egiptomaníacos2007

Historia del Egipto Faraónico
 
ÍndicePortalFAQBuscarRegistrarseMiembrosGrupos de UsuariosConectarse

Comparte | 
 

 El Menguele de Franco

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo 
AutorMensaje
Semíramis
Admin
avatar

Cantidad de envíos : 50402
Localisation : KV 43
Fecha de inscripción : 10/06/2007

MensajeTema: El Menguele de Franco   Sáb Mar 25, 2017 4:49 am

Vallejo-Nágera, el Mengele de Franco, y la estirpe desigual de Rajoy


■ Esta semana se han cumplido 44 años de la muerte de uno de los ideólogos seudocientíficos del franquismo, el psiquiatra Antonio Vallejo-Nágera, que definía a la mujer un ser inferior al servicio de la maternidad




Antonio Maestre

redaccion@lamarea.com



Imprime este artículo

1 Comentario



El informe preliminar del Consejo General del Poder Judicial presentado esta semana decía que la ley del aborto de Gallardón convertía a la mujer en un “mero instrumento al servicio de la maternidad, necesitada de información y asesoramiento para decidir sobre su propia vida e intimidad, y su integridad personal, sin tener en cuenta sus derechos fundamentales”. Justo esta misma semana se cumplieron 44 años de la muerte de uno de los ideólogos seudocientíficos del franquismo, el psiquiatra Antonio Vallejo Nágera, que entre otras consideraciones definía a la mujer como un ser inferior al servicio de la maternidad.


“A la mujer se le atrofia la inteligencia como las alas a las mariposas de la isla de Kerguelen, ya que su misión en el mundo no es la de luchar en la vida, sino acunar la descendencia de quien tiene que luchar por ella”.

Lamentablemente muchas de las medidas que se están tomando hoy en día tienen una base ideológica que lleva muchos años instaurada en la derecha más reaccionaria española y que se ha ido conformando con las ideas de personajes como el psiquiatra franquista Antonio Vallejo Nágera.

La eugenesia hispana y Vallejo Nágera

Antonio Vallejo Nágera fue un psiquiatra reputado durante el régimen franquista, nació en Palencia en 1889 y, en 1917, fue enviado como agregado a la Embajada de España en Berlín donde aprendió el idioma que posteriormente le permitió acercarse a las teorías eugénicas nazis y hacerse un ferviente admirador del nazismo. A su llegada a España, en 1930, dirigió una serie de clínicas psiquiátricas y durante la Guerra Civil se convirtió en el máximo dirigente de los Servicios Psiquiátricos del franquismo, donde desarrollaría sus teorías supremacistas y eugénicas. Vallejo–Nágera creó en España el Gabinete de Investigaciones Psicológicas del Ejército, que pasaba por ser una copia del Instituto Alemán que difundió las ideas eugénicas nazis.

Desde estas instituciones Antonio Vallejo Nágera desarrolló unas teorías que consideraban a los marxistas y los individuos de los estratos sociales más bajos entes a erradicar para mejorar la raza hispánica y elevarla a sus cánones medievales. En su libro Eugenesia de la hispanidad y regeneración de la raza, expresaba su canon de raza hispana.


“El fenotipo amojamado, anguloso, sobrio, austero, se transformaba en otro redondeado, ventrudo, sensual, venal y arribista, hoy predominante. Tiene tan estrecha relación la figura corporal con la psicología del individuo que hemos de entristecernos de la pululación de Sanchos y penuria de Quijotes”

Antonio Vallejo Nágera tenía la idea de crear una raza social que tuviera como máxima en sus valores la aristocracia, el militarismo y el catolicismo. Para ello debía identificar el “gen rojo” o marxista, que envenenaba el ideal de raza que Vallejo Nágera quería para España. El psiquiatra entendía este gen como el entorno que rodeaba al individuo, sin tener en cuenta a su carácter genético. Las ideas de Vallejo Nágera se centraban en la sociedad y la cultura, no tenían un carácter biológico. Vallejo Nágera consideraba que la perversión de la raza hispana nacía de haber olvidado la triada nacional-católica “Dios, Patria y Familia” y haberla sustituido por la lucha de clases y el sentimiento de pertenencia obrera.


“Las epidemias de San Vito se han visto sustituidas por otras epidemias que causan numerosas víctimas, por haberse traducida en lucha de clases. Han desaparecido de la conciencia colectiva las constelaciones. Dios, patria y familia que tanto influyen en la sensibilidad del pueblo”

Es por ello que Vallejo Nágera consideraba a los rojos y marxistas los culpables de toda la degeneración de la raza hispana. El psiquiatra atribuía unas características negativas a las “hordas marxistas” y una características afectivas positivas a los miembros del bando nacional. Los nacionales eran una raza en la que predominaban la religiosidad, el patriotismo, la responsabilidad moral, e inclinación a los valores éticos y estéticos. En contraposición estaban los marxistas, que poseerían unas características que él denominó complejos psicoafectivos, que eran el resentimiento, rencor, envidia, arribismo, ambición y venganza. Características que se veían ampliadas por su origen de clase, tal y como expresó en un artículo de la revista Acción Española del año 1936.


“En las clases bajas populares predominan los deficientes mentales y los incultos más que en otros estratos sociales superiores”

Una de las ideas que Vallejo Nágera proponía para poder instaurar su ideal de raza era la recuperación de la inquisición, según cuenta Enrique González Duro en su obra “Los psiquiatras de Franco, los rojos no estaban locos”. Para Vallejo Nágera el ideal del español tenía sangre inquisitorial y era preciso recuperar esa santa institución.


“Corre sangre de inquisidores por nuestras venas y en nuestros genes paternos y maternos están incrustados cromosomas inquisitoriales”
En palabras de González Duro, Vallejo Nágera quería el resurgimiento de la Santa Inquisición. Una institución modernizada pero rígida y austera, sabia y prudente, buena contra el envenenamiento de masas, contra la difusión de ideas antipatrióticas, extranjeras y corruptoras de los valores universales hispánicos. Militarismo social, uniformismo, inquisición ideológica y justicia.

En 1938, se le encargó a Antonio Vallejo Nágera el estudio definitivo para dotar de un carácter científico la represión que se ejercía sobre los rojos. Para ello se creó el Gabinete de Investigaciones Psicológicas, un organismo que estaba bajo la jerarquía de la dirección de campos de concentración de prisioneros.

El trabajo consistía en un estudio sobre los soldados y las mujeres republicanas retenidas en prisiones y campos de concentración para identificar y destruir el mal marxista. El estudio se realizó en el campo de concentración de San Pedro de Cardeña, en Burgos, ubicado en el monasterio del mismo nombre. En el campo estaban retenidos 3.000 soldados republicanos y más de 600 brigadistas internacionales.
De sus investigaciones en el campo de concentración de San Pedro de Cardeña salieron varios postulados recogidos en el trabajo Psiquismo del fanatismo marxista. Investigaciones psicológicas en marxistas femeninos delincuentes. En opinión del psiquiatra, estos postulados mostraban la inferioridad del pensamiento marxista. Uno de los puntos continúa vigente hoy en día en el ideario de miembros ilustres del actual gobierno y no es otro que la inferioridad intelectual de la doctrina marxista. En palabras de Antonio Vallejo Nágera:


“El simplismo del ideario marxista y la igualdad social que propugna favorece su asimilación por inferiores mentales y deficientes culturales, incapaces de ideales espirituales, que hallan en los bienes materiales que ofrecen el comunismo y la democracia la satisfacción de sus apetencias animales. El inferior mental y el inculto encontraban en la política marxista medios de facilitarse la lucha por la vida, al contrario que en cualquier otro régimen político social, especialmente los aristocráticos que fomentan el encumbramiento de los mejores”

Resulta llamativo que las bases ideológicas segregadoras y de estirpe dominante de Vallejo Nágera se encontraran muy presentes en un artículo que Mariano Rajoy escribió en El Faro de Vigo, en 1983, y volvió a saltar a la actualidad tras ser mencionado por Rubalcaba en el pasado Debate sobre el estado de la Nación. En el artículo Rajoy hace una elegía de la desigualdad con argumentos eugenésicos del mismo porte que los que Vallejo-Nágera expresó a lo largo de su vida. Rajoy explicaba que “En textos del siglo VI –Antes de Jesucristo– Se afirmaba como verdad indiscutible que la estirpe determina al hombre, tanto en los físico como en lo psíquico. Y estos conocimientos que el hombre tenía intuitivamente –era un hecho objetivo que los hijos de buena estirpe superaban a los demás– han sido confirmados posteriormente por la ciencia, desde que Mendel formulara sus famosas leyes ya nadie pone en tela de juicio que el hombre es desigual”.

En el artículo Rajoy expresa las mismas dudas sobre la inferioridad del pensamiento comunista y socialista que Vallejo Nágera al intentar igualar lo que nace desigual y así evitar el progreso y ascenso de los más preparados. “Por eso, todos los modelos, desde el comunismo radical al socialismo atenuado, que predican la igualdad de riquezas…y establecen para ello normas como las arriba indicadas, cuya filosofía última aunque se las quiera dar otro revestimiento es la imposición de la igualdad son radicalmente contrarias a la esencia misma del hombre”.

El final del artículo de Rajoy expresa en misma forma y fondo el ideario de Vallejo Nágera sobre la inferioridad del pensamiento que defiende la igualdad. Al considerar que defender los principios igualitarios impide a los mejores, a los más hábiles, a los más capaces, a los de buena estirpe conseguir progresar y traer bienestar a su sociedad.
http://www.lamarea.com/2014/03/02/vallejo-nagera-el-mengele-de-franco-y-la-estirpe-desigual-de-rajoy/
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario http://nieblaysombras.blogspot.com/
Semíramis
Admin
avatar

Cantidad de envíos : 50402
Localisation : KV 43
Fecha de inscripción : 10/06/2007

MensajeTema: Re: El Menguele de Franco   Sáb Mar 25, 2017 4:49 am

Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario http://nieblaysombras.blogspot.com/
Semíramis
Admin
avatar

Cantidad de envíos : 50402
Localisation : KV 43
Fecha de inscripción : 10/06/2007

MensajeTema: Re: El Menguele de Franco   Sáb Mar 25, 2017 4:53 am

Vallejo-Nájera, el “médico loco” del franquismo

HISTORIA DE UN MONSTRUO ESPAÑOL /
lundi, 14 janvier 2013 / Antonio Palerm /


Los nazis tuvieron sus terroríficos “médicos locos”, como Josef Mengele, que no dudaron en hacer experimentos abominables con prisioneros –incluso niños– en los campos de exterminio. En España, el franquismo también tuvo el suyo. Se llamaba Antonio Vallejo-Nájera, un psiquiatra militar que torturó a miles de prisioneros republicanos (mujeres y hombres) para tratar de extirparles el “gen rojo” que degradaba, según él, la pureza de la raza española. Cientos de niñas y niños fueron arrancados a sus padres republicanos porque este “médico loco” pensaba que el marxismo era una enfermedad mental propia de personas “intelectualmente débiles, moralmente despreciables”. Y porque el “gen rojo”, además de ser transmisible a los descendientes, era contagioso…

Antonio Vallejo-Nájera no actuaba como un monstruo las veinticuatro horas del día. Sus nietas, por ejemplo, al referirse a él, dicen en Google : “En casa, era muy cariñoso”. No hay por qué dudar de ello. Planteadas así las cosas : ¿quién duda de los merecimientos hechos por Antonio Vallejo-Nájera para ser merecedor de este afectuoso epíteto ?

En la trilogía Tu rostro mañana, del novelista Javier Marías, el protagonista Jacobo Deza, al iniciar su relato dice : “No debería uno contar nunca nada, ni dar datos, ni aportar historias ni hacer que la gente recuerde a seres que jamás han existido ni pisado la tierra o cruzado el mundo, o que sí pasaron pero estaban ya medio a salvo en el tuerto e inseguro olvido”. Sin embargo, Jacobo Deza no puede detener el flujo de palabras que le desborda, y su boca, largos años cerrada y de pronto abierta, sin que la aceche el desmayo, cae en la trampa y dice todo lo que debiera callar. ¿Consecuencias ? Mil quinientas páginas en el caso de Deza, porque a veces basta con engarzar una sola frase para obviar los anhelos de la voluntad hasta darte de bruces en los del discurso. Por eso, apenas entreabierta la boca, ya no estamos en manos del callar sino que asistimos, como diría Cervantes, a la transformación del hato en garabato.

La Transición española (1975-1978), al hacer tabla rasa del pasado, dejó múltiples secuelas del mencionado olvido. No sólo los monstruos no fueron perseguidos por la justicia ni por la historia, sino que su nombre, a día de hoy, ya no se asocia a la realidad de su biografía. La Constitución de 1978 les ha privado del estigma de la ilegalidad, de tal modo que, en España, no es necesario efectuar equilibrios tácticos, como los realizados por los nazis en su postguerra, para subsistir. Aquí no hubo Juicios de Nuremberg, y nunca los criminales de guerra precisaron cambiar de nombre. Su mención apenas despierta la indignación de unas pocas voces que, pronto, son acalladas. Aquello que no es juzgado, no sólo no es tratado de ilegal, sino que permanece indeleble.

Un breve resumen de su vida nos advierte que Antonio Vallejo-Nájera Lobón nació en Paredes de Nava, Palencia, en 1889, y murió en Madrid en febrero de 1962. Entremedias, efectuó estudios de psiquiatría en el manicomio de Valladolid ; se licenció en 1909, y apenas dos meses después de finalizar su formación ingresó en el Cuerpo de Sanidad militar. En 1911, es condecorado con la medalla de oro de la Cruz Roja por su “heroico comportamiento” durante una epidemia de fiebre tifoidea en Gijón. En 1912, recibe la Cruz de María Cristina por su participación, desde su destino en Larache (Marruecos), en maniobras militares.

Durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918), se halla adscrito a la Comisión Militar de la embajada de España en Berlín, donde la índole de su servicio le permite inspeccionar las concentraciones de prisioneros y visitar los manicomios y hospitales de Alemania así como conocer a muchos médicos alemanes, entre ellos a Emil Kraepelin y Hans Walter Grühle. Se distingue en su servicio de protección a los prisioneros aliados, siendo recompensado por el Gobierno francés con la medalla de la Reconnaissance, y por el rey de Bélgica con la Orden de la Corona.

Terminadas la Gran Guerra y la evacuación de prisioneros, Vallejo-Nájera se instala un tiempo en Barcelona, donde se ocupa de las sociedades de Higiene, de heridos de guerra y de “enfermedades simuladas”, para después ser destinado a Madrid, como profesor auxiliar del Instituto de la Encarnación. En 1922 es nombrado comandante-médico y ayudante de campo del jefe de la Sección del Ministerio de la Guerra, y en 1929 se le nombra médico consultor y jefe de sección del Sanatorio psiquiátrico de San José en Ciempozuelos, donde realiza trabajos sobre la psicología de las neuronas y de la simulación.

Hasta entonces, la vida profesional del coronel Vallejo-Nájera, afecto al nazismo, ha sido relativamente ordinaria. El “monstruo” en él irrumpe durante la II República (1931-1939), impulsado por un profundo y frenético anti-marxismo. La Guerra Civil española (1936-1939) le permite expresar, por fin, bajo pretextos pseudocientíficos, sus tesis represivas delirantes. El Estado Mayor franquista le confía la dirección de los Servicios Psiquiátricos del Ejército Nacional y Vallejo-Nájera escribe sus primeros textos sobre la “degeneración de la raza española”, acaecida –según él– durante la II República.

Profundo admirador del nazismo alemán, el psiquiatra militar convence al general Francisco Franco sobre la necesidad de crear un Gabinete de Investigación Psicológica del Ejército, a semejanza de la Ahnenerbe nazi (acrónimo del Instituto de Investigación y Estudio de la Herencia Ancestral Alemana creado, en 1935, por Heinrich Himmler para demostrar su teoría de que el marxismo es una “tara mental”). Vallejo-Nájera expresa los resultados de sus “investigaciones” en libros como : La locura y la raza ; Psicopatología de la guerra española o Eugenesia de la Hispanidad, y Regeneración de la Raza. En este último libro, define las características de la “raza hispánica” como “su masculinismo, su disciplina, su canto a la fuerza, su nacionalismo sublime y su profundo catolicismo” (1).

En 1938, Vallejo-Nájera dirige un estudio sobre los prisioneros de guerra republicanos, para determinar qué tipo de malformación mental conlleva el marxismo. Es decir, emprende la búsqueda de lo que denomina el “gen rojo”. Para llevarlo a cabo, utiliza cinco diferentes grupos humanos (2) : el primero formado por 297 prisioneros miembros de las Brigadas Internacionales, que son ­conducidos al monasterio abandonado de San Pedro de la Cardeña, Burgos (campo visitado por miembros de la Gestapo que toman medidas antropométricas e interrogan a los prisioneros) ; otro compuesto por 50 mujeres, presas políticas recluidas en Málaga ; el tercero está constituido por presos españoles procesados por cuestiones políticas ; el cuarto por “separatistas vascos” ; y el quinto por “marxistas catalanes”.

Con todos ellos, el coronel Vallejo-Nájera experimenta un programa de reeducación política cuyo objetivo consiste en “rehabilitar” a estos presos para que puedan ser enrolados en las filas del ejército franquista. Finalmente lo descarta al comprobar que, “como entes infrahumanos que son”, ni siquiera responden a un tratamiento rehabilitador. Al fin, el trabajo de rehabilitación se limita a obligar a los prisioneros a desfilar, a entonar himnos franquistas y a participar en un cursillo religioso de seis semanas que ningún prisionero consigue superar, por lo que se repite continuamente durante todo el periodo de cautiverio.

Respecto del grupo de Brigadistas Internacionales, Vallejo-Nájera, en su libro Biopsiquismo del fanatismo marxista, escribe : “Los marxistas aspiran al comunismo y a la igualdad de clases a causa de su inferioridad, de la que seguramente tienen conciencia, y por ello se consideran incapaces de prosperar mediante el trabajo y el esfuerzo personal. Si quieren la igualdad de clases no es por el afán de superarse, sino de que desciendan a su nivel aquellos que poseen un puesto social destacado, sea adquirido o heredado”.

Del examen de la cincuentena de reclusas malagueñas (33 condenadas a muerte y 10 a cadena perpetua), concluye : “Nuestras investigaciones psicológicas en marxistas femeninas delincuentes nos permiten comprender que se trata de libertarias congénitas las cuales, impulsadas por sus tendencias biopsíquicas constitucionales, despliegan un intenso dinamismo cuando se suman a la horda roja masculina.

Para comprender la activísima participación del sexo femenino en la revolución marxista, recuérdese su característica debilidad respecto del equilibrio mental, la menor resistencia a las influencias ambientales, y la inseguridad del control sobre la personalidad. Cuando desaparecen los frenos que contienen socialmente a la mujer, se despierta en el sexo femenino un instinto de crueldad que rebasa todas las posibilidades imaginadas, precisamente por faltarle las inhibiciones inteligentes y lógicas, una característica de la crueldad femenina que no queda satisfecha con la ejecución del crimen, sino que aumenta durante su comisión. Además, en las revueltas políticas tienen la ocasión de satisfacer sus apetencias sexuales latentes.

Una vez probado que ser marxista es una enfermedad cerebral, se hace necesario separar el grano de la paja, quitándoles sus hijos a los débiles mentales, porque si militan en el marxismo, de preferencia, psicópatas antisociales, la segregación total de esos sujetos desde la infancia podría liberar a la sociedad de plaga tan terrible”.

En otras páginas del mismo libro, el coronel Vallejo-Nájera recalca : “La inferioridad mental de los partidarios de la igualdad social y política, o desafectos”. Critica “la perversidad de los regímenes democráticos, favorecedores del resentimiento que promociona a los fracasados sociales con políticas públicas, a diferencia de lo que sucede con los ­regímenes aristocráticos, donde sólo triunfan los mejores”. Y llega a la conclusión de que “hay revolucionarios natos cuyas tendencias instintivas les llevan a pretender trastocar el orden social”.

Durante la postguerra, Antonio Vallejo Nájera se convierte en una de las figuras emblemáticas de la represión franquista, caracterizada por su intento de revestir la represión con un manto pseudocientífico. En los años 1940 y 1941, se publican, en el Boletín Oficial del Estado, unas leyes que otorgan libertad al psiquiatra para llevar a cabo sus experimentos. Variados conceptos de salud o de enfermedad mental que se desarrollan durante la dictadura franquista tienen su firma. Al tiempo que ciertos psiquiatras excepcionales como Bartolomé Llopis (1905-1966), cuya clarividencia a día de hoy nadie pone en duda (3), sufren por razones políticas las represalias del régimen, otros obtienen los réditos que les supone su coincidencia con el pensamiento político triunfador. El Llopis de la postguerra se ve obligado a sobrevivir con los humildes oficios de telegrafista o de acomodador de cine, mientras el “pensamiento eugenista” del coronel Vallejo-Nájera es profusamente difundido.

Las premisas de este “médico loco” parten siempre de un supuesto : el marxismo es una ­enfermedad mental propia de personas “intelectualmente débiles y moralmente despreciables”. Convencido de que el socialismo es contagioso y se contagia a quienes rodean al afectado, Vallejo-Nájera decide practicar entre éstos la eugenesia y el electroshock. Mediante su internamiento en granjas, posterior a la separación y pérdida de aquellos hijos que no están capacitados para tener, se podrá separar la paja del grano. Los poderes tutelares de los niños internados en el Auxilio Social le autorizan a cambiarles a éstos los apellidos.

Asimismo, a los poseedores del “gen rojo”, se les niega el registro de los nacimientos de sus hijos acaecidos en los penales, lo que permitirá su posterior distribución sea como hijos adoptados o como criados entre los vencedores del “Glorioso Alzamiento”.

Resulta curioso advertir que Vallejo-Nájera se permite juzgar no sólo el presente sino la misma historia, lo que le lleva a escribir y publicar un texto titulado Locos egregios (4), que consiste en la “confección de historias clínicas de personajes del pasado usando los conocimientos actuales”. Curiosamente, idéntica actitud adoptará –en años posteriores– su hijo, José Antonio Vallejo-Nájera, también psiquiatra, que recurrirá al mismo título utilizado por su padre (5) para proseguir la saga.

Lo insólito es que, transcurridos casi cuarenta años desde la muerte del dictador Franco, ninguna institución o Academia española considere entre sus competencias la acción de desenmascarar semejantes tropelías pseudocientíficas cometidas por un criminal de guerra. Se diría que, a nivel científico, a un franquismo sucede otro franquismo, con gran desparpajo. Prueba de ello, esta dedicatoria del libro publicado recientemente por la nieta del monstruo racista : “Con este libro rindo tributo a mi padre y a mi abuelo ; ambos médicos psiquiatras, escritores y excepcionales maestros en el arte de disfrutar aprendiendo y gozar enseñando. Continúo la serie de “Locos egregios” que iniciase mi abuelo Antonio y continuase mi padre José Antonio. Es, de alguna manera, el tercero de la saga escrito por un miembro de la tercera generación” (6). La existencia del “gen rojo” no se ha demostrado, pero parece que, en cambio, el “gen de médico loco” sí se transmite de padre a hijo y a nieta...

(1) Léase Vicenç Navarro, “Las derechas españolas y el fascismo”, Le Monde diplomatique en español, julio de 2009.

(2) Eduard Pons Prades, Los niños republicanos, RBA, Barcelona, 2005.

(3) Léase, por ejemplo, Bartolomé Llopis, Introducción dialéctica a la psicopatología, Morata, Madrid, 1970.

(4) Antonio Vallejo-Nájera, Locos egregios, 1947.

(5) José Antonio Vallejo-Nájera, Locos egregios, Planeta, Barcelona, 1988

(6) Alejandra Vallejo-Nájera, Locos de la historia, La esfera de los libros, Madrid, 2006.
http://www.medelu.org/spip.php?page=imprimir_articulo&id_article=1656
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario http://nieblaysombras.blogspot.com/
Semíramis
Admin
avatar

Cantidad de envíos : 50402
Localisation : KV 43
Fecha de inscripción : 10/06/2007

MensajeTema: Re: El Menguele de Franco   Sáb Mar 25, 2017 4:54 am

Franco, en busca del 'gen rojo' de la inferioridad


http://www.publico.es/politica/franco-busca-del-gen-rojo.html
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario http://nieblaysombras.blogspot.com/
Semíramis
Admin
avatar

Cantidad de envíos : 50402
Localisation : KV 43
Fecha de inscripción : 10/06/2007

MensajeTema: Re: El Menguele de Franco   Sáb Mar 25, 2017 4:55 am

Vallejo Nájera, el siquiatra que creó el fundamento científico, el 'gen rojo', del robo de niños durante el franquismo




"Hace pocas fechas el periódico Diagonal ha editado el libro Niños robados. De la represión franquista al negocio de la periodista e integrante del colectivo editor del periódico María José Esteso Poves.(...)




En el libro aparece una versión reducida del prólogo que he escrito, que versa sobre la figura e ideas de Antonio Vallejo-Nájera, psiquiatra sobre cuyos pensamiento se asienta las bases ideológicas de la desaparición durante el franquismo y que sobrevive al mismo. Desapariciones que se extienden hasta los años ’90 del siglo XX (...)




Todos los regímenes políticos se sustentan en concreciones ideológicas o ideas que dan sentido a todo lo que hacen. Catalogar a determinados regímenes políticos como “dementes” o “locos” es una inconcreción que solo beneficia a la barbarie y la justifica.




En este contexto hay que analizar el franquismo. Porque el franquismo parte de unas concepciones ideológicas y de formación claras que hace que se entienda, pero nunca se justifique, toda su barbarie. (...)




Uno de los baluartes más importantes del franquismo fue la Iglesia católica. La Iglesia le dio un fundamento religioso a todo un régimen, así como una historia de represión que en la Inquisición tenía el mejor ejemplo.




Porque la idea de exterminio del enemigo que Franco y el franquismo presentó y desarrollaron tenía una base de carácter inquisitorial innegable. Sin ir más lejos, la Iglesia franquista siempre presentó la Guerra Civil como una “Cruzada” contra los que consideraba sus enemigos: masones, comunistas, librepensadores, anarquistas, republicanos, etc.




Lo que políticamente se vino a llamar la “Anti España”. Los herejes de ayer eran los enemigos de hoy y de siempre de una España oscurantista y que negaba el desarrollo y el progreso.




Y, tal como sucedió en la Alemana nazi, fue la ciencia médica la que mayor contribuyó a desarrollar tendencias pseudo-científicas, que intentaba concretar la segregación y la diferencia biológica entre las personas. Personajes como Juan José López Ibor o F.J. Cortezo (...)




Pero de todos ellos hay que destacar a Antonio Vallejo Nájera. Porque Vallejo Nájera explica muchas cuestiones ideológicas del franquismo. Pero también porque es un psiquiatra que no crece al amparo del propio régimen franquista, si que sus teorías son anteriores y se completan perfectamente con las disposiciones que necesitaba el ejercito sublevado de Francisco Franco. (...)




Y es en Alemania donde Vallejo Nájera conoce de primera mano muchas de las teorías, aun embrionarias, que después los nazis pusieron en práctica en la década de 1930. Aun así las teorías biopsíquicas ya habían sido desarrolladas por el italiano Cesare Lombroso y su antropometría a la hora de catalogar la criminalidad en determinadas tendencias de la izquierda, sobre todo hacia el anarquismo. (...)




Pero Vallejo Nájera no cita en ningún momento a Lombroso. Si por el contrario al alemán Ernest Kretschmer, donde relaciona directamente la constitución del individuo en la predisposición de padecer enfermedades mentales.




Algo que esta muy en boga en la época pero que los totalitarismo europeos los fomentaron.




A pesar de que Antonio Vallejo Nájera fue el jefe de los Servicios Psiquiátricos Militares durante el periodo franquista, la mayoría de sus posiciones psiquiátricas las desarrolló durante la Segunda República española. Así deja constancia en las revistas de la época.




En 1932 Vallejo Nájera publica en Acción Española un artículo sobre la esterilización eugénesica, donde hace toda una apología a la esterilización de deficientes mentales, poniendo ejemplos, como en algunos Estados norteamericanos, donde se desarrolla.




E incluso Vallejo Nágera lo justifica por el apoyo que tiene incluso en la Iglesia católica: “En 1927 aparece una obra del sacerdote católico doctor Mayer, que levanta extraordinario revuelo, por defender que la Iglesia católica nada opone a la esterilización de determinados psicópatas”[1]. Pone ejemplo históricos para apoyar su idea así como concepciones filosóficas y políticas.




En esos momentos Vallejo Nájera ya tiene la completa convicción que las personas defensores de ideales como el marxismo, el anarquismo o de la igualdad y libertad tienen una patología que les lleva a defender tales circunstancias. Para tal afirmación el propio Vallejo Nájera se basa en el caso de Aurora Rodríguez Carballeira y el parricidio que comete sobre su hija Hildegart. Hildegart era una de las más prometedoras figuras de la izquierda durante la Republica.




Su madre la había concebido solo y exclusivamente para trabajar la emancipación de la mujer. A más puro estilo Frankenstein, Aurora fue moldeando a Hildegart en la línea que pretendía. Pero Hildegart se fue separando paulatinamente de su madre. Una independencia que Aurora nunca acepto y que la llevó a asesinarla el 9 de junio de 1933 en Madrid.




Algo que causó una gran consternación en los círculos izquierdistas de la época. Vallejo Nájera asistió al juicio contra Aurora y tuvo conocimiento de todo lo relaciona con este caso, pues Aurora fue recluida en el sanatorio de Ciempozuelos que dirigía Vallejo Nájera desde 1930.




Un caso que para Vallejo Nájera era la evidencia de la paranoia y enfermedad mental que podría significar declararse anarquista o defensor de las teorías de la izquierda. (...)




De reconocida militancia derechista, Vallejo Nájera apoya desde el principio la sublevación militar contra República. Y como miembro del cuerpo militar se convierte en Jefe de los Servicios Psiquiátricos Militares. Allí es donde Vallejo Nájera desarrolla, a través de distintos textos, teorías psiquiátricas cercanas a los postulados nazis a la hora de catalogar las enfermedades mentales.




Vallejo Nájera experimentó con una serie de prisioneros republicanos. Estudió a prisioneros de la Brigadas Internacionales y a un grupo de mujeres que habían sido capturadas en 1937 tras la toma de Málaga por las tropas sublevadas. Estos estudios le valen a Vallejo Nájera para publicar un artículo titulado Psiquismo del fanatismo marxista y un texto titulado La locura en la guerra. Psicopatología de la guerra española, ambos publicados en 1939.




Vallejo Nájera establece en estos textos al marxista como un débil mental. Y aquí marxista hay que entenderlo en una visión amplia, donde dentro del vocabulario franquista aglutina a todas las tendencias políticas que se opusieron al golpe militar de Franco. Vallejo Nájera afirmaba cosas como las siguientes en sus trabajos: “La idea de las íntimas relaciones entre marxismo e inferioridad mental ya la habíamos expuesto anteriormente en otros trabajos.




La comprobación de nuestra hipótesis tiene enorme trascendencia político-social, pues si militan en el marxismo de preferencia psicópatas antisociales, como es nuestra idea, la segregación de estos sujetos desde la infancia, podría liberar a la sociedad de plaga tan terrible”[2]




Aquí Vallejo Nájera habla de segregación por motivos ideológicos. Una cuestión que será la base para el posterior robo de niños que se desarrolló durante la dictadura franquista y que incluso la trascendió. Junto al negocio creado alrededor de estos casos, había una fuerte convicción ideológica de segregación social de aquellos que consideraban asociales.




Por ello afirma que existía un “gen rojo” que portaba todos estos inconvenientes sociales. Un “gen rojo” que podría ser aplacado o curado, si desde el principio se segrega a aquellos que ya no tienen cura de los que todavía están por formar. Es decir, la separación de los hijos de los “rojos” de sus progenitores.




Y en este aspecto entraría la visión que tiene de la mujer de izquierdas el propio Vallejo Nájera. En los estudios que hace sobre las presas malagueñas escribe los siguiente: Coméntese que en la revolución comunista española han participado las mujeres altamente en la criminalidad y que no han dudado en alistarse como milicianas para combatir en los frentes (…) muriendo muchas de ellas en el parapeto y alguna al pie de la ametralladora que manejaba con rara habilidad (…)




Son características del sexo femenino la labilidad psíquicas, la debilidad del equilibrio mental, la menor resistencia a las influencias ambientales, la inseguridad del control sobre la personalidad y la tendencia a la impulsividad, cualidades psicológicas que en circunstancias excepcionales pueden acarrear consecuencias patológicas y anormalidad en la conducta social (…)




Aunque la mujer suele ser de carácter apacible, dulce, bondadoso y pacífico ello se debe a los frenos sociales que sobre ella obran, ya que el psiquismo femenino tiene muchos puntos de contacto con el infantil y animal”[3].




Considerando a la mujer como una menor de edad y cercana al animalismo, Vallejo Nájera ve imposible la crianza de un niño para una mujer que se cataloga como “roja”. Por ello cuando habla de la “higiene mental en la post guerra” uno de los puntos es sobre educación, donde Vallejo Nájera afirma: “Educación sexual nacional adecuada a los intereses raciales (…) (para) conseguir sobre el medio ambiente social de la postguerra una purificación psíquica a fondo”[4].




Y es precisamente en esa post guerra donde el franquismo, junto al exterminio al que son sometidos los derrotados en la Guerra Civil, comienza el robo de niños. Junto a ese negocio hay una perfecta disposición ideológica y de base pseudo-científica para hacerlo, donde no solo participa el Ejército, sino también Iglesia.




Vallejo Nájera se presenta así como el mejor exponente de todo ese desarrollo con sus trabajos. Algo que no se puede pasar por alto pues es fundamental para el entendimiento de la tragedia que significo el robo de niños. Una más dentro del régimen franquista." (Federación estatal de foros por la memoria, Julián Vadillo, 2 de julio de 2012)



Publicado por RaimundodeFerrol en 20:26



http://auschwitzlacrueldadhumana.blogspot.com.es/2012/07/vallejo-najera-el-siquiatra-que-creo-el.html
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario http://nieblaysombras.blogspot.com/
Semíramis
Admin
avatar

Cantidad de envíos : 50402
Localisation : KV 43
Fecha de inscripción : 10/06/2007

MensajeTema: Re: El Menguele de Franco   Sáb Mar 25, 2017 4:57 am

El franquismo equiparó la homosexualidad a un problema de salud pública”


Enric Llopis

Rebelión




Una patología y una seria amenaza a la masculinidad hegemónica: de ese modo entendía el franquismo la homosexualidad. Tras el Concordato suscrito entre la dictadura y el Estado Vaticano en 1953, la homosexualidad llegó a incluirse en la Ley de Vagos y Maleantes; y unos años después la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social (1970) pretendía una “cura” para reinsertar a estas personas “pervertidas” y “desviadas”. En el libro “Al Margen de la naturaleza” (Debate) el doctorando en Humanidades y Estudios Culturales, Víctor Mora Gaspar, subraya la importancia durante el franquismo de una “literatura pedagógica” presuntamente científica, que a partir de elaboraciones jurídicas, médicas o psiquiátricas trataba de adoctrinar sobre la homosexualidad masculina. En la proyección de ese corpus teórico, la iglesia católica desempeñó un rol esencial. Además, ante lo que se consideraban riesgos de proselitismo, el franquismo equiparó la homosexualidad a un problema de salud pública. En el texto de 224 páginas publicado en junio de 2016, el autor da cuenta de aproximadamente 5.000 detenciones, “centros de observación”, “centros para pervertidos” y la aplicación de terapias. Víctor Mora Gaspar es miembro del Instituto de Estudios de Género de la Universidad Carlos III de Madrid y de la Asociación de Jóvenes Investigadores Memorias en Red. El libro “Al Margen de la Naturaleza” ha sido galardonado con el I Premio Sagasta de Ensayo, que conceden la Fundación Caminos y la Editorial Debate.
-Comúnmente se menciona la psiquiatría y a doctores como López Ibor y Vallejo-Nágera para referirse a los que el franquismo considera “patologías”. ¿Qué importancia les atribuyes en el libro? ¿Qué características atribuían a la homosexualidad?

Vallejo-Nágera y López Ibor tienen una importancia central en la historia de la ciencia psiquiátrica española, y evidentemente ocupan un lugar destacado en mi libro. Son dos científicos muy distintos y pertenecen también a momentos distintos del Régimen. Vallejo-Nágera era el psiquiatra oficial del franquismo, y durante los primeros años de la dictadura desarrolla una labor muy extensa. Es un fascista convencido, declarado y orgulloso, y un profundo admirador de las técnicas científicas del Régimen Nazi. Produce gran cantidad de volúmenes antes, durante y después de la guerra, e insiste mucho en las ideas que ostentaban por entonces los fascistas de “higiene de la raza” para la recuperación del “espíritu español”. Vaguedades en las que cabía cualquier discriminación. Sus libros constituyen la base teórica sobre la que legitimar la violencia del fascismo español contra la diversidad. La diversidad, por definición, es la enemiga acérrima del fascismo, que se basa en la unidad, en la unicidad y la reproducción en base a un patrón ideológico único e incuestionable; cualquier disidencia respecto a ese patrón se considera enemiga y, científicos como Vallejo, se encargaron de que la diferencia fuera considerada “patológica”.

-¿Aparecen estas ideas en sus escritos, únicamente abordan la homosexualidad?

Sus textos pretenden justificar científicamente que todo aquello que no se identifique con los valores o dogmas fascistas es, esencialmente, enfermedad. La homosexualidad, aunque es un tema que siempre nombra y condena con virulencia, no constituye su preocupación central. En Vallejo lo más curioso es encontrar los experimentos que realizó a presos y presas en campos de concentración franquistas para hallar el origen de lo que él llamaba “el gen rojo”; es decir, trató de demostrar científicamente que la ideología marxista o comunista era producto de una enfermedad mental. López Ibor, por el contrario, forma parte del corpus científico del franquismo más avanzado, ya en plena etapa aperturista y que pretendía mostrar una imagen más abierta, “modernizada”. Una etapa en la que la dictadura se había preocupado mucho por eliminar toda imagen que lo relacionara con el fascismo como sistema, por más que evidentemente lo fuera. López Ibor es importante, sobre todo, por su alcance; su libro sobre la vida sexual alcanza gran popularidad y trasciende las bibliotecas especializadas para colarse en las casas (seguro que más de una lo puede encontrar en la estantería de familiares no tan lejanos). Por tanto, podemos afirmar que contribuyó especialmente a difundir una imagen distorsionada de las sexualidades no normativas que, disfrazada de discurso aséptico, esconde (muy torpemente, además), una profunda homofobia, un profundo odio soterrado a todo tipo de orientación o identidad de género no heteronormativa. Ambos científicos, a pesar de pertenecer a etapas muy distintas del franquismo, presentan lo diverso como anomalía, perversión y, de una u otra forma, peligrosidad.

-¿Qué disciplinas científicas se utilizaban para justificar teóricamente la asimilación de homosexual a “pervertido” y “desviado? ¿Se hacía uso de la estadística, la bibliografía y la retórica científica para dar una sensación de rigor?

Efectivamente, según a qué hombre de ciencia (siempre hombres, en este caso) leamos, tendremos una sensación u otra de rigor, por más que consideremos en todas las lecturas que su interpretación de los resultados es meramente ideológica. Hay autores que son más rigurosos que otros, pero se emplea esencialmente la bibliografía y la retórica, en función de una interpretación siempre interesada. Pero claro, ¡no podía ser de otra manera! Hace poco una periodista me decía: “Pero estos científicos franquistas, cuando investigaban a los homosexuales y comprobaban que realmente no era una enfermedad, ¿qué hacían? ¿falseaban los datos para contentar al Régimen?” Es una pregunta muy interesante porque revela una mala costumbre; y es que no estamos acostumbradas a hacer la crítica científica. Hacemos la crítica cultural, la crítica política... pero no la crítica científica, y quizá es porque damos por hecho que la ciencia trabaja esencialmente con “la verdad”, y eso es un error. La ciencia es lectura de datos, y la lectura o interpretación es ideológica. La homosexualidad como enfermedad no es algo que se descubra: es algo que se decide. La ciencia se construye a través de críticas a las hipótesis, pero hay sistemas políticos, como el fascista, que no permite la crítica y, por tanto, obliga a la interpretación ideológica de resultados. Sin embargo, por desgracia, estas lecturas ideológicas de los resultados no son patrimonio del fascismo. La discriminación a la diversidad de género y orientación, como explica Ugarte en su libro, es universal.

-Afirmas en el libro que durante el franquismo “la detención o condena por homosexualidad atendía fundamentalmente a la condición social del detenido”. ¿De qué modo se materializaba esta discriminación de clase?

Bueno, me refiero a que el Régimen fascista español era un sistema absolutamente corrupto en el que la justicia favorecía a quien le interesaba. Hay casos de acusaciones o redadas en locales que terminaban de forma distinta según la familia de procedencia de los acusados. Para homosexuales de las clases adineradas o aristocráticas podría no pasar de una noche en el calabozo, pero para sus amantes o parejas del lumpenproletariado la condena podía oscilar de tres meses a cuatro años. Y era un círculo vicioso porque ser homosexual o transgénero podía ser, y de hecho era, una causa más que frecuente de rechazo familiar, por tanto muchas personas se veían abandonadas por su entorno y condenadas al ostracismo y a vivir en los márgenes, lo que las hacía especialmente vulnerables a estas leyes injustas.

-¿Cómo se aplicaron la Ley de Vagos y Maleantes, y la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social a las personas homosexuales? ¿Se ha cuantificado el número de condenas?

Los datos que se manejan superan las cinco mil detenciones; que no quiere decir que fueran cinco mil condenas, además hay que tener en cuenta que en muchas ocasiones la homosexualidad se utilizaba también como agravante para condenas por otras causas. La Ley de Vagos y Maleantes es originalmente una ley republicana, que en el año 54 es ampliada por los fascistas para incluir a los homosexuales. Se trata de una ley que presume la peligrosidad; es decir, por determinada característica del sujeto (en este caso, ser homosexual) se le presupone que va a incurrir en delito (contra la moral, por ejemplo, o escándalo público). La Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social entra en vigor en el año 1970, y se supone que llega para modernizar a la del 54. Se trataba de un lavado de cara que pretendía una “cura”, una “rehabilitación” de los homosexuales para su reinserción en la sociedad, mediante técnicas correctivas. Se aplicaron, sin duda, pero la mayoría estaban en los campos de concentración cosiendo balones y haciendo los trabajos alienantes regulares de las prisiones.

-¿En qué consistió la “Literatura Pedagógica? ¿Cuáles fueron algunos de los ejemplos más significativos?

En el libro utilizo el término “literatura pedagógica” para referirme a los textos de ciencia hegemónica franquista, cuyos autores pretendieron adoctrinar sobre un tema en concreto, en este caso sobre la homosexualidad masculina. Textos de ciencia (médicos, jurídicos, etc.), que pretendían “enseñar” o educar, podríamos decir, sobre qué es la homosexualidad. Y más que destacar un ejemplo significativo, me parece importante recalcar que en ese corpus teórico que el franquismo genera como ciencia hegemónica juega un papel fundamental la Iglesia Católica. Durante los primeros años de la dictadura se reproduce una brutal represión contra el enemigo ideológico del Régimen, y después toca el turno de los enemigos sociales. Es importante recordar que el único Estado europeo que pacta con el fascismo una vez muerto Hitler es el Vaticano. España, que había sobrevivido a la angustiosa autarquía en parte por los pactos con la Argentina de Perón, seguía teniendo las puertas de Europa cerradas.

-¿Qué relevancia tuvieron los acuerdos entre el franquismo y la Santa Sede para la libertad sexual?

El pacto con el Vaticano en el año 53 constituirá una lavada de imagen de cara al exterior. El llamado Concordato con la Santa Sede de 1953 vendrá a articularse como sistema sociopolítico y a generar esa unión que conocemos como sistema nacionalcatólico. Las instituciones habrán de impregnarse de la moral católica, que forma un todo con el Estado. No es de extrañar que al año siguiente se incluyera a los homosexuales en la citada Ley de Vagos y Maleantes. Este sistema ultraderechista y rancio que supuso la implantación del catolicismo como sistema ideológico y político fue, en gran medida, la guía fundamental para todos los textos de “ciencia” del franquismo. Las hipótesis de los doctores o magistrados tenían por fuerza que sostener que la homosexualidad masculina era antinatural, patológica y potencialmente criminal, dado que toda sexualidad no reproductiva es enemiga acérrima de la Iglesia Católica.

-En el libro explicas la reclusión y la aplicación de terapias, con el fin de lograr una supuesta cura. ¿En qué consistieron?

Las terapias que supuestamente iban encaminadas a encontrar una “cura” o una modificación de la conducta sexual de los homosexuales eran sobra decir, absolutamente inútiles para estos propósitos, y solamente consiguieron generar sufrimiento. Las terapias más populares, ya a finales de los sesenta y la década de los setenta, eran las de aversión asociadas a imágenes, como la que vemos en la película “La naranja mecánica”. Se proyectaban imágenes eróticas y a la vez se suministraba una leve descarga eléctrica para que, de esta forma, se asociara el homoerotismo con el dolor y se fuera “corrigiendo”. Los propios doctores han reconocido posteriormente que estas prácticas eran completamente inútiles. Terapias como esa se administraban también en consultas privadas a las que hombres y mujeres homosexuales que “quisieran” dejar de serlo podían acudir voluntariamente. Entrecomillo la palabra porque no creo que nadie elija voluntariamente cambiar su orientación, eso es algo que se da únicamente bajo unas terribles condiciones de presión social y operando según el miedo a las amenazas, agresiones o a un futuro condenado al ostracismo.

-¿Qué fueron los “centros para pervertidos” y los “centros de observación”?

Los centros para pervertidos eran los centros donde se recluía a los homosexuales, separados del resto de presos para que no hubiera contagio, porque se pensaba que el sexo homosexual era contagioso, bien por la creencia de que la práctica en sí pervertía de una manera patológica e irreversible, o bien por la amenaza del “proselitismo homosexual”, esto es: la creencia de que homosexuales pueden “captar” con su estilo de vida libertino a heterosexuales. En resumen son dos versiones de lo mismo, sólo que la primera es parangonable a un problema de salud médico, y la segunda, cuando ya era difícil sostener eso, parangonable a un problema de salud pública, en el que el estado tiene que intervenir para la salvación de sí mismo como sistema normativo. Bien, además de todo esto, cabe destacar que para evitar el contacto sexual entre presos homosexuales, se distribuyen entre dos centros, el de Badajoz y el de Huelva, uno para activos y otro para pasivos (además de otros centros, como la conocida colonia de Tefia). La Central de Observación de Carabanchel se ocupaba, por otro lado, de experimentar con presos homosexuales para determinar un sistema de clasificación de los mismo entre activos, pasivos o mixtos (hay un estudio que analizo en mi libro que realiza observación y pruebas médicas y psiquiátricas clasificatorias a 200 homosexuales).

-¿Constituyó el estado español una anomalía histórica respecto al resto de Europa, debido a los valores que imperaban durante el franquismo: el nacionalcatolicismo y la masculinidad viril? ¿O consideras, por el contrario, que estos valores hegemónicos fueron los que sustentaron la criminalización de la homosexualidad en España?

La masculinidad hegemónica, que se estructura en base al odio orgánico a las mujeres y a la oposición violenta y sistemática al varón homosexual, por desgracia, es la base del sistema patriarcal en el que vivimos, pero no exclusivamente en España, evidentemente. Es cierto que el nacionalcatolicismo y una dictadura militar tan larga y minando todos y cada uno de los aspectos socioculturales de un país constituye una anomalía de la que, también por desgracia, seguimos sin salir, debido a que no hemos hecho un ejercicio político adecuado de memoria. En España se da un tipo específico de negacionismo que no es “esto no pasó”, sino “de esto no se habla”, y así seguimos. Es una anomalía tremenda que exista la Fundación Francisco Franco, es una anomalía obscena que no se haya hecho del Valle de los Caídos un monumento de memoria y siga como símbolo operativo de los valores fascistas en una democracia. Igualmente es repugnante que la Iglesia Católica continúe ocupando esferas de la vida pública que bajo ningún concepto debería ocupar en, insisto, una democracia avanzada. ¿Es que nuestra democracia no es tan avanzada?

¿Cuál es la respuesta?

Los médicos y psiquiatras que experimentaron o, al menos, contribuyeron a fundamentar una justificación de la exclusión y criminalización de la diversidad, siguen presentes como símbolos en nuestras instituciones, y sus nombres están en calles, hospitales, fundaciones, etcétera. ¿Era exclusivo de España? Por supuesto que no: muchos de estos científicos presentaban sus tesis sobre la homosexualidad en congresos internacionales y en ningún caso eran tachados de atentar contra los Derechos Humanos. La discriminación era universal (y lo sigue siendo en gran medida), es cierto, pero esas consideraciones no deben en ningún caso distraernos de la pesada responsabilidad que tenemos para con nuestra propia memoria.

-Por último, ¿hubo en el franquismo lugares clandestinos, incluso espacios de referencia, en los que se pudiera disfrutar de la libertad sexual sin temor a la represión? ¿Los abordas en el libro?
Los hubo, por supuesto, siempre los hay. Siempre que hay poder, nos dijo Foucault, hay resistencia; y desde luego siempre que hay represión hay vida clandestina; pero desde luego no sin temor a la represión. Por más que hubiera lugares de encuentro clandestino que de alguna manera, podemos decir, “se sabía”, siempre había que estar alerta ante la amenaza de redada. No abordo en profundidad esos temas porque, como te decía, me centro en la evolución del discurso hegemónico franquista. Un libro imprescindible sobre ese y otros temas interesantes de la clandestinidad homosexual durante la dictadura es Los antisociales.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=217751
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario http://nieblaysombras.blogspot.com/
Semíramis
Admin
avatar

Cantidad de envíos : 50402
Localisation : KV 43
Fecha de inscripción : 10/06/2007

MensajeTema: Re: El Menguele de Franco   Lun Mar 27, 2017 6:49 am

Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario http://nieblaysombras.blogspot.com/
Contenido patrocinado




MensajeTema: Re: El Menguele de Franco   

Volver arriba Ir abajo
 
El Menguele de Franco
Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba 
Página 1 de 1.
 Temas similares
-
» ¿Siguió Mengele experimentando en Brasil?
» Operacion Mengele: los servicios secretos españoles experimentaron con mendigos bajo la democracia

Permisos de este foro:No puedes responder a temas en este foro.
egiptomaníacos2007 :: 

OFF TOPIC

 :: Off Topic
-
Cambiar a: