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 La vacuna y el método científico

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Maat



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Fecha de inscripción : 17/06/2007

MensajeTema: La vacuna y el método científico   Vie Jun 13, 2008 9:54 am

EN la actualidad, la
viruela se encuentra totalmente erradicada. De hecho, el último caso registrado
en el mundo de esta enfermedad se dio en Somalia hace más de treinta años. Y
dado que no existe riesgo de contraer la enfermedad, ni siquiera resulta
necesario un programa preventivo de vacunación. Pero hasta no hace mucho tiempo,
hablando en términos relativos, la viruela fue una enfermedad letal cuya tasa de
mortalidad llegó a ser de hasta un treinta por ciento de los pacientes
infectados. Su origen podríamos encontrarlo en la India o en Egipto hace unos
3000 años, y desde entonces sucesivas epidemias han devastado poblaciones
enteras.

Ya a mediados del siglo XVIII se sabía que las mujeres que
ordeñaban vacas, si habían sido infectadas con la viruela que afectaba a sus
animales -viruela vacuna, que causaba ampollas en sus ubres- eran capaces de
evitar la infección del virus que atacaba a los humanos. La observación de este
hecho fue lo que llevó al médico inglés Edward Jenner, en 1796, a infectar a un
niño con la pus extraída de una mujer que había contraído la viruela vacuna.
Varios días después puso en contacto a aquel niño con el virus de la enfermedad
humana, que por entonces se había convertido en una auténtica plaga en Europa,
para comprobar que se había vuelto inmune a la viruela.

En ese momento el
término "vacuna" no era aún utilizado como tal y ni siquiera el propio Jenner
conocía el mecanismo que había dado lugar a la inmunidad del niño. Pero lo que
es cierto, y éste es un mérito que nadie duda en otorgar al médico británico, es
que fue el primero en aplicar la observación y experimentación -el Método
Científico, en definitiva- a la prevención de una enfermedad infecciosa. No
sería hasta varias décadas después que la palabra "vacuna" comenzaría a
popularizarse a raíz de las investigaciones del científico francés Pasteur -el
mismo que inventó la pasterización como proceso para eliminar los agentes
patógenos de determinados alimentos líquidos mediante calentamiento-. Desde
entonces, se han utilizado varias decenas de vacunas en el tratamiento de
enfermedades infecciosas producidas por virus o bacterias. Cuando un individuo
es vacunado, lo que realmente estamos haciendo es facilitar que su sistema
inmune aprenda a defenderse contra un enemigo potencial. Y esto es así ya que
una vacuna, no es, ni más ni menos, que un preparado que contiene, o bien el
agente patógeno -virus o bacteria- que produce la enfermedad, o bien los
componentes tóxicos inactivados procedentes de estos microorganismos.

En
la actualidad existen cuatro tipos de vacunas en función de su composición. Las
primeras son las vivas atenuadas, como la del sarampión o la varicela, en las
que el microorganismo en cuestión se encuentra mutado encontrándose muy mermada
su virulencia. Las segundas son las muertas o inactivadas, como la de la rabia o
la de la gripe, en las que el agente patógeno ha sido tratado con medios físicos
como el calor o químicos como el formol. El tercer tipo de vacunas se conoce
como toxoides, y a éste pertenece la del tétanos o la de la difteria, que se
caracterizan por contener sólo las toxinas, y no el microorganismo completo, que
produce la enfermedad. Y las últimas son las subunitarias, que sólo contienen un
fragmento del microorganismo suficiente para disparar el proceso inmune. Un
ejemplo de vacuna subunitaria lo encontramos en la hepatitis B, en la que se
utiliza sólo las proteínas de la superficie del virus. Este último tipo de
vacunas es de muy reciente uso y en su elaboración ha sido fundamental el
desarrollo de técnicas de ingeniería genética.

En cualquier caso, cuando
un individuo es vacunado su sistema inmune va a ser capaz de generar unas
moléculas llamadas anticuerpos que reconocerán específicamente una parte del
agente infeccioso llamada antígeno. Una de las características más importantes
del sistema inmune es la memoria. Así, cuando un agente patógeno trate de
infectar a un individuo que previamente haya sido vacunado, el sistema inmune
será capaz de reconocer a aquellos antígenos contra los que aprendió a
defenderse y pondrá en marcha toda su maquinaria de modo que los diferentes
elementos que lo conforman -linfocitos B, linfocitos T, complemento, fagocitos…-
estarán listos para evitar la enfermedad.

Jenner tuvo que luchar contra
la incredulidad de los científicos de su época y contra la superstición y la
ignorancia. Por suerte, el reconocimiento le llegó a tiempo y hoy es considerado
uno de los científicos más destacados de la historia. Su capacidad de
observación, su talento en la deducción y una experimentación acertada fueron su
verdadero valor. Su constancia y su confianza en el método, su garantía.
elalmeria
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