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Historia del Egipto Faraónico
 
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 Séneca, el filósofo conspirador

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Maat



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MensajeTema: Séneca, el filósofo conspirador   Lun Abr 28, 2008 5:02 am

Obligado por Nerón se suicida...

Era un joven de veintitantos años dotado de una extraordinaria elocuencia, lo que le atrajo la admiración general con sus primeras intervenciones en el foro público de Roma.

Estos éxitos tempranos le pusieron en grave peligro al provocar la envidia del emperador Calígula, quien se estimaba el más grande orador del Imperio y así, luego que Séneca hablara en el Senado con su habitual maestría, ordenó que fuese ejecutado.

Drusila, su hermana y amante, la favorita de Calígula, intervino a su favor pidiéndole la vida de Séneca: "No vivirá mucho tiempo; la tisis habrá de matarlo pronto", y la condena se anuló.

Temeroso de que el emperador cambiara de opinión y para ponerse a salvo, Séneca se fue a Egipto, donde hizo recorridos para ilustrarse y cuando había asimilado lo posible de la cultura y la civilización egipcia viajó a la India, donde estuvo una larga temporada estudiando y admirando lo posible de aquel país exótico.

Regresó a Roma tras de haberse enterado de la muerte de Calígula y el ascenso del nuevo emperador Claudio I, y ya interesado en la filosofía estoica fundó una escuela a la que ingresó Julia Liviella, joven de incomparable belleza a la que odiaba Mesalina, la esposa de Claudio.

Bajo el pretexto de que la muchacha era la amante del filósofo, cosa que era verdad, no obstante estar casada, Mesalina la acusó de adulterio y fue desterrada de Roma. Mesalina era célebre por su crueldad y su vida licenciosa, y deseaba a la alumna del filósofo y, al no aceptar la chica sus invitaciones, urdió la acusación.

Mesalina era ninfomaníaca y llegó a prostituirse en el barrio Subura bajo el nombre de Lycisca.

Deshonró el lecho conyugal y se casó con su amante Silo en vida de Claudio. El emperador la acusó de bigamia y la condenó al suicidio. No pudiendo Mesalina llevarlo a cabo, fue decapitada y con ella su amante y esposo.

Séneca cayó en desgracia tanto por las intrigas de Mesalina como porque Claudio temía las enseñanzas del filósofo, y entonces el Senado dictó contra él sentencia de muerte, pero el emperador le conmutó la pena por la de destierro en la isla de Córcega y Séneca hubo de exiliarse a la isla en la que permaneció ocho años.

Transcurridos esos años de exilio, Agripina, sobrina de Claudio y su esposa en esos momentos, consiguió el indulto de Séneca, y éste volvió a Roma.

AGRIPINA

Era hija de Germánico y Agripina, y bisnieta de Augusto. Se casó con Domicio Enobarbo, de quien tuvo a Nerón; contrajo segundas nupcias con Crispo Papieno, a quien envenenó; fue acusada de incesto con su hermano Calígula; tuvo amores adúlteros con su cuñado Emilio Lépido, por lo que Calígula la desterró y, al regresar de su exilio llamada por el emperador Claudio, se casó con éste, a quien hizo que nombrará sucesor a Nerón, hijo de su primer matrimonio, y para evitar que se arrepintiera después, lo envenenó.

Cuando ocupó el trono Nerón, se dispuso a reinar despóticamente a la sombra de su hijo, un joven de 17 años; pero fue arrojada de palacio por su hijo y como amenazase de con proteger los derechos de Británico, hijo de Claudio y Mesalina, Nerón intentó envenenarla tres veces; y por último la acusó de traición y mandó que la matasen.

CORDOBES DE NACIMIENTO

Lucio Anneo Séneca nació en Córdoba, Hispania, hacia el año 4 antes de Cristo. Fue el segundo hijo de Marco Anneo Séneca, destacado retórico, y de su aristocrática mujer Helvia.

Sus progenitores se trasladaron a Roma cuando Lucio tenía siete años de edad, ya que su padre deseaba hacer carrera en la capital del imperio.

En Roma, Lucio recibió las lecciones del estoico Atalo y de los pitagóricos Sotón, Sextio y Papirio Fabiniano.

Atraído por la cultura egipcia hizo su primer viaje a Egipto y tras una temporada de estudio retornó a Roma para ejercer la abogacía.

Casó dos veces, la segunda con Pompeya Paulina.

MAESTRO DE NERON

Agripina le encomendó la educación de su hijo Domicio, que entonces contaba con 11 años de edad y que más tarde había de suceder a Claudio adoptando el nombre de Nerón.

El filósofo instruyó al príncipe y cuando éste subió al trono imperial, Séneca, en unión de Afranio Burro, fueron los principales consejeros del emperador.

Séneca empleó su elevada posición para hacerse de una inmensa fortuna.

LA CONJURA

Laterano, cónsul designado, y el poeta Lucano urdieron la conjura contra Nerón. El primero por "amor a la patria y sin odio personal hacia Nerón", y Lucano "para vengarse del emperador, celoso de su gloria y envidioso de sus éxitos".

Ya había escrito Lucano, después de haber adulado a Julio César, elogios incesantes a los asesinos de César, elogios que Nerón escuchó. El emperador perdió la paciencia, abandonó el lugar y más tarde prohibió a Lucano que recitase sus versos en público.

Entonces Lucano, en venganza, escribió sátiras contra Nerón, profería injurias atroces en su contra, exaltaba el valor de los tiranicidas y prometía "la cabeza del tirano".

Pronto, los senadores Flavio Escevino y Afranio Quintiano, ardidos porque Nerón había escrito una sátira en contra de ellos: "Su rencor contra el príncipe era tanto mayor cuanto que los versos expresaban la exacta verdad", se unieron a los conspiradores.

Tras ellos se acompasaron a la conjura Seneción, Próculo, Natalis y algunos otros caballeros romanos.

Séneca se unió la víspera de la conjura con el propósito de "sacar provecho de la muerte de Nerón".

LA CORTESANA EPICARES DENUNCIA LA CONSPIRACION

Epícares era una joven cortesana de vida desordenada que decidió, "asqueada de llevar esa existencia degradante", unirse a la conjura. Ella había sido amante de Laterano y cuando éste, en uno de esos momentos de éxtasis sensual en los cuales el varón es capaz de entregar su reino a la varona, le pidió unirse al grupo para liquidar físicamente a Nerón, ella aceptó.

Sin embargo, los conspiradores se pasaron varios meses discutiendo qué ocasión se escogería para el asesinato y entonces, la joven cortesana "no pudiendo soportar el espectáculo", se marchó al balneario de Baia, para entrevistarse con los oficiales que servían en la flota de Misena con intención de atraerlos al proyecto de "acabar con el tirano".

Volusio Próculo, que tenía un mando en la flota, visitó varias veces a Epícares para hacer con ella lo que la chica sabía hacer muy bien y, en uno de esos encuentros, la gozadora chamaca le reveló la conspiración, aunque sin decirle los nombres de los involucrados.

PROCULO REVELA A NERON LA CONJURA

Próculo era cómplice de Nerón en el asesinato de Agripina y sólo aguardaba la ocasión de servirle para mantener su favor y así, fue ante Nerón y le contó lo que le había confiado Epícares.

Nerón hizo comparecer a la cortesana que fue careada con Próculo y, para su fortuna, dado que la confidencia había sido en el lecho y sin testigos, negó todo con éxito.

Nerón le creyó a Próculo y a Epícares la metió en la cárcel.

Lo que más alarmó a Nerón de la conspiración fue enterarse que "el odio y el desprecio hacia su persona habían llegado hasta los pretorianos, tan leales a él y a la familia de los Césares".

PISON, JEFE DE LA CONJURA

Cneo Calpurnio Pisón, quien había sido desterrado por Calígula, volvió a Roma al advenimiento de Nerón y se hizo popular por su liberalidad, lujo y afición a los placeres, y en esas urdió la conspiración contra el emperador.

Los conjurados le ofrecieron elevarlo al trono por ser de una ilustre familia relacionada por lazos de parentesco con las más grandes casas de Roma y tal ofrecimiento lo animó encabezar el magnicidio.

Existe la versión de que algunos conjurados que no simpatizaban con Pisón, le habrían ofrecido el trono a Séneca.

EL FIN DE LA CONSPIRACION

Enterados los conspiradores de la delación de Próculo y el encarcelamiento de Epícares, tras largas vacilaciones decidieron actuar comprometiéndose llevar a cabo el atentado durante los juegos del circo en las fiestas de Ceres, la diosa de la Tierra, el 12 de abril.

Sin embargo, Escevino, "el más ardoroso de los conspiradores", había regresado a su casa después de haber sostenido una larga conversación con Natalis, quien, por ser agente secreto de Tigelino, que lo colocó al lado de Escevino, finalmente fue el traidor de la causa. Escevino decidió escribir su testamento y se preparó para suicidarse en caso de que el atentado fracasara.

Para tales preparativos llamó a Milico, su esclavo de confianza, quien adivinó el secreto de su amo y esta sospecha se la comunicó a su mujer, y sin dudarlo ni un instante se fue a los jardines de Servilio, donde habitaba entonces Nerón.

Milico se presentó a la guardia y exigió hablar con el emperador, pero los guardias lo rechazaron y entonces el esclavo se puso a gritar clamando que tenía que revelar al príncipe secretos de mucha importancia.

Finalmente fue llevado ante Nerón y el esclavo le dijo lo que sabía. El emperador mandó por Escevino, mientras la mujer de Milico confirmaba lo que su marido le había dicho en confidencia y mencionaba la conversación entre Escevino y Natalis.

Natalis fue llevado a comparecer y tanto a él como a Ecevino se les amenazó de ser torturados, y antes que enfrentar el tormento ambos delataron a todos los conspiradores: primero a Pisón y luego a Séneca.

De inmediato la cadena de delaciones condujo al desmantelamiento de la conjura.

"¿SE DISPONE A MORIR?", PREGUNTO NERON

Séneca, que ignoraba lo que ocurría, estaba en Roma cenando con su mujer Paulina y algunos amigos cuando Granio Silvano, tribuno de la cohorte pretoriana, se presentó al lugar preguntándole al filósofo si acaso había estado con Natalis, de parte de Pisón y qué habían conversado. A todo respondió Séneca "con una calma perfecta".

Luego, Silvano fue ante Nerón y le comentó la respuesta de Séneca, a lo que Nerón preguntó: "¿Se dispone a morir? Vuelve ahora mismo y dile que muera".

Silvano no se apresuró a cumplir la orden de Nerón, sino que la informó a Fenio, prefecto del Pretorio, que también era otro conspirador, y le preguntó si debería cumplir la orden del emperador.

Fenió respondió: "Es preciso obedecer".

Silvano no se atrevió a presentarse ante Séneca para comunicarle la orden y encargó a un centurión que le hiciese saber la voluntad del emperador.

LA MUERTE

Séneca recibió con valor la orden de darse muerte. Pidió que le trajeran su testamento "para añadir algunas disposiciones a favor de mis amigos", pero el centurión no le dio tiempo.

A sus amigos que estaban con él, Séneca les dijo: "Puesto que no me es permitido reconocer vuestros servicios y recompensar vuestra lealtad, os dejo el único bien que me queda: el ejemplo de mi vida".

Su esposa Paulina le dijo que quería morir con él y Séneca consintió que lo hiciera. Les abrieron las venas a ambos, pero como Séneca estaba debilitado por la edad, su sangre manaba muy lentamente y pidió que le cortasen también las venas de las piernas y de las corvas.

Atormentado por terribles dolores y "temiendo que el espectáculo de mis sufrimientos pudiese debilitar el valor de Paulina", la convenció de que se hiciese llevar a otra habitación.

Cansado de tan larga agonía, pidió a su médico que le diera un veneno y bebió la cicuta sin que esto apresurara sus últimos momentos.

Hizo entonces que le metieran en un baño caliente, invocó a Júpiter y ya en el baño turco murió asfixiado por el vapor.

Mientras Séneca se debatía en su agonía, se restañó la sangre de Paulina y fueron cerradas sus heridas.

Nerón se apiadó de ella atendiendo a su inocencia y juventud, y dio orden de que fuera salvada: "Soy incapaz de odiar a quienes no son enemigos míos".

Aquella misma noche Séneca fue enterrado sin la menor pompa, tal como lo había dejado dispuesto en su testamento.
http://www.oem.com.mx/tribunadesanluis/notas/n678224.htm
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