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 Yo pesco cadáveres en el río

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Hathor3



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MensajeTema: Yo pesco cadáveres en el río   Dom Abr 17, 2016 12:30 am

Yo pesco cadáveres en el río

17/04/2016 04:32

Tang Jia Tuo es una de las muchas aldeas aisladas a las afueras de Chongqing que fueron devoradas por la expansión imparable de la enorme metrópoli. Ahora no es sino un pequeño arrabal ubicado como antaño en lo alto del cauce del río Yangtze.

Chen Song solía bajar la empinada cuesta para asistir a su padre, como este debía haber hecho con su abuelo. Su profesión se heredó de generación en generación.

El pescador de 42 años se acerca a la orilla en un pequeño bote de madera impulsado por un motor fuera borda. Era la antigua embarcación que usaba para su trabajo, pero los beneficios del negocio le han permitido adquirir recientemente una lancha rápida. Esta barca era muy lenta e inestable, asevera.

Enganchando los cigarrillos, que consume uno tras otro -casi sin respiro-, Chen recibe a los visitantes en su residencia. Él no habita en la aldea sino en una barcaza amarrada a un costado del cauce fluvial. El río es un continuo trasiego de gabarras y lanchones.

A menos de un kilómetro se divisa el nuevo y espectacular puente que están construyendo las autoridades de Chongqing. Las enormes grúas y plataformas colgantes constituyen un despliegue abrumador de tecnología y progreso que contrasta tanto con la simplicidad en la que vive el pescador como con su truculenta profesión. Porque Chen admite que su especialidad nunca fueron los peces, sino los cadáveres.

Esta solía ser una buena ubicación porque los cadáveres se quedaban atascados en este recodo (el río hace un giro frente a Tang Jia Tuo). Pero ahora el nivel del agua ha bajado mucho. No es una buena época para este negocio, aduce.

El habitáculo de Chen está repleto de botellas y jarras con un líquido que se antoja aceite pero que no lo es. Es licor; el alcohol me sirve para combatir la humedad y la dureza de este trabajo, admite.

Chen aspira una amplia bocanada de humo cuando se refiere a su desempeño. Lleva 20 años enfrascado en una rutina que en Occidente podría parecer propicia para cualquier desequilibrio mental. Cada día se levanta a las seis de la mañana y comienza a avistar las aguas del entorno. Después patrulla con su lancha y la caña -en realidad es una palo equipado con un garfio- a la búsqueda de despojos humanos. Es un trabajo muy sucio. El olor es terrible. Exige mucho coraje y ser audaz, añade.

El rescate de cuerpos, transformado en lucrativa profesión, es uno de los hábitos más polémicos de China. Antaño no lo era. Como explicó el director Zhou Yu, autor del filme La Otra Orilla -dedicado a estos singulares marinos de río-, en la época imperial los propietarios de las pequeñas barcas que surcaban cauces como el Yangtze o el Río Amarillo, recogían los cuerpos como un simple acto de solidaridad social que les reportaba el respeto de los aldeanos. Pero eso ya se acabó y los jóvenes ahora lo han convertido en un negocio, puntualizó.

La práctica se ha visto alentada por los repetidos accidentes que se producen en estos ríos -la natación no es un deporte excesivamente popular en la regiones chinas del interior-; los incontables suicidios que genera una sociedad que ha pasado del marxismo más estricto al capitalismo más desbocado y competitivo; y el hecho de que las autoridades se inhiben en la mayoría de estos casos.

Durante la década de los 90 y el primer decenio del presente siglo, China figuraba entre los países con mayores índices de suicidios. En 2011, el Diario Juvenil de Pekín citaba estadísticas oficiales que apuntaban que un chino intentaba quitarse la vida cada dos minutos y que 287.000 lo conseguían cada año.

Sin embargo, un estudio del Centro de Investigación y Prevención del Suicidio de Hong Kong registró una espectacular reducción de estos guarismos en 2014, cuando su investigación arrojó una disminución del 58% de dichos sucesos.

Chen rebusca entre los cajones de su barcaza y encuentra el manojo de pasquines que le suelen traer los familiares que buscan a sus allegados. Mire este, es el último que me han traído. Desde finales de febrero han desaparecido cuatro, dice mostrando el folleto que inquiere por la suerte de Hu Shilin. Su rastro se perdió el 21 de noviembre de 2014 tras lanzarse al agua en el barrio de Chaotianmen, en la urbe de Chongqing. Llevaba una camisa azul y tenía barba. Si alguien tiene información sobre su paradero, por favor, contactar con nosotros, se lee en el papel.

Aunque el rescate de cadáveres debería ser una labor asumida por las autoridades, estas parecen haber externalizado esta macabra tarea a personajes como Chen, que en teoría desempeña su tarea bajo la tutela de la Policía local, que le paga entre 200 y 500 yuanes (de 30 a 70 euros) por hallazgo.
Sin embargo, Chen reconoce que en la mayoría de las ocasiones él negocia directamente con los familiares de los deudos. El pescador asevera que su precio depende mucho de la capacidad adquisitiva de los allegados y que puede oscilar entre los 600 yuanes (cerca de 90 euros) y un máximo de 2.000 o 3.000 (entre 275 y 420 euros).

No se trata sólo de recuperar el cuerpo. También me encargo de lavarlo y enterrarlo. A veces solemos incinerarlos, menciona.

El estremecedor cometido de Chen y sus compañeros de labores se ha visto rodeado por la polémica en muchas ocasiones y se convirtió en un asunto viral en 2009, tras la muerte de tres estudiantes en la ciudad de Jingzhou, en la provincia de Hubei, cuando intentaban rescatar a dos pequeños. Sus compañeros y decenas de testigos aseguraron que los pescadores ubicados en los alrededores se negaron a ayudar a los chavales al aducir que sólo pescaban cadáveres.

Nos dijeron que eran 12.000 yuanes (1.651 euros) si era durante el día y 18.000 (casi 2.500 euros) por la noche. "Primero me dais el dinero y después recuperamos los cadáveres", nos indicó el jefe del barco, declaró uno de los estudiantes, Jiang Menglin, en aquel entonces.

Las instantáneas del reportero Zhang Yi en las que este mostraba a uno de los pescadores negándose a devolver los despojos de uno de los chicos que había perecido hasta no recibir la cantidad convenida, ganaron el premio más importante de fotografía del país al año siguiente, lo que reactivó la controversia.

El escándalo se repitió el pasado mes de diciembre, cuando la prensa oficial se hizo eco del caso de los padres de un joven de 25 años que se lanzó al río Jinsha, en la provincia de Sichuan, a finales de noviembre. Su cadáver permaneció flotando en las aguas durante seis días, hasta que la pareja fue capaz de reunir los 5.400 yuanes (750 euros) que les exigían los pescadores para rescatar sus restos.

Al principio me pidieron 18.000 yuanes (2.500 euros). Eran seis pescadores. Se lo pedí por favor, lloré, les ofrecí 200 yuanes a cada uno, pero lo rechazaron, declaró el progenitor del chaval al matutino.

El sexteto se justificó diciendo que esa labor atraía la mala suerte y por tanto su precio estaba justificado. Eso es puro chantaje. He escuchado muchas de esas historias. Normalmente son pescadores de pescados (sic). Nosotros (los de cadáveres) tenemos una responsabilidad. Es normal que nos paguen por este trabajo, pero no se trata de conseguir una fortuna. Esa no es la moral de China, clama Chen con el rostro adusto.

El pescador recuerda que hace cinco o seis años escuchó un griterío por la noche y descubrió un barco repleto de obreros que se hundía no lejos de su barcaza. Conseguí salvar a 13 trabajando durante varias horas, relata.

Conversar con Chen requiere un ejercicio de abstracción que evite analizar el propio contenido del diálogo, cada vez más tétrico. Se habla de muertos como si fueran mercancía y de técnicas laborales tan sobrecogedoras como su propio desempeño. Porque él reconoce que los casi 20 años que lleva en el oficio le han enseñado mucho. Le han otorgado la posibilidad de adivinar el tiempo que tardará un cuerpo en subir a la superficie según sea el tipo de su muerte -los que se ahogan nadando lo hacen antes que los suicidas, que se hunden más en el fondo, algunos durante meses- o la estación del año: En invierno se entierran en la arena porque el agua se congela; en verano el agua circula más rápida y los cadáveres también. En 2005 encontré un cuerpo a trozos. Primero apareció el torso y después las piernas, pero nunca hallamos la cabeza. Tampoco tenía piel.

Cada vez que encuentra los restos de un ser humano, su primera acción es confirmar si le falta alguna parte o tiene signos de haber sido golpeado o heridas. Si es así tiene que llamar de inmediato a la Policía por si se tratase de un crimen. De lo contrario, los puede colocar en un terreno a la espera de que aparezcan los familiares. Los que encuentran a los suyos tienen suerte. De cada 10 personas desaparecidas no solemos hallar sino a tres o cuatro, sostiene el pescador.

Este comportamiento también ha degenerado en ocasiones en imágenes tan turbadoras como aquel vídeo que mostraba cerca de una docena de cadáveres flotando en el río, que habían sido arrimados a la orilla y permanecían allí para que los allegados de personas desaparecidas comprobaran si se trataba de sus familiares o no.

La única parte del diálogo que permite recuperar el ánimo estriba en lo que Chen tacha como declive de su profesión. Ahora hay menos gente que salta al agua (para suicidarse). En la época de mi padre era normal pescar 150 o 160 por mes, ahora la media es de 70 u 80. Recuerdo que en el año 2000 hubo un naufragio a 400 kilómetros de aquí. El Gobierno movilizó a mi padre y él solo pescó 70 cadáveres en una semana, refiere.

El equipo inicial que heredó Chen estaba integrado por otros dos lugareños que compartían con él esta ocupación. Tenían incluso que disputarse la zona con otra cuadrilla, que fue disuelta por las autoridades -apunta Chen- precisamente por cobrar precios disparatados a las familias.

No sé si este trabajo perdurará cuando yo lo deje, sentencia.
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Hathor3



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MensajeTema: Re: Yo pesco cadáveres en el río   Dom Abr 17, 2016 12:31 am

http://www.elmundo.es/cronica/2016/04/17/57121387ca4741464e8b4598.html



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