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 Literatura y turismo cultural

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Maat



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MensajeTema: Literatura y turismo cultural   Dom Mar 30, 2008 3:49 am

REALMENTE no sabemos cuando comenzó el turismo, entendido como afición a viajar por placer. Las personas han recorrido el mundo por pura curiosidad desde la más remota antigüedad. De hecho, se ha calificado a Herodoto como el primer gran reportero y el primer turista famoso. El célebre periodista y escritor polaco Ryszard Kapuszcinky, en su libro Viajes con Herodoto va mucho más allá y, haciendo uso de un término rabiosamente actual, llega a considerarle «el primer globalista».

En todo caso, literatura y grandes viajeros siempre fueron de la mano. En la antigua Grecia todos querían ser Aquiles, inspirados por la fuerza del personaje de la obra homérica: un semidiós, a la vez muy humano; casi invencible, pero emocionalmente vulnerable; decisivo, heroico, rebelde, al mismo tiempo que irracional, inestable y preso por su deseo de gloria. El mismo Alejandro Magno cargaba con las historias de la Iliada en su cabeza y viajó a Troya para ir personalmente a rendir tributo al lugar donde se decía estaba la tumba de Aquiles. Plutarco narra esta visita. Como el propio Heródoto nos cuenta la que hiciera en su tiempo el rey persa Jerjes, cuando ordenó el sacrificio a Atenea de mil vacas y los magos ofrecieron libaciones a los héroes.

Pero también Ulises resultaba enormemente sugestivo para los antiguos. Porque en su camino de vuelta a casa, después de la guerra de Troya, se ve envuelto por los dioses en un largo viaje lleno de peligros y aventuras. Después de aquello, muchos viajeros han ido en pos de su propia curiosidad para tratar de hallar aquella mítica Ítaca, la gruta del cíclope Polifemo, el sitio donde habitaba la maga Circe o las sirenas.

Tampoco fue olvidada la aventura de Alejandro Magno y el encanto de su personalidad perduró a través de los siglos. Fue la Edad Media la que popularizó su historia, haciendo que llegara su conocimiento no sólo a grupos escogidos de gentes doctas, como había sucedido en el pasado, sino también a personas de cultura media y hasta a analfabetos. Se sabe que quien desencadenó este interés y fervor por la historia de Alejandro fue el arcipreste Leo de Nápoles, que en el siglo X viajó a Constantinopla y conoció un manuscrito griego que contenía la historia del Pseudo Calístenes, de la cual hizo una copia que llevó consigo de vuelta a Nápoles. La curiosidad se desató en Europa y muchos quisieron ir a conocer aquellos lejanos lugares de los viejos helenos.

Así se empezó a hablar con insistencia de las «maravillas de la antigüedad». Según un manuscrito de la época, la más impresionante de ellas era la famosa estatua gigante conocida como el Coloso de Rodas, dedicada a Helios, dios del sol. Algunos viajeros medievales llegaron hasta Egipto y, al admirarse ante la visión de las pirámides, trataron de interpretarlas a la luz de la Biblia, de manera que consideraron que habían sido los silos construidos por José para salvar a Egipto durante los siete años de hambre, leyenda que se reproduce en una de las cúpulas de la catedral de San Marcos en Venecia.

Desde Marco Polo, proliferaron en la literatura relatos sobre los viajes al Oriente. Las grandes rutas comerciales de la seda y las especias funcionaron desde sus inicios como vías de intercambio culturales entre Europa y lo que para los occidentales era un mundo exótico y lejano.

A lo largo del siglo XVIII navegantes, exploradores y naturalistas recorrieron el globo. Descubrieron sus tierras, elaboraron mapas y compusieron preciosos relatos describiendo costas, paisajes, razas humanas y desconocidas especies animales y vegetales. Se convirtieron en testigos de un mundo amplísimo hasta entonces desconocido. Y a la vez trataron de descifrarlo. James Cook, Daniel Defoe, Bernardin de Saint-Pierre, Emilio Salgari ; son tantos los escritores que nos han hecho soñar con tierras lejanas Viajes, viajeros, personajes, paisajes exóticos ; los libros han hecho famosos muchos lugares de los que de otro modo no tendríamos noticias. Es habitual encontrarse a incontables viajeros que quieren visitar localizaciones de una novela que han leído, ruinas o monumentos que han pasado a la posteridad gracias la literatura. A esto se le viene llamando actualmente de manera amplia «turismo cultural».

Pero los turistas de hoy ya no son solitarios aventureros, sino que se mueven por oleadas, en busca del gran imaginario colectivo proporcionado por los libros. En Edimburgo uno de los monumentos más visitados es el construido en honor a Sir Walter Scott. También está allí el museo de los escritores; una casa del siglo XVII donde se muestran manuscritos de Robert Burns, Robert Louis Stevenson, Arthur Conan Doyle y el propio Scott entre otros. Y en Normandía, en el barrio Henriville, muy cerca del centro de la ciudad de Amiens y de su estación de tren, puede visitarse la casa museo de Julio Verne. Entre las piezas conservadas en ella destacan manuscritos, cartas, dibujos, grabados, libros, fotografías, muebles y piezas de la vajilla del autor, que reciben más de 30.000 visitas anuales. Y no hay pueblo en La Mancha que, recordando a Cervantes, no tenga una señalización que te indique a la entrada: «En un lugar de La Mancha ». De la misma manera que se prodigan por miles las ventas, mesones y tabernas que se llaman 'Don Quijote'.

Hoy el mundo asiste a una explosión de la memoria: archivos, museos, monumentos y otros bienes patrimoniales, tanto materiales como inmateriales, que son expresiones inequívocas de los esfuerzos orientados al rescate, la reinterpretación y la conservación del pasado, con el propósito de hacerlo comprensible en su relación con el presente. En las últimas décadas, sobre todo, el turismo se ha transformado en una actividad masiva que no ha dejado de aumentar.

Jorge Luis Borges dijo: «No soy lo que soy por lo que he escrito sino por lo que he leído». Y algunos han ampliado el axioma, llegando a decir que «somos lo que leemos». Digamos mejor que somos lo que conocemos, ya sea a través de los libros o de la experiencia directa. Viajar es leer el mundo.

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MensajeTema: Re: Literatura y turismo cultural   Dom Mar 30, 2008 4:19 am

l flower leer libros es una forma de conocer y te impulsa a querer "saber más", a visitar el sitio descrito; así es muy cierto que viajar es leer el mundo.
lo que tendría que promocionarse también es la forma de hacerlo, porque hay una, espero minoría, que es turista depredador, lamentablemente he tenido ocasión de verlos en acción, queriendo llevarse una "piedrecita de recuerdo", total está todo en ruinas......., grabando su nombre etc., no sé como pero algo habría que hacer para que estas personas entendieran el daño que hacen, normalmente te miran como con asco cuando les llamas la atencióny algunos te contestan con palabras que no puedo reproducir..., educando, pero qué estoy diciendo. upss. saludos
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