun 19, 2007 2:38 am

La muerte, ha sido el primer misterio con el que el hombre se ha encontrado en su existencia. El hecho de la muerte abrió a los hombres el horizonte de los otros misterios, elevando su pensamiento de lo visible a lo invisible, de lo pasajero a lo eterno, de lo humano a lo divino.

En el antiguo Egipto la muerte fue considerada como la primera etapa de un largo proceso de fenómenos que habrían de culminar con el renacimiento y la transfiguración del difunto. El hombre egipcio desarrollaba su vida en dos momentos.

En el primero, limitado en el tiempo, vivía en la tierra; en el segundo, que habría de durar toda la eternidad, la vida se desarrollaba en el Más Allá, en el Occidente, en los lugares celestes en los que reinaban Re y Osiris, considerado este último el gran dios de la ultratumba y cuyo sugerente mito de muerte y resurrección ofrecía a los egipcios una esperanza de vida tras la muerte.
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MensajeTema: Viaje al Más Allá en los textos funerarios del ant. Egipto   Mar Jun 19, 2007 2:40 am

La muerte en Egipto

Pensaban los egipcios que la muerte física podía ser vencida por el hombre que había sido piadoso. La vida eterna podía ser alcanzada por el hombre que había actuado de manera justa en su vida. Diversos textos funerarios, entre ellos el “Libro de los Muertos” exponen esa creencia acerca del hombre y su trascendencia.

Los antecedentes de estas creencias se remontarían a unos antiquísimos cultos mistéricos que se habrían desarrollado en unos momentos en que los egipcios todavía no conocían, siquiera, la escritura.

El hombre que ha vivido de manera piadosa y que habrá de ser declarado “Justo de Voz” en el Juicio de los Muertos, necesitará de la eficacia de la magia para poder afrontar los inmensos peligros que le acecharán durante su viaje por la ultratumba hasta arribar al Reino Celeste.

En un primer momento, solamente el faraón dispondrá de textos mágicos plasmados en las paredes de su pirámide, sin embargo, más adelante, los nobles también mandarán escribir textos similares en sus sarcófagos y, finalmente, serán muchos los egipcios que podrán llegar a disponer del conjunto de fórmulas mágicas que se integran en el “Libro de los Muertos”.

Sin embargo, a pesar de la elevada noción que tenían los egipcios acerca de la trascendencia del hombre, lo cierto es que para que esa vida en el más allá se desarrollara de manera satisfactoria era necesario el mantenimiento del culto funerario al difunto en su tumba y, sobre todo, que se le aportaran ofrendas alimenticias que evitasen que el fallecido padeciera de hambre y de sed en el otro mundo.

Existen diversos conjuros en el “Libro de los Muertos” que ofrecen esa idea de intenso miedo a tener que llegar a comer, por pura necesidad, los propios excrementos; dice, así, el capítulo 51:

“¡Mi abominación es mi repugnancia! No comeré (lo que es) mi abominación; mi abominación son los excrementos y no los comeré; son las deyecciones y en ellas no pondré mi mano. ¡Que no las toque con mi mano! ¡Que nada me obligue a caminar por allí con mis sandalias!”.
Para garantizar la existencia de ofrendas los egipcios mandaban grabar las mismas en las paredes de las tumbas, pensando que, gracias a la magia, habrían de convertirse en alimentos reales de los que el difunto se aprovisionaría. Ante la posibilidad, por otro lado, de que el cuerpo momificado del difunto fuese destruido en la tumba, tanto por la existencia de momentos de crisis y tumultos como por la acción de los saqueadores, los egipcios, también atemorizados, mandaron construir lo que conocemos como “cuerpos de recambio”, es decir estatuas en las que se reproducían los rasgos del difunto, que era igualmente representado en las pinturas y bajorrelieves de la tumba.

Gracias al intenso poder mágico de los sacerdotes esos cuerpos de sustitución contribuían a mantener vivo al difunto en el Más Allá.

La magia egipcia impregnaba unas creencias funerarias que para el hombre moderno no serían más que aparentes supersticiones; sin embargo, por encima de todas estas creencias puramente mágicas (textos funerarios, ofrendas ideales de las tumbas, cuerpos de sustitución de los fallecidos, etc.) destaca en los ambientes más espirituales y místicos del antiguo Egipto la alta idea que se alcanzó acerca de Dios y del ser humano.

El hombre, dotado de un componente espiritual, tenía ante sí un elevado destino. El hombre justo, que ha seguido en la vida el camino del corazón y que ha actuado de conformidad con Maat, la diosa del orden y la justicia, sirviendo a Dios día tras día tiene asegurado que tras su muerte su fin será iniciar un proceso de glorificación que habrá de permitirle su integración en la Luz del supremo, transformándose en un espíritu akh (ser de Luz) que radiará en lo alto del cielo.

Los textos funerarios, con su intenso poder mágico, servirán para ayudar al difunto a superar las dificultades del proceso de Glorificación:

“Este Libro –afirma el capítulo 190 del “Libro de los Muertos”- servirá para transfigurar al bienaventurado en el corazón de Re, hará que sea poderoso junto a Atum y magnificado junto a Osiris y asegurará su prestigio en presencia de la corporación divina... El alma del bienaventurado para quien sea recitado (el Libro) podrá salir con los vivos, saldrá al día, será poderosa entre los dioses, los cuales no la rechazarán, sino que los dioses la rodearán y la reconocerán como una de las suyas. Y ella (el alma glorificada) te dará conocimiento, en plena Luz, de los (bienes) que (le) han llegado”


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MensajeTema: Viaje al Más Allá en los textos funerarios del ant. Egipto   Mar Jun 19, 2007 2:47 am

Himno Caníbal

Hacia el año 2400 a.C. quedaron fijados por escrito los viejos conjuros y sortilegios que los sacerdotes egipcios recitaban a la muerte del rey, rememorando de ese modo los rituales que habían permitido a Isis conseguir la resurrección de Osiris.

Las fórmulas, que hoy conocemos con el nombre de “Textos de las Pirámides”, fueron descubiertas por Maspero en las cámaras subterráneas de las pirámides reales de varios faraones del Reino Antiguo, desde Unas hasta Pepi II.



Los textos contienen rúbricas en las que se detallan los rituales y ademanes que el sacerdote oficiante debía realizar mientras iba recitando las fórmulas mágicas, es decir, tenían una finalidad litúrgica, extendiéndose por el interior de cada pirámide desde los corredores de entrada hasta la cámara del sarcófago.

La finalidad última de esos conjuros no era sino propiciar el acceso del faraón, una vez fallecido, a las estrellas, en donde habría de asimilarse al propio Re e iniciar una vida eterna. A través de la resurrección gloriosa que los textos pretendían facilitar se producía la apoteosis del monarca que ascendía a los cielos y se reunía en las alturas con sus hermanos los dioses.



La primera recopilación de los “Textos de las Pirámides” pudo ser obra de los sacerdotes de Heliópolis y está inscrita en las paredes de la cámara funeraria de la pirámide de Unas, faraón que reinó en tiempos de la V dinastía. Textos similares se han encontrado en otros sepulcros reales de la VI dinastía y en los de varios soberanos del Primer Periodo Intermedio (como en el caso de Iby).

Los “Textos de las Pirámides” reflejan unas creencias religiosas cuyo origen sería muy antiguo, siendo su pretensión asegurar, gracias a la magia, la vida eterna de los faraones. Uno de los textos más inquietantes es el denominado “Himno Caníbal” de la pirámide de Unas, que nos ofrece una imagen del faraón (el último que reinó en la V dinastía) como devorador de dioses.

El himno nos habla de un canibalismo mágico y ritual gracias al cual Unas se hace con los inmensos poderes de los dioses. Supone, posiblemente, el reflejo de unas prácticas ancestrales que, quizás, se remonten a unos tiempos en los que el canibalismo pudo ser, incluso, una realidad cotidiana.

El “Himno Caníbal” nos habla de la trascendencia del rey y de su papel en el Reino del Horizonte (Más Allá) al frente de los dioses, tras su muerte y resurrección:

“Unas es un gran Poder que prevalece entre los Poderes.
Unas es la imagen sagrada, la más sagrada de todas las imágenes del Gran (Dios).
A aquel a quien se encuentra en su camino, lo devora trozo a trozo.
El lugar de Unas está al frente de todos los nobles que están en el Horizonte,
porque Unas es un dios, el más antiguo de los Antiguos.
Le sirven millares, le hacen ofrendas centenares.
Le ha sido otorgado el título de Gran Poder por Orión, padre de los dioses.
Unas ha vuelto a aparecer en gloria en el cielo,
ha sido coronado como señor del Horizonte,
ha quebrado vértebras y espinazos,
se ha apoderado de los corazones de los dioses.
Se ha comido la (Corona) Roja, ha engullido la Verde.
Unas se alimenta de los pulmones de los Sabios,
y queda saciado viviendo de sus corazones y su magia...”


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MensajeTema: Viaje al Más Allá en los textos funerarios del ant. Egipto   Mar Jun 19, 2007 2:48 am

Textos de los Sarcófagos

En los tiempos del Reino Antiguo el rey, en cuanto hijo de los dioses, era el único hombre que tenía asegurado el acceso al Reino Celeste de Re.

En el momento de su muerte todo era ordenado para asegurar su supervivencia: se conservaba su cuerpo momificado, se habían construido imágenes de sustitución, se dotaba a la tumba de un carácter inviolable y se establecía el mantenimiento de un culto funerario, consagrado a su memoria.

Paulatinamente, sin embargo, capas cada vez más amplias de la población habrían de ir participando de esa idea de esperanza en una vida en el Más Allá tras la muerte.

Primero habrían de ser los poderosos, que sirven al faraón y que le son necesarios, y posteriormente también los humildes, que resultarán igualmente útiles para sus señores. Con la caída del Reino Antiguo los ritos secretos que envolvían el proceso de glorificación del rey se fueron divulgando entre los hombres.


Los textos sagrados fueron transcritos en los sarcófagos de nobles y
funcionarios.

Los sacerdotes se habrían visto obligados a ello en la medida en que los poderosos querían acceder al igual que el faraón a la inmortalidad. Ahora, desde la dinastía VII hasta el Reino Medio, será frecuente encontrar en las tumbas los denominados “Textos de los Sarcófagos”, que se grabarán en los sarcófagos de los nobles.

Sus contenidos estarán inspirado en las creencias que antes se habían plasmado en los anteriores “Textos de las Pirámides”, si bien incluirán adiciones y correcciones más apropiadas para su finalidad de servir a individuos particulares.


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MensajeTema: Viaje al Más Allá en los textos funerarios del ant. Egipto   Mar Jun 19, 2007 2:51 am

Los “Textos de los Sarcófagos” acusan una clara inspiración osiriana y nos ofrecen la idea de que el difunto, tras su muerte y resurrección, al igual que Osiris, se transformará en divinidad y alcanzará la vida eterna.

Los misterios de Osiris serían unas enseñanzas esotéricas que se impartían en el secreto de las Casas de la Vida de los templos a determinadas personas que habían acreditado ser merecedoras de acceder a ese conocimiento, sobre todo los propios sacerdotes y otros miembros de las elites del poder.

Posiblemente el eje central de los misterios fuese llegar a conocer que el hombre es dios no solamente en el Más Allá, tras la muerte, tras superar un duro juicio y diversas pruebas, sino también aquí, en la tierra.

Los “Textos de los Sarcófagos” suponen un conjunto de diversas fórmulas de Glorificación que los antiguos egipcios conocieron como “Libro de proclamar justo al difunto en el Reino de los Muertos”. Son unos textos que comenzaron a aparecer en las tumbas de las elites en los momentos del Primer Periodo Intermedio, a partir del reino de Heracleópolis.

En tanto que los “Textos de las Pirámides” habrían sido los himnos que los sacerdotes recitaban en los funerales de los reyes, los “Textos de los Sarcófagos” habrían sido considerados por los egipcios como guías que permitían que el difunto se adentrase por los mundos de la ultratumba.

El espíritu del fallecido, en el viaje al Más Allá, iba a enfrentarse con multitud de peligros y debía ser capaz de demostrar que poseía los conocimientos adecuados que le permitirían vencer esos peligros.
Los textos, en palabras de Molinero Polo, “en su concepción general manifiestan una profunda preocupación por peligros ignotos y un clima de desesperanza que se intenta contrarrestar con la posesión de estas fórmulas mágicas”.

Gracias a estos textos funerarios, cada vez que el difunto se encontrase con un peligro podría solventarlo de manera adecuada. Por ejemplo, el espíritu puede llegar ante una puerta custodiada por un guardián de feroz aspecto. Si no conoce la fórmula que le permitirá franquearla corre el inmenso peligro que quedar atrapado en la nada durante toda la eternidad.

Solamente gracias a los conjuros mágicos que conoce podrá el difunto superar los obstáculos y avanzar hacia el Reino de la Luz. Parece que los miembros de las elites egipcias se habían apropiado de los himnos de los funerales reales pero sentían temor y desasosiego ante los ignotos peligros que les amenazaban en el Más Allá.

En palabras, nuevamente, de Molinero Polo no dejaban de ser sino unos advenedizos en el reino de ultratumba y necesitaban disponer de guías funerarias que les aseguraran que el viaje que estaban obligados a realizar por mundos desconocidos iba a tener un buen término.

En los “Textos de los Sarcófagos” se habla de diversos lugares de purificación que ya se mencionaban en los “Textos de las Pirámides”. Así, en relación con el denominado Campo de los Juncos, podemos citar los conjuros 404 y 405. Pensaban los egipcios que era un lugar al que para llegar el fallecido debía acreditar que tenía determinados conocimientos: “Avanza pues –se le dice al difunto-, ven, espíritu (transfigurado), hermano mío, al lugar sobre el que tienes conocimiento”.

El Campo de los Juncos se describe, también, como un lugar fértil en el que los espíritus cultivan los campos y pueden disfrutar de una amplísima libertad de movimientos. Los difuntos que conocen las fórmulas adecuadas, a su voluntad, pueden entrar y salir de este lugar tantas veces como deseen.


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MensajeTema: Viaje al Más Allá en los textos funerarios del ant. Egipto   Mar Jun 19, 2007 2:51 am

También se encuentran referencias en los “Textos de los Sarcófagos” al Campo de las Ofrendas, que sería el reino del dios Hotep. Allí, se nos dice, los difuntos pueden comer, beber, trabajar, gozar del sexo, etc.

Todo ello de manera plenamente satisfactoria, libres plenamente de las inquietudes que en la tierra amenazaban a sus vidas, y dotados de la amplísima libertad de movimientos a la que antes nos hemos referido.


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MensajeTema: Viaje al Más Allá en los textos funerarios del ant. Egipto   Miér Jun 20, 2007 12:36 am

Libro de los Dos Caminos

En los mundos de purificación los difuntos llevaban una vida plenamente satisfactoria, libres de todo tipo de inquietudes. Sin embargo, la lectura de los textos nos transmite la creencia de que el destino último de los espíritus, al menos de los que tenían el conocimiento adecuado, es decir, los que en la vida terrena habían sido iniciados en los conocimientos mistéricos, estaba llamado a superar la felicidad puramente material que se ofrecía en esos lugares para trascendiendo de ellos elevarse al Reino Celeste, al Reino de la Luz de Re.

Para servir de guía en ese viaje los sacerdotes egipcios redactaron los textos que conocemos como “Libro de los Dos Caminos”.

El L2c es un texto que si bien constituye una unidad en si mismo lo cierto es que aparece integrado en el conjunto de los “Textos de los Sarcófagos”. Su contenido nos habla del viaje de la Barca Solar, en la que navega el espíritu del muerto, junto con otros miles de difuntos más, en su camino hacia el cielo.

Se trata de un recorrido por el reino de Osiris antecedente de los posteriores “Libros del Inframundo” que se fechan en el Imperio Nuevo y de los que más adelante nos ocuparemos.

Llama la atención en el L2c que en el comienzo del viaje el difunto se encontrará con una puerta de fuego, quizás de Luz, protegida por un guardián al que se denomina “Aquel que rechaza a los ignorantes”. Tras la puerta se ofrecen dos alternativas: de un lado, la región de la Luz; de otro, el mundo de las tinieblas.

En general, el L2c nos habla de los diversos caminos que conducen al cielo, uno de tierra y otro de agua, que aparecen siempre vigilados por guardianes armados o genios de fuego que rechazan a los que no tienen conocimientos.

El difunto, gracias a los textos grabados en su sarcófago, podrá avanzar por este mundo inferior evitando ser desviado a los lugares donde reinan las tinieblas, ya que conoce como se debe exhortar a esos guardianes para que le abran una senda de Luz. En otro caso, el difunto correría el inmenso peligro de quedar atrapado para siempre en la nada, en la oscuridad.

Especial interés reviste uno de sus pasajes, en los que se afirma claramente que para arribar al Reino Celestial es imprescindible tener previamente adecuados conocimientos. Veamos ese texto en la versión de Molinero Polo:

“Este es el lugar de un espíritu transfigurado que sabe como entrar en el fuego y atravesar las tinieblas (pero) que no tiene el conocimiento para subir a este cielo de Re-Horus el Antiguo, en el cortejo (de Re-Horus el Antiguo), en medio de las ofrendas, en el horizonte de Re-Horus el Antiguo”.

Textos como estos nos confirman que en estos momentos del Imperio Medio en que se fechan los textos los sacerdotes egipcios eran conscientes de que el destino final de los difuntos ofrecía diversas alternativas, en función del grado de conocimientos alcanzado en vida, y que no todos ellos arribaban al Reino de la Luz plena.

El L2c llega a su término narrando la llegada de la Barca Solar, ultimado el recorrido por los mundos donde reina Osiris, al cielo de Re, que se describe como una inmensa masa de agua que está rodeada de una extensión envuelta en llamas que alcanza un millón de codos, símbolo todo ello de lo que debe ser el Reino de la Luz.

Una vez que la Barca Solar entre en el cielo las puertas de este serán cerradas y el navío se situará en el interior de un inmenso huevo del que habrá de brotar con el nuevo amanecer.


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MensajeTema: Viaje al Más Allá en los textos funerarios del ant. Egipto   Miér Jun 20, 2007 1:03 am

Juicio de los muertos

El “Libro de los Muertos”, que los egipcios conocían como “Libro para salir a la Luz del Día” pudo comenzar a ser utilizado a finales de la dinastía XVII (en el Imperio Nuevo). Sus textos expresan ese mismo deseo de búsqueda de la inmortalidad que venimos comentando y representan una situación de compromiso entre las antiguas creencias propias de los dogmas solares (culto a Re) y las más novedosas que entraña el mito de la muerte y resurrección de Osiris.


Fragmento del papiro de Hunefer. Sacerdote frente a la momia y el sepulcro. XIX Dianstía

A lo largo del “Libro de los Muertos” abundan las referencias al corazón del hombre, sede para los antiguos egipcios del intelecto humano. El corazón, el órgano material más importante del hombre, conoce como cada uno de nosotros ha ido actuando a lo largo de su vida.

De algún modo el corazón sería, en Egipto, el órgano en el que reside la conciencia del hombre. Las creencias osiríacas reposan en la idea de que el hombre, tras su muerte, habrá de someterse al Tribunal de los Dioses.

Allí su corazón será pesado en la balanza, para saber si ha sido puro durante su existencia en la tierra. Para los egipcios era muy importante que en ese momento el corazón no atestiguase contra la persona que lo había portado, ya que en ese caso el hombre sería declarado impuro y se produciría la aniquilación de su espíritu, lo que más temían los egipcios.



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MensajeTema: Viaje al Más Allá en los textos funerarios del ant. Egipto   Miér Jun 20, 2007 1:08 am

El “Libro de los Muertos” supone un conjunto de fórmulas mágicas y especulaciones teológicas a través de las cuales se pretendía facilitar la salida a la plena Luz del Día del espíritu de la persona fallecida, es decir, alcanzar esa inmortalidad tan deseada por los egipcios.

El capítulo 125 del libro nos habla, precisamente, del juicio del corazón. En otros muchos capítulos abundan las referencias a este importante órgano de la conciencia; así, en el capítulo 29A se incluyen fórmulas que deben impedir que se arrebate al difunto su corazón, en tanto que en el capítulo 30B se ofrecen conjuros que buscan que el corazón no atestigüe contra uno mismo.


Escena donde Horus presenta al difunto ante su padre Osiris y donde
posteriormente (el difunto) actúa como escriba del dios de los muertos.

Si el fallecido era declarado "Justo de Voz" (Justificado) en el Juicio de Osiris se iniciaba un proceso de Glorificación que habría de culminar con la llegada del espíritu a la Luz y su transformación en un Luminoso (espíritu akh o ser de Luz). Desde ese momento el espíritu disfrutaría de una inmensa libertad de movimientos y sería libre de entrar y salir, a su voluntad, del Más Allá durante toda la eternidad.

Lo usual es que cada cierto tiempo el espíritu visitase su propia tumba, bien provista de ofrendas alimenticias y en la que sus deudos seguían manteniendo el culto funerario. Ese es el sentido de las pinturas en las que se representa a un animal con forma de pájaro y cabeza humana (el ba o alma del fallecido) que vuela desde o en dirección a la tumba.

El mito de la muerte y resurrección de Osiris, germen de las creencias egipcias sobre la vida en el Más Allá, servía para explicar a los iniciados que el dios había sido asesinado y luego resucitó y fue Glorificado para enseñar a los hombres que en cada uno de ellos se encierra un indudable componente divino: el hombre participa de las cualidades de Dios y tras su muerte le espera la gloria y la eternidad.

Los textos funerarios, que culminan con las enseñanzas del “Libro de los Muertos”, mantienen la creencia de que para superar la muerte y lograr la trascendencia en el Más Allá solo se puede ofrecer al hombre un posible medio y este es asimilarle a Dios. En otro caso, no se podrá materializar ese ansia de inmortalidad.


Escena del "Libro de los muertos" grabada en altorrelieve en la tumba de la reina Nefertari

Llama también la atención que en ese libro se contienen indicaciones de que ciertas partes de su texto son útiles tanto en la tierra como en el Más Allá y que el hombre que desee alcanzar el Reino de la Luz deberá leerlas todos los días. Se sugiere así que esos textos se daban a conocer en vida y que eran estudiados por círculos de iniciados. François Daumas cita una inscripción de Paheri El Kab en la que este personaje nos habla de una enseñanza iniciática que ha recibido, que le permite conocer que Dios está en el hombre.

Dice el texto:

“He sido puesto en la balanza. He salido de ella examinado, intacto, salvado. Yo iba y venía, con las mismas cualidades en mi corazón. No he dicho mentiras contra nadie, pues conocía al Dios que está en el hombre, estaba perfectamente instruido y sabía distinguir esto de aquello. He cumplido con todas las cosas con arreglo a las palabras”


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MensajeTema: Viaje al Más Allá en los textos funerarios del ant. Egipto   Miér Jun 20, 2007 1:14 am

Viajes iniciáticos

Entre los textos funerarios fechados en los tiempos del Reino Nuevo se incluye un genero literario específico que nos ha transmitido valiosas imágenes de uno de los mundos del Más Allá, el Inframundo, por el que diariamente se producía el viaje de la Barca Solar durante las horas de la noche.

Entre esos libros que se ocupan del Inframundo habría que incluir el “Libro del Amduat”, el “Libro de las Puertas”, el “Libro de las Cavernas”, el “Libro de la Tierra”, el “Libro de la Letanía de Re” y el “Libro de la Vaca Sagrada”.

Se trata de unos textos funerarios que habrían de ser reproducidos una y otra vez en las paredes de las tumbas que los reyes del Imperio Nuevo se hicieron construir en el Valle de los Reyes, en las inmediaciones de Tebas.

En una de esas tumbas, que albergó en su día los restos de Tutmosis III, fueron identificadas las primeras copias que se han conservado del denominado “Libro del Amduat”, obra que nos habla del viaje nocturno del dios Re y su sequito a lo largo de las doce horas de la noche por la Duat, el reino del Inframundo que es gobernado por Osiris, dios de los muertos.

El viaje de Re por el reino de los muertos se iniciaba en la primera hora de la noche, cuando la Barca Solar se hundía en el Horizonte, tragada aparentemente por la tierra. En ese momento del crepúsculo, Re era representado con cabeza de carnero, símbolo de la vejez y la decrepitud.

A la mañana siguiente, con el nuevo amanecer, Re habría de salir del Inframundo triunfante, representado ahora como un escarabajo, el animal que para los egipcios habría llegado a la existencia por si mismo.

Re surgía cada nuevo día con una renacida juventud anunciando una esperanza de eternidad para todos los hombres justos. Cada noche, en la Duat, Re permitía que los difuntos bendecidos subieran a su barca para elevarse todos, al amanecer, hacia el Reino de los Cielos. Ese es el motivo de que los textos egipcios denominen a la barca de Re como la “Barca de los Millones”.

El viaje de Re por la oscuridad suponía un claro símbolo de la esperanza de resurrección que esperaba a los muertos en la Duat, en el reino de Osiris.

Veamos seguidamente el modo en que se desarrollaba ese viaje de la Barca Solar por el mundo de la noche, de acuerdo con la interpretación que del “Libro del Amduat” representado en la tumba de Tutmosis III realizaron Eric Hornung y Theodor Abt.


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MensajeTema: Viaje al Más Allá en los textos funerarios del ant. Egipto   Jue Jun 21, 2007 12:25 am

Las Horas de la Noche

El viaje nocturno de Re se iniciaba en la Hora Primera de la noche, cuando se había producido la puesta del sol en el Horizonte. En su barca, Re era acompañado por un séquito de divinidades entre las que destacaba su hija Maat, responsable del orden del cosmos y guía en el camino de la oscuridad.
En cada una de las doce horas de la noche Re habría de ser guiado también por la diosa Hathor, representada en doce diferentes acepciones, una para cada hora respectiva. Además, doce serpientes uraeus, símbolos de la Luz divina, se encargarían de iluminar la oscuridad, manteniendo así alejados a los enemigos del dios sol.

En la Hora Segunda se iniciaba el viaje de la Barca Solar por el río que atraviesa el Inframundo, del que se nos ofrece la imagen de una región fértil cuyos campos son trabajados por personas que llevan en sus manos espigas de cereal, símbolo de la buena cosecha producida. Se confirma, así, la creencia de que Osiris, en su reino, tendría asignadas diferentes parcelas de tierra a diversos personajes que se ocupan de su laboreo.

En las Horas Tercera y Cuarta de la noche, Re avanzará en su barca por las denominadas Aguas de Osiris, símbolo de las aguas fertilizantes del Nilo, y arribará al desierto de Rosetau, también llamado tierra de Sokar, divinidad que encarna a una de las acepciones de Osiris.

Llegará así Re, en la Hora Quinta, a la Caverna de Sokar, donde se sitúa la propia tumba de Osiris, que está flanqueada por Isis y Neftis que han adoptado la forma de pájaro.
Es aquí donde se produce la unión de Osiris-Sokar con Re y con el propio difunto bendecido. En esta Hora Quinta se sitúa también el Lago de Fuego, lugar de castigo para los difuntos no justificados, que no superaron el Juicio de Osiris.

Serían unas aguas de Luz que resultan gratas de beber para los muertos bendecidos pero que suponen un inmenso castigo para los pecadores.
En la Hora Sexta, en la media noche, es cuando se produce la unión del cuerpo y el alma de Re. Es ahora cuando llega la Luz y la vida para los muertos bendecidos. Es en esta hora en la que se sitúa el momento clave del renacer de los muertos a la vida eterna, a la vida de millones de años.

El viaje de Re por la noche está plagado de peligros. Las fuerzas del caos están acechantes y pretenden conseguir que la renovación de la creación sea interrumpida. Los enemigos de Re buscan que el sol no surja en el nuevo amanecer y que el orden del cosmos sea quebrantado.


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MensajeTema: Viaje al Más Allá en los textos funerarios del ant. Egipto   Jue Jun 21, 2007 12:29 am

Precisamente el momento de máximo peligro llegará en la Hora Séptima, cuando Re deberá enfrentarse con la serpiente Apofis, paradigma del caos y del desorden. La victoria de Re cada noche permitirá que el orden natural de las cosas no se derrumbe.

Será en la Hora Octava, tras la victoria de Re cuando quede asegurado ese retorno del orden cósmico, en tanto que en la Hora Novena las diversas divinidades ayudarán a remolcar la Barca Solar, que seguirá avanzando por el Inframundo y en la Hora Décima habrá de producirse el episodio, cada noche repetido, de la cura y reparación del Ojo de Re por los dioses Thot y Sejmet.

Cuando llega la Hora Undécima estamos ya muy cerca del nuevo amanecer. Es en este momento cuando se nos habla de los castigos que sufren los muertos no bendecidos. Cuatro diosas, que montan sobre serpientes, emiten un aliento de fuego que protege a Re y aniquila, una y otra vez, noche tras noche, a sus enemigos.

Se representan pozos ardientes en donde los declarados impuros sufren el castigo de su eterna destrucción.


En la Hora Undécima vemos los castigos que sufren los muertos no bendecidos. Las divinidades protectoras de Re emiten un aliento de fuego que aniquila a los impuros, situados en pozos ardientes.


Finalmente, la Barca Solar llega a la Hora Duodécima. Se produce el nuevo amanecer del sol. Es el momento del renacimiento y de la regeneración plena de Re y de los muertos bendecidos. Re se muestra ahora en todo su esplendor, coronado por el disco solar y protegido por la serpiente uraeus.


Tumba de Tutmosis III - Hora Duodécima. El Sol está a punto de aparecer en el Horizonte. El escarabajo, símbolo de la renovación, preside la Barca Solar


La Barca de los Millones, en la que navegan los muertos declarados justos en el juicio de Osiris, avanza hacia la Luz, hacia el Reino Celestial, en medio de una alegría generalizada. El proceso de regeneración se ha completado. La creación se ha renovado una vez más.

Re ha salido victorioso de las amenazas del Inframundo, en donde noche tras noche se produce continuamente la renovación de la vida. A partir de ahora cada difunto brillará en el cielo como Re.
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MensajeTema: Viaje al Más Allá en los textos funerarios del ant. Egipto   Dom Jun 24, 2007 11:19 pm

Otros textos funerarios

Es también interesante, el denominado “Libro de las Puertas”, que fue encontrado en el sarcófago del faraón Horemheb; sus textos nos informan del modo en que se pueden franquear las diferentes puertas que deben permitir a los espíritus puros llegar a la región de la Luz.

Cada una de esas puertas está vigilada por un guardián fuertemente armado y es preciso conocer los conjuros del libro para que esos guardianes faciliten el paso a los difuntos.

Podemos, también, mencionar el “Libro de las Cavernas”, de tiempos de los reyes ramésidas, que nos habla de cómo puede el difunto afrontar los peligros inmensos que habrán de acecharle en las diferentes cavernas que existen en los accesos al Reino de Occidente.

En general, en todos estos textos funerarios, fuertemente impregnados de un componente mágico y ritual, se nos habla del viaje de Re por el mundo de los tinieblas, que el difunto también deberá recorrer antes de llegar a la Luz.
Un río subterráneo atraviesa esas regiones de la oscuridad y se hace necesario que el espíritu del fallecido conozca las diferentes fórmulas y sortilegios que le permitirán vencer los peligros innumerables que allí se le han de presentar.

Los textos funerarios egipcios nos hablan, en suma, de unos conocimientos de tipo iniciático que han de facilitar que el espíritu pueda traspasar peligrosas cavernas o puertas poderosamente vigiladas, afrontar peligros, enfrentarse a guardianes, etc. Pensamos que estos conocimientos eran los que se brindaban a las personas que se iniciaban en los misterios de Osiris. A través de ellos los individuos tomarían conciencia de los peligros que habrían de amenazarles, tras la muerte, en el mundo subterráneo.
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MensajeTema: Viaje al Más Allá en los textos funerarios del ant. Egipto   Dom Jun 24, 2007 11:22 pm

Todos estos textos, en suma, serían conocidos por los iniciados en los misterios que finalmente llegarían a ser conscientes de que Dios impregna nuestra personalidad y que para alcanzar plenamente esa divinidad resulta imprescindible morir y renacer, del mismo modo que Osiris había muerto, asesinado por su hermano, y había sido luego resucitado y glorificado gracias a la magia de Isis.

La pasión, muerte y resurrección de Osiris brindaba esperanza a los iniciados sobre lo que habría de acontecer tras la muerte.


Tumba de Seti I
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MensajeTema: Viaje al Más Allá en los textos funerarios del ant. Egipto   Dom Jun 24, 2007 11:28 pm

Máximas de Ptah-hotep

En las creencias osirianas, para alcanzar el mundo de la Luz, vimos que resultaba imprescindible que el difunto, durante su vida en la tierra, hubiese sido un hombre justo, lo que sería acreditado, según comentamos, en el Juicio de Osiris, acto en el que el corazón del fallecido era pesado colocándose en el otro platillo de la balanza una leve pluma de avestruz, símbolo de la diosa Maat, que encarnaba la idea de lo Justo.

A lo largo de los siglos, sobre todo en los denominados “Textos Sapienciales”, encontramos abundantes referencias a la necesidad de que el hombre, para que pueda ser declarado “Justificado” o “Justo de Voz” en el Juicio de Osiris, adapte su existencia terrena a lo que los egipcios conocían como vía o camino del corazón.


Detalle de la mastaba de Ptah-hotep

Así, en las “Máximas de Ptahhotep” que fue visir, es decir responsable de que Maat reinase en Egipto, en tiempos del faraón Djedkare-Isesi (V dinastía) se nos dice (máxima 11) que el corazón es el que muestra al hombre el camino de la vida eterna:

“Sigue tu corazón –nos dice Ptahhotep- durante el tiempo de tu existencia, no cometas excesos en relación con lo prescrito y no abrevies el tiempo de seguir al corazón. Desperdiciar el momento en que el corazón desea actuar sería la abominación del ka”

Según este sabio egipcio, el hombre debe actuar en su vida de acuerdo con lo que su corazón (en suma, su conciencia) le va indicando en cada momento. A través del corazón el hombre puede llegar a entrar en contacto con lo sagrado por lo que no debe escamotear el tiempo que su propia conciencia le indique que debe destinar al cuidado del espíritu. En otro caso, es decir, si el hombre actúa de acuerdo con su vientre, siguiendo una vida puramente material, es posible que no llegue a franquear el juicio que le espera tras la muerte y su espíritu será finalmente aniquilado.

Si el hombre, a través del camino del corazón, consigue entrar en contacto con lo trascendente, si desperdicia ese momento se producirá lo que Ptahhotep califica como abominación del ka, es decir, una inmensa pérdida de energía espiritual (el ka vendría a ser una especie de doble inmaterial del hombre, que se distinguiría sobre todo por su intenso componente energético; ese es el motivo de que en los cultos funerarios se hagan ofrendas de alimentos al ka del difunto, que precisa de la energía de los mismos).

En su máxima número 14 Ptahhotep nos insiste en que el camino del corazón vuelve dichoso al hombre, en tanto que el camino del vientre le condena a la desgracia. El hombre en el que prevalecen sus apetencias materiales habrá de contemplar como: “su corazón será desnudado y su cuerpo no será ungido”, es decir, no participará en los rituales de la resurrección. El hombre, en suma, no debe olvidar que: “tener un gran corazón es un don de Dios” y que a través del corazón es como el hombre puede acercarse al Supremo.
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MensajeTema: Viaje al Más Allá en los textos funerarios del ant. Egipto   Dom Jun 24, 2007 11:31 pm

Los textos de Petosiris

Muchos siglos después, a fines del siglo IV a.C., en los tiempos de la segunda dominación persa de Egipto, Petosiris, sumo sacerdote de Thot en Hermópolis Magna habría de ser considerado como una persona cuya vida de santidad y dedicación al Supremo constituía un modelo de actuación para los hombres durante su paso por la tierra.


Tumba de Petosiris

Los textos de la tumba de Petosiris, conservados desde entonces, están impregnados de misticismo, nos ofrecen una elevada noción de Dios y nos indican que para poder acceder a él resulta necesario –tal y como Ptahhotep había afirmado miles de años antes- seguir el camino del corazón.

“He llegado aquí –nos dice Petosiris- a la ciudad de la eternidad, porque realicé el bien sobre la tierra, porque llené mi corazón con el camino del Dios, desde mi juventud hasta este día. Me tiendo con su poder en mi corazón, me alzo haciendo lo que su ka desea...”

Y más adelante: “El buen camino es servir a Dios. Bendito aquél cuyo corazón le conduce a ello.... Ningún hombre lo alcanzará (el Reino de Occidente) a menos que su corazón sea recto practicando la justicia”
Situado cronológicamente entre Ptahhotep y Petosiris, otro gran hombre, Amenemope, habría de transmitirnos otro texto que conocemos como “Sabiduría”, que constituye una cima de la literatura sapiencial egipcia.


Sarcófago de Petosiris

Esta datado en los tiempos de los ramésidas y constituye un conjunto de sentencias a través de las cuales Amenemope desea que el ignorante llegue a ser sabio. Entre ellas (capítulo 24) nos dice, nuevamente, que: “el corazón de un hombre es un don de la divinidad; guárdate de tratarlo sin delicadeza”.
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MensajeTema: Viaje al Más Allá en los textos funerarios del ant. Egipto   Dom Jun 24, 2007 11:33 pm

Los cantos de arpista

Las creencias egipcias sobre la vida en el más allá no fueron, sin embargo, tan monolíticas como a primera vista puede parecer. En efecto, en la capilla del faraón Intef, que reinó a fines del Primer Periodo

Intermedio, delante de una representación de un cantor que está tocando el arpa se reprodujo un himno que nos habla de la muerte y del Más Allá en un tono muy singular y que por ello nos produce una inmensa sensación de sorpresa por el gran pesimismo que, en contra de las creencias que en general existían en Egipto, se desprende del texto.

Más sorprendente todavía es que Intef accediera a que ese canto quedara reflejado en la capilla de su tumba.

"... Una generación pasa;
otra permanece, desde el tiempo de los antepasados.
Los dioses que existieron antes
y que reposan en sus pirámides,
los nobles glorificados que igualmente
fueron enterrados en sus pirámides,
los que construyeron los templos,
sus lugares (ya) no existen
¿qué se ha hecho de ellos?
Yo he escuchado las palabras de Imhotep y Hordjedef,
cuyas máximas son plenamente repetidas
¿qué ha sido de sus lugares?,
sus muros se han arruinado,
sus lugares (ya) no están
igual que los que nunca existieron.
Nadie ha vuelto de allí para hablarnos de su situación,
para contarnos lo que han perdido
(de forma que) nuestro corazón halle consuelo
hasta que marchemos al lugar al que ellos han ido ....”

Llama la atención el intenso escepticismo ante la muerte que impregna esta canción de arpista. El autor no oculta su falta de fe y la actitud negativa de su alma ante la desesperanza. El tono es similar al del texto conocido como “Diálogo de un desesperado”, en el que un hombre abatido conversa con su alma, fechado también en el Primer Periodo Intermedio, momento de crisis en el que los egipcios sintieron como el orden y la justicia eran derribados.

En todo caso, el hedonismo que se desprende del “Canto del arpista” causaría menos sorpresa en momentos más tardíos, cuando las firmes creencias religiosas egipcias se habían ido relajando.

El autor nos insiste en que debemos aprovechar el día a día para vivir y sentimos la amenaza de su amargura cuando nos advierte que tras la muerte no existe ninguna seguridad de que podamos desarrollar otro tipo de existencia.

“... (Así pues) pasa una feliz jornada,
no languidezcas en ella.
Mira, nadie puede llevar sus cosas consigo.
Mira, no hay nadie que haya partido
(y después) haya regresado”

Los cantos de arpista se debían interpretar en los banquetes funerarios que se celebraban en las necrópolis con motivo, sobre todo, de la presentación de ofrendas al ka del difunto. Mucho tiempo después, cuando el viajero griego Heródoto visitó Egipto, pudo contemplar la práctica de una costumbre que encierra una evidente similitud con el tono de los cantos de arpista. En “Historia” (II, 78) nos narra que:

“En los festines que celebran los egipcios ricos, cuando terminan de comer, un hombre hace circular por la estancia, en un féretro, un cadáver de madera, pintado y tallado en una imitación perfecta y que, en total, mide aproximadamente uno o dos codos, y, al tiempo que lo muestra a cada uno de los comensales, dice: “Míralo y luego bebe y diviértete, pues cuando mueras serás como él”. Eso es lo que hacen durante los banquetes”.

Más adelante nos dice Heródoto que los egipcios se distinguen por venir observando a lo largo de los siglos las mismas normas religiosas y funerarias establecidas por sus antepasados, sin introducir apenas modificaciones.

Parece que Heródoto no acierta en esta apreciación. En los tiempos del Reino Antiguo, en el esplendor del culto solar, ningún faraón hubiera consentido que en las paredes de su tumba se esculpiesen cantos tan claramente escépticos sobre la vida en el Más Allá como los que el arpista de Intef habría de atreverse a cantar.
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MensajeTema: Re: Viaje al Más Allá en los textos funerarios del ant. Egipto   Hoy a las 3:16 pm

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