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Historia del Egipto Faraónico
 
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 Devuélveme mi tesoro

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Maat



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Fecha de inscripción : 17/06/2007

MensajeTema: Devuélveme mi tesoro   Mar Sep 08, 2009 11:48 pm

Devuélveme mi tesoro


Los grandes museos de arte antiguo se enfrentan a las demandas delos países perjudicados por la salida incontrolada de sus joyas artísticas


GERARDO ELORRIAGA

«Ciegos están los ojos que vierten lágrimas mientras ven, oh amada Grecia, tus sagrados objetos saqueados, por profanas manos inglesas». Lord Byron escribió estos versos para condenar el expolio del Partenón, perpetrado hace 200 años por iniciativa de Thomas Bruce, embajador del Reino Unido ante el Imperio Otomano. La lírica del gran poeta romántico fue la primera protesta que quedó escrita. Tras la consecución de la independencia, el Gobierno griego ha recurrido a todo tipo de argumentos para conseguir la restitución de los denominados mármoles del Museo Británico, una colección de piezas extraídas de dicha joya de la Antigüedad y que aquel diplomático pretendió destinar a la decoración de su residencia privada en Escocia.
Por fortuna, la ambiciosa pretensión de Bruce no llegó a materializarse. Posteriormente, la institución inglesa adquirió la colección y hoy retiene 56 de los paneles que componían el friso del templo, 15 de sus metopas y 17 estatuas del frontispicio. A lo largo del último siglo, se han sucedido los requerimientos de Atenas, siempre infructuosos, para que le sean devueltas las obras. Fue uno de los objetivos de la actriz Melina Mercouri durante su etapa como ministra de Cultura y la reciente inauguración de un museo a los pies de la Acrópolis ha reavivado la polémica. El moderno edificio, una creación del arquitecto belga Bernard Tschumi y del griego Mijail Fotiadis, pretende reunir la dispersa relación de piezas y, con el apoyo gubernamental, trata de obtener algún tipo de acuerdo que permita la reincorporación definitiva de los frisos y esculturas.
Sin embargo, las objeciones de Londres parecen impedir este reencuentro. Las autoridades han aludido a la falta de espacios adecuados en sus lugares de procedencia para negar la devolución, pero ésta ha sido, a menudo, la más débil de sus excusas puesto que resultaba perfectamente rebatible, como ha ocurrido en este caso. Gran Bretaña también se ha escudado en una ley promulgada en el Parlamento en 1753 que prohibe la salida de obras de arte, pero en realidad el mayor problema radica en la probabilidad de que esta cesión animaría otras muchas iniciativas con similares fundamentos. Además, la gran mayoría de las posibles solicitudes son aún más recientes y se han producido en circunstancias no menos sospechosas.
Los fondos de los grandes museos de la Antigüedad, tanto en Europa como en Norteamérica, se nutren del producto de las campañas arqueológicas, fundamentalmente las realizadas en la primera mitad del siglo XX por Gran Bretaña, Francia y Alemania. Tampoco hay que desdeñar el provecho obtenido por operaciones comerciales que resultan cuestionables desde la perspectiva actual, aunque sus beneficiarios aludan al escrupuloso marco legal en el que tuvieron lugar dichas transacciones.
Coyuntura política
A menudo, estos desventajosos tratos se explican por la coyuntura política en la que se desarrollaron las excavaciones, o los acuerdos, a menudo firmados en un marco colonial o de dominación de una potencia extranjera. Así, el caso del Partenón remite a la situación de Grecia como una provincia del Imperio Turco y a las facilidades proporcionadas a Londres, aliado de Estambul, para hacerse con tales riquezas artísticas. Aunque se trata de un caso paradigmático, tan sólo es uno más de una larga lista de hallazgos y partidas, de tesoros envueltos en la polémica.
El Museo de Pérgamo, en la capital germana, posee fondos excepcionales vinculados al Cercano y Medio Oriente. Destaca la reconstrucción de La Puerta de Ishtar, aunque parte de los relieves que la decoraban se encuentran diseminados entre el Museo Arqueológico de Estambul, el Instituto de Artes de Detroit o el Museo de Bellas Artes de Boston, entre otros centros, aunque el renovado espacio recibe, y maravilla, al espectador con el excepcional Altar de Pérgamo.
Los acuerdos con la administración otomana tan sólo preveían que una tercera parte de los objetos encontrados fueron enviados a Alemania, pero su ascendiente permitió que la integridad de lo recuperado llegara a Berlín incumpliendo los principios del acuerdo. Los rusos se apropiaron de este excepcional conjunto tras la caída del III Reich y lo trasladaron al Hermitage, de San Petersburgo, aunque fue devuelto en 1959.
La misma suerte corrió el Tesoro de Príamo, una colección de objetos que el arqueólogo Heinrich Schliemann halló en el emplazamiento de la antigua Troya, situada en la región turca de Anatolia. Al parecer, lo trasladó subrepticiamente a Grecia y de ahí a Berlín. Sin embargo, en esta ocasión, Moscú no se aviene a devolverlo, aunque tampoco resulta sencillo averiguar quién ha de ser su legítimo propietario, ya que tanto Ankara como Atenas han hecho llegar reclamaciones al respecto.
Egipto, el más perjudicado
Aunque el conflicto entre Grecia y Reino Unido acapara la atención, sin duda es Egipto el país más perjudicado por la rapiña, un proceso que se remonta a la ocupación romana y que ha continuado hasta la época contemporánea por obra, y codicia, de nativos y extranjeros. La ubicación en Roma de varios obeliscos, incluido el Lateranense, el más esbelto de los que se conservan, se remonta a ese capítulo de la Historia, aunque existen también piezas en Londres e, incluso, en pleno Central Park neoyorquino.
El interés de los expertos occidentales y la connivencia de los gobernadores turcos explican la salida masiva y sistemática de joyas arquitectónicas de todos los órdenes. Zahi Hawas, secretario general del Consejo Superior de Antigüedades de Egipto, se ha convertido en el adalid de la causa restitutoria, no sólo en su país, sino también a nivel internacional promoviendo encuentros de Estados damnificados.
Su propuesta es la elaboración de un catálogo de bienes demandados y medidas como la denuncia y la no colaboración con las entidades bajo sospecha que se niegan a dialogar. En el caso de Egipto, destaca la petición de que sea devuelto el busto de Nefertiti, aduciendo que Ludwig Borchardt, su descubridor, inventarió la pieza falseando su verdadero valor. Aunque hace siete años, el länder de Baviera devolvió el sarcófago recubierto de oro de Akhenatón, la república federal ha de hacer frente a otras reclamaciones que cuestionan la procedencia de las ricas colecciones que se exhiben en la Isla de los Museos, en el corazón de la capital alemana.
El Louvre, que también conserva un fragmento del friso del Partenón, no se libra de las acusaciones. La riqueza de los fondos galos hunde sus raíces en las campañas napoleónicas, extraordinariamente dañinas para la pintura española, por ejemplo. En un principio, la piedra de Rosetta se mantuvo bajo control de las tropas imperiales, aunque fueron los ingleses quienes se apoderaron definitivamente de esta pieza clave para la comprensión de los jeroglíficos, y hoy se halla en el Museo Británico, paradero de buena parte de las mejores muestras del arte antiguo.
Los museos norteamericanos han llegado relativamente tarde a la rapiña y algunos han debido hacer frente por la vía judicial a sus peores estrategias de aprovisionamiento. El Museo Getty de Los Ángeles y Marion True, una de sus conservadores, han debido hacer frente a querellas italianas y griegas por haber adquirido piezas extraídas ilegalmente de yacimientos etruscos y helenos, avaladas por la documentación proporcionada por Giacomo Medici, uno de los principales traficantes del sur de Europa. Esta medida impulsó, hace pocos años, al Metropolitan a devolver a Italia piezas tan importantes como el Vaso de Eufronios y reconocer la propiedad romana del Tesoro de Morgantina, y supuso una cierta esperanza sobre el fin de una práctica que viola la propiedad de los pueblos sobre su patrimonio.
La restitución ha logrado grandes victorias, como el obelisco de Axum, recuperado por Etiopia, y la puesta en marcha de propuestas como la creación por la Unesco de un comité específico, las disputas proliferan, favorecidas por la condición de desigualdad entre las potencias, siempre abiertas a la recepción de tesoros, y los países del Sur, habituales víctimas.
Latinoamérica, África y Asia acumulan también demandas. Así, México reclama el penacho de Moctezuma, expuesto en el Museo Etnográfico de Viena, Nigeria protesta por el saqueo de los yacimientos de la cultura de Benin y Camboya intenta que las ruinas de Angkor Vat dejen de ser el paraíso de los ladrones internacionales. Pero, los fallos judiciales y la presión de las organizaciones internacionales no bastan para detener un tráfico ilícito, ancestral y pujante, capaz de mover unos 3.000 millones de dólares anuales gracias a la codicia de coleccionistas públicos y privados.
http://www.ideal.es/granada/20090909/cultura/devuelveme-tesoro-20090909.html
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Por la que brilla el sol



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Fecha de inscripción : 13/07/2008

MensajeTema: Re: Devuélveme mi tesoro   Miér Sep 09, 2009 12:58 am

Maat escribió:
Devuélveme mi tesoro


Los grandes museos de arte antiguo se enfrentan a las demandas delos países perjudicados por la salida incontrolada de sus joyas artísticas


GERARDO ELORRIAGA

«Ciegos están los ojos que vierten lágrimas mientras ven, oh amada Grecia, tus sagrados objetos saqueados, por profanas manos inglesas». Lord Byron escribió estos versos para condenar el expolio del Partenón, perpetrado hace 200 años por iniciativa de Thomas Bruce, embajador del Reino Unido ante el Imperio Otomano. La lírica del gran poeta romántico fue la primera protesta que quedó escrita. Tras la consecución de la independencia, el Gobierno griego ha recurrido a todo tipo de argumentos para conseguir la restitución de los denominados mármoles del Museo Británico, una colección de piezas extraídas de dicha joya de la Antigüedad y que aquel diplomático pretendió destinar a la decoración de su residencia privada en Escocia.
Por fortuna, la ambiciosa pretensión de Bruce no llegó a materializarse. Posteriormente, la institución inglesa adquirió la colección y hoy retiene 56 de los paneles que componían el friso del templo, 15 de sus metopas y 17 estatuas del frontispicio. A lo largo del último siglo, se han sucedido los requerimientos de Atenas, siempre infructuosos, para que le sean devueltas las obras. Fue uno de los objetivos de la actriz Melina Mercouri durante su etapa como ministra de Cultura y la reciente inauguración de un museo a los pies de la Acrópolis ha reavivado la polémica. El moderno edificio, una creación del arquitecto belga Bernard Tschumi y del griego Mijail Fotiadis, pretende reunir la dispersa relación de piezas y, con el apoyo gubernamental, trata de obtener algún tipo de acuerdo que permita la reincorporación definitiva de los frisos y esculturas.
Sin embargo, las objeciones de Londres parecen impedir este reencuentro. Las autoridades han aludido a la falta de espacios adecuados en sus lugares de procedencia para negar la devolución, pero ésta ha sido, a menudo, la más débil de sus excusas puesto que resultaba perfectamente rebatible, como ha ocurrido en este caso. Gran Bretaña también se ha escudado en una ley promulgada en el Parlamento en 1753 que prohibe la salida de obras de arte, pero en realidad el mayor problema radica en la probabilidad de que esta cesión animaría otras muchas iniciativas con similares fundamentos. Además, la gran mayoría de las posibles solicitudes son aún más recientes y se han producido en circunstancias no menos sospechosas.
Los fondos de los grandes museos de la Antigüedad, tanto en Europa como en Norteamérica, se nutren del producto de las campañas arqueológicas, fundamentalmente las realizadas en la primera mitad del siglo XX por Gran Bretaña, Francia y Alemania. Tampoco hay que desdeñar el provecho obtenido por operaciones comerciales que resultan cuestionables desde la perspectiva actual, aunque sus beneficiarios aludan al escrupuloso marco legal en el que tuvieron lugar dichas transacciones.
Coyuntura política
A menudo, estos desventajosos tratos se explican por la coyuntura política en la que se desarrollaron las excavaciones, o los acuerdos, a menudo firmados en un marco colonial o de dominación de una potencia extranjera. Así, el caso del Partenón remite a la situación de Grecia como una provincia del Imperio Turco y a las facilidades proporcionadas a Londres, aliado de Estambul, para hacerse con tales riquezas artísticas. Aunque se trata de un caso paradigmático, tan sólo es uno más de una larga lista de hallazgos y partidas, de tesoros envueltos en la polémica.
El Museo de Pérgamo, en la capital germana, posee fondos excepcionales vinculados al Cercano y Medio Oriente. Destaca la reconstrucción de La Puerta de Ishtar, aunque parte de los relieves que la decoraban se encuentran diseminados entre el Museo Arqueológico de Estambul, el Instituto de Artes de Detroit o el Museo de Bellas Artes de Boston, entre otros centros, aunque el renovado espacio recibe, y maravilla, al espectador con el excepcional Altar de Pérgamo.
Los acuerdos con la administración otomana tan sólo preveían que una tercera parte de los objetos encontrados fueron enviados a Alemania, pero su ascendiente permitió que la integridad de lo recuperado llegara a Berlín incumpliendo los principios del acuerdo. Los rusos se apropiaron de este excepcional conjunto tras la caída del III Reich y lo trasladaron al Hermitage, de San Petersburgo, aunque fue devuelto en 1959.
La misma suerte corrió el Tesoro de Príamo, una colección de objetos que el arqueólogo Heinrich Schliemann halló en el emplazamiento de la antigua Troya, situada en la región turca de Anatolia. Al parecer, lo trasladó subrepticiamente a Grecia y de ahí a Berlín. Sin embargo, en esta ocasión, Moscú no se aviene a devolverlo, aunque tampoco resulta sencillo averiguar quién ha de ser su legítimo propietario, ya que tanto Ankara como Atenas han hecho llegar reclamaciones al respecto.
Egipto, el más perjudicado
Aunque el conflicto entre Grecia y Reino Unido acapara la atención, sin duda es Egipto el país más perjudicado por la rapiña, un proceso que se remonta a la ocupación romana y que ha continuado hasta la época contemporánea por obra, y codicia, de nativos y extranjeros. La ubicación en Roma de varios obeliscos, incluido el Lateranense, el más esbelto de los que se conservan, se remonta a ese capítulo de la Historia, aunque existen también piezas en Londres e, incluso, en pleno Central Park neoyorquino.
El interés de los expertos occidentales y la connivencia de los gobernadores turcos explican la salida masiva y sistemática de joyas arquitectónicas de todos los órdenes. Zahi Hawas, secretario general del Consejo Superior de Antigüedades de Egipto, se ha convertido en el adalid de la causa restitutoria, no sólo en su país, sino también a nivel internacional promoviendo encuentros de Estados damnificados.
Su propuesta es la elaboración de un catálogo de bienes demandados y medidas como la denuncia y la no colaboración con las entidades bajo sospecha que se niegan a dialogar. En el caso de Egipto, destaca la petición de que sea devuelto el busto de Nefertiti, aduciendo que Ludwig Borchardt, su descubridor, inventarió la pieza falseando su verdadero valor. Aunque hace siete años, el länder de Baviera devolvió el sarcófago recubierto de oro de Akhenatón, la república federal ha de hacer frente a otras reclamaciones que cuestionan la procedencia de las ricas colecciones que se exhiben en la Isla de los Museos, en el corazón de la capital alemana.
El Louvre, que también conserva un fragmento del friso del Partenón, no se libra de las acusaciones. La riqueza de los fondos galos hunde sus raíces en las campañas napoleónicas, extraordinariamente dañinas para la pintura española, por ejemplo. En un principio, la piedra de Rosetta se mantuvo bajo control de las tropas imperiales, aunque fueron los ingleses quienes se apoderaron definitivamente de esta pieza clave para la comprensión de los jeroglíficos, y hoy se halla en el Museo Británico, paradero de buena parte de las mejores muestras del arte antiguo.
Los museos norteamericanos han llegado relativamente tarde a la rapiña y algunos han debido hacer frente por la vía judicial a sus peores estrategias de aprovisionamiento. El Museo Getty de Los Ángeles y Marion True, una de sus conservadores, han debido hacer frente a querellas italianas y griegas por haber adquirido piezas extraídas ilegalmente de yacimientos etruscos y helenos, avaladas por la documentación proporcionada por Giacomo Medici, uno de los principales traficantes del sur de Europa. Esta medida impulsó, hace pocos años, al Metropolitan a devolver a Italia piezas tan importantes como el Vaso de Eufronios y reconocer la propiedad romana del Tesoro de Morgantina, y supuso una cierta esperanza sobre el fin de una práctica que viola la propiedad de los pueblos sobre su patrimonio.
La restitución ha logrado grandes victorias, como el obelisco de Axum, recuperado por Etiopia, y la puesta en marcha de propuestas como la creación por la Unesco de un comité específico, las disputas proliferan, favorecidas por la condición de desigualdad entre las potencias, siempre abiertas a la recepción de tesoros, y los países del Sur, habituales víctimas.
Latinoamérica, África y Asia acumulan también demandas. Así, México reclama el penacho de Moctezuma, expuesto en el Museo Etnográfico de Viena, Nigeria protesta por el saqueo de los yacimientos de la cultura de Benin y Camboya intenta que las ruinas de Angkor Vat dejen de ser el paraíso de los ladrones internacionales. Pero, los fallos judiciales y la presión de las organizaciones internacionales no bastan para detener un tráfico ilícito, ancestral y pujante, capaz de mover unos 3.000 millones de dólares anuales gracias a la codicia de coleccionistas públicos y privados.
[url=http://www.ideal.es/granada/20090909/cultura/devuelveme-tesoro-20090909.html
http://www.ideal.es/granada/20090909/cultura/devuelveme-tesoro-20090909.html[/quote[/url]]


si han sacado las cosas de forma no legal tienen que devolverlas a los países de donde las sacaron.
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