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 El brujo del tiempo

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Maat



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MensajeTema: El brujo del tiempo   Dom Mar 08, 2009 11:29 pm

El brujo del tiempo
Hasta el nacimiento del método científico, una mezcla de magia y conocimientos fue la base de las predicciones meteorológicas durante milenios

09.03.09 - JULIO ARRIETA| MADRID


El tiempo es caprichoso. Sobre todo el malo, como lo demuestran los temporales como el que hace días atravesaba la Península. A pesar de la naturaleza caótica de la atmósfera, los pronósticos meteorológicos rozan el 90% de acierto. Pero no siempre ha sido así. La meteorología es una ciencia joven que se desarrolló sobre todo a partir del siglo XIX. Sin embargo, la Humanidad ha dependido del tiempo a lo largo de toda su historia. La caza, la recolección, la agricultura, la ganadería y por supuesto la guerra, en la que el 'general invierno' ha ganado miles de batallas, estaban condicionadas por los fenómenos atmosféricos, por lo que los intentos de interpretarlos, predecirlos e incluso controlarlos se pueden rastrear casi hasta la Prehistoria.
El primer antecesor del hombre del tiempo actual fue posiblemente un 'brujo del tiempo'. Algunos indicios sugieren que ya en el Paleolítico Superior (35.000-6.000 a. C.), los grupos de cazadores intentaron registrar el paso de las estaciones, con el propósito de prever acontecimientos como las migraciones de las manadas de renos. No hay forma de saber si en plena glaciación observar estos ciclos o interpretar los fenómenos atmosféricos era una actividad especializada, aunque algunos antropólogos sugieren que esta función dependía de los chamanes, hechiceros que trataban de comunicarse con el mundo sobrenatural a través de los espíritus de los animales. Unos pocos dibujos y grabados conservados en cuevas parecen representar a este tipo de personajes, que son retratados como una especie de híbridos de humanos y animales.
Primeros escritos
Con la invención de la escritura aparecen los primeros registros meteorológicos conocidos, tanto en Egipto como en Mesopotamia. Los caprichos de la atmósfera, como todos los prodigios celestes, eran atribuidos a la voluntad de los dioses, por lo que este tipo de observaciones estaba a cargo de los sacerdotes. Las tormentas y las inundaciones catastróficas eran castigos y las deidades recibían culto destinado a aplacar estos fenómenos.
En el siglo VII antes de Cristo los sacerdotes babilonios predecían el tiempo mediante la combinación de dos sistemas, la astrología y la interpretación de las formas de las nubes a partir de unos patrones establecidos. Una serie de tablillas de arcilla del archivo del rey asirio Assurbanipal (668-627 a. C.) señalan cómo debían de leerse algunos fenómenos celestes para realizar pronósticos. Por ejemplo, la aparición de un halo oscuro alrededor de la Luna anunciaba un mes lluvioso.
Todos los pueblos antiguos desarrollaron sistemas mágicos de interpretación de los meteoros. Entre los sacerdotes etruscos hubo un grupo especializado exclusivamente en la observación de los rayos. Estos arúspices creían que existían once tipos de centellas que eran lanzadas por un grupo concreto de deidades. La clase de relámpago más importante era el llamado 'fulmen praesagum', una señal de advertencia divina. También estaban el 'fulmen ostentarium', una demostración de ira cuyo único propósito era aterrorizar a los mortales, y el 'fulmen peremptorium', un rayo destructor de tono rojizo que además podía transformar las cosas que alcanzaba. Estos observadores de rayos desarrollaron un sistema para interpretarlos en el que se tenía en cuenta su dirección, color, intensidad y punto de impacto.
Druidas y pájaros
Como bien saben los lectores de los tebeos de 'Astérix', los galos que habitaban lo que ahora es Francia y a los que se enfrentó Julio César sólo temían una cosa, que el cielo cayera sobre sus cabezas. Que esta amenaza se hiciera realidad dependía del dios Taranis -equivalente al Júpiter romano-. Evitar su castigo era labor de los druidas.
Las prácticas de estos sacerdotes, que rechazaban el uso de la escritura en las actividades filosóficas y religiosas para favorecer el ejercicio de la memoria, fueron registradas por los autores romanos, desde el propio César a Plinio, que no disimularon sus prejuicios a la hora de describirlos. Respecto al tiempo, se sabe que algunos druidas se dedicaban a vaticinarlo, sobre todo de cara a la guerra, a través de indicios como los cambios en el vuelo de las aves. Como en otras culturas antiguas, la magia se aplicaba para intentar contener las manifestaciones del malestar de los dioses, en este caso de Taranis: las tormentas, el trueno y el rayo. Para evitarlos, los druidas realizaban sacrificios que, según las fuentes romanas, podían llegar a ser humanos.
Los antiguos griegos tampoco escaparon a esta forma 'mágica' de entender el tiempo. Se conoce la práctica de ritos propiciatorios para obtener lluvia, como el consistente en rociar con agua a una muchacha desnuda tendida en el suelo. Pero fue en Grecia donde se desarrollaron las primeras tentativas de entender racionalmente los cambios atmosféricos. El tiempo pasó a ser objeto de estudio de los filósofos como una parte más de la Naturaleza. Sabios como Anaximenes de Mileto, Empédocles de Agrigento y Diógenes de Apolonia, que escribió una 'Meteorología', dejaron los dioses a un lado y trataron de dar explicaciones naturales a las precipitaciones, los rayos o el arco iris.
Demócrito de Abdera (hacia 475-370 a. C.) escribió un calendario meteorológico que servía para realizar pronósticos, en el que se adjudicaba un tiempo concreto a algunos días, mientras que otras fechas eran indicativas del tiempo que iba a hacer en las semanas posteriores. En su 'Meteorológica', Aristóteles (348-322 a. C.) estudió todo tipo de fenómenos atmosféricos, geológicos e hidrológicos. Este libro fue el texto de referencia sobre la materia hasta bien entrado el siglo XVII.
Los romanos mantuvieron este interés por la meteorología, que se basó en la observación y registro de los patrones de fenómenos con los que realizar predicciones prácticamente hasta el siglo XVII. Es entonces cuando sabios como Galileo Galilei, Robert Boyle y Robert Hooke crearon y mejoraron instrumentos como el termómetro, el anemómetro o el barómetro, sentando las bases de la meteorología científica.
El telégrafo
La era contemporánea de los pronósticos nació con el desarrollo del telégrafo eléctrico, a partir de 1833, que posibilitó obtener al instante el estado del tiempo desde diferentes puntos de observación, lo que permitía a los expertos realizar predicciones cada vez más fiables. Los diferentes países desarrollaron sus servicios meteorológicos nacionales, casi todos creados con fines militares. Austria inauguró el suyo en 1851, el Reino Unido en 1854 y Francia en 1855. En España, un Real Decreto ordenaba la apertura del Instituto Central Meteorológico en 1860.
El tiempo había dejado de ser cosa de brujos.
http://www.diariosur.es/20090309/sociedad/brujo-tiempo-20090309.html
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Por la que brilla el sol



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MensajeTema: Re: El brujo del tiempo   Lun Mar 09, 2009 4:45 am

los brujos del tiempo actuales fallan ,la nevada que cayó en madrid en enero lo colapsó todo What a Face
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