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Historia del Egipto Faraónico
 
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 Fernando Schwartz viaja al Egipto de principios del siglo XX

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Maat



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MensajeTema: Fernando Schwartz viaja al Egipto de principios del siglo XX   Jue Oct 01, 2009 10:18 am

Fernando Schwartz viaja al Egipto de principios del siglo XX en 'El príncipe de los oasis'
El diplomático y escritor Fernando Schwartz mezcla ficción y realidad en la "novela de viajes" 'El príncipe de los oasis' (Espasa), que retrata Egipto a principios del siglo XX. La obra (la undécima novela de Schwartz) se centra en la figura del personaje real de Ahmed Mohammad Makhluf Hassanên al-Bulaki ('Ahmed Hassanein Bey', en la novela), explorador y político cairota.

"Quería reflejar las dos realidades egipcias diferentes", explicó el autor, en una referencia a la vida elitista que llevó su protagonista contrastada con "lo que sufrió la sociedad egipcia por modernizarse".

Ya'kub, un joven mitad árabe, mitad occidental, criado y educado en Inglaterra (donde creció con el nombre de Jamie), regresa a Alejandría para reencontrarse con sus raíces islámicas. Junto a su padre (el gran Hassanein Bey), un aristócrata de la corte egipcia, emprenderá un peligroso viaje a los oasis de Libia. Desorientado por las hormonas y el cambio de cultura, Ya'kub se guía por la figura paterna a través de fastuosos palacios de El Cairo, pero también por sus barrios "canallas".

GRAN EXPLORADOR

Bajo el punto de vista del joven Ya'kub, Schwartz novela las hazañas de Ahmed Hassanein Bey, que fue preceptor del rey Faruk, marido de la reina madre viuda Nazli, esgrimista en las Olimpiadas de 1920 y, sobre todo, aventurero y descubridor de las pinturas rupestres de los montes Uweinat (en la confluencia fronteriza de Libia, Egipto y Sudán) y otros oasis perdidos del desierto de Libia.

"En los años 20, El Cairo era un popurrí de todo", reveló el escritor, quien piensa que ciertos rincones de la ciudad (como los mercados) "siguen iguales" o "peores" (en el caso de edificaciones clásicas) de lo que eran a principios del siglo.

La travesía real de Hassanein Bey por el desierto duró siete meses y más de 3.000 kilómetros. Schwartz viajó un mes por Egipto ("para ver e imaginar como eran las casas y cómo la gente vivía y respiraba en aquella época"), incluyendo el desierto en su ruta. "El desierto es asombroso y te limpia. No hay mejor lugar para meditar", declaró el también periodista, quien durmió y cenó con beduinos una noche acampado en el 'Gran Mar de Arena'.

"NO ES UNA NOVELA SENTIMENTAL"

'El príncipe de los oasis' llega tras el éxito de 'El cuenco de laca', de 2008, consolidando la predilección del escritor por el género de la novela. Schwartz (Madrid, 1937) reveló que sus historias empiezan a conformarse después de encontrar "un personaje seductor", como fue el caso de Ahmed Hassanein Bey, presentado al escritor por un amigo egipcio.

Al contrario de 'El cuenco de laca', 'El príncipe de los oasis' "no es una novela sentimental". "Es una novela de viajes", calificó el autor, quien reveló ser "divertido" documentarse para sus libros. Sin embargo, el ganador del Premio Planeta (1996) y del Premio Primavera (2006) confesó que le "cuesta" "separar la realidad de la ficción" en sus obras.



http://www.europapress.es/cultura/libros-00132/noticia-fernando-schwartz-viaja-egipto-principios-siglo-xx-principe-oasis-20091001180532.html
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MensajeTema: Fernando Schwartz viaja al Egipto de principios del siglo XX   Sáb Oct 03, 2009 11:43 pm

Hassanein Bey, un beduino heroico





CARMEN G. FRIGOLET 04/10/2009

Con estudios en Oxford y alma egipcia, este diplomático se convirtió en instructor del rey Faruk y fue un legendario explorador. ‘El príncipe de los oasis’, el nuevo libro de Fernando Schwartz, novela su aventura por el Gran Mar de Arena en 1923.

El beduino ve venir la muerte. Perdido en el desierto. Con la sed arañándole por dentro. No halla la salvación. Y se encomienda a la divina providencia. Sin respuestas. En ese instante envuelve su cuerpo en una pesada manta, de pelo de camello, y decide aguardar lo inevitable.
Ahmed Hassanein Bey (1889-1946) sintió ese desamparo antes de alcanzar el oasis de Kufra en el invierno de 1921. Se juró que si salía con vida no volvería a pisar tan despiadado lugar. Dos años más tarde emprendió, sin embargo, otro viaje por el Gran Mar de Arena. Una árida extensión del Sáhara, desde el noroeste de Egipto hasta sus fronteras con Libia y Sudán. Feudo de los temidos guerreros senussi. El escritor Fernando Schwartz (Ginebra, 1937) desmenuza estas dos expediciones en su nuevo libro, El príncipe de los oasis (Espasa Calpe). Conserva, con algunos toques de ficción, las peculiaridades del aventurero. Le descubrió a través de un viejo amigo y egiptólogo llamado Farid Kioumji, un cairota cristiano, afincado en Mallorca, que se dedica a rescatar manuscritos islámicos y subastarlos en Londres.
“Me fascinó de Hassanein su corazón beduino”, reseña el autor. Este hombre del desierto, hijo de un erudito profesor de la universidad islámica de Al-Azhar y nieto de un almirante de la marina egipcia, estudió leyes en Oxford. Hablaba inglés como un nativo. Trabajó como diplomático en la Embajada de Washington y de Londres. Era, en apariencia, la encarnación de un país árabe que avanzaba. Con trazas de ese recién extinto dominio británico. De vuelta a ese Egipto independiente ocupó un cargo de secretario en el Ministerio de Interior. “Pero sus maneras occidentales no engañaban a otros diplomáticos de El Cairo. Cuando le rascan un poco, decían, se descubre como un nacionalista egipcio. Quería una sociedad más beduina. Y esa mezcla de tradición y carácter me resultó muy seductora”.
Schwartz plasma en su relato cuán diferente podría resultar la vida en el Nilo de la vida a la orilla del Támesis. Buceó durante año y medio, tiempo que invirtió en escribir su novela, en infinitos documentos. Entre ellos, el libro The lost oases (1925), las memorias en las que el propio Hassanein narró cómo descubrió los oasis perdidos de Arkenu y Uweinat en 1923. Después de 2.200 millas y ocho meses de dura travesía que subrayó con asfixiantes descripciones como éstas:
“Las rachas llegaban de tres en tres o de cuatro en cuatro. Entre cada oleada había un momento de respiro en el que todo se quedaba en calma. Hasta que el viento volvía de nuevo con más fuerza. Entonces era preciso apartar la cara y hacer de la kufiyya una pantalla sujeta con las dos manos. Sólo así se podía respirar. La arena lo ocupa todo, lo invade todo. Llena la ropa, la comida, los pertrechos; la arena se percibe, se respira, se come, se bebe, se odia”.
Para entender la crudeza del paisaje, el escritor Fernando Schwartz partió hacia el Gran Mar de Arena. “Quería trasladar a mi libro la resistencia de un hombre como Hassanein frente a la adversidad más hostil”, explica. Y, salvando las distancias, reconoce haber sentido los privilegios e incomodidades del desierto, “restringiendo el agua hasta un uso mínimo. Durmiendo las noches a trozos en campamentos al raso. Disfrutando en silencio de un espectáculo”. Su esposa y cuatro amigos le acompañaron en el safari, de un mes de duración, en noviembre de 2008.
Esos caminos de arena y sed condujeron a Hassanein a un gran hallazgo en unas rocas del monte Uweinat. Razón por la que después pasaría a la historia. Unas pinturas rupestres con leones, jirafas y gacelas que evidenciaban la existencia de una civilización prehistórica en medio del desierto. El historiador Michael Haag, prologuista de la reedición de The lost oases (American University in Cairo Press, 2006), asegura que el impacto de este descubrimiento no fue inmediato. “Hassanein, al igual que otros exploradores, contó que existió una época en la que el Sáhara líbico se cubrió de verde. Aunque la cronología no es todavía clara. Pero el arqueólogo Michael A. Hoffman ya apunta en su obra Egipto antes de los faraones (1979) que la tierra roja (el desierto) fue fértil varios siglos, si no un milenio, antes del éxodo al valle y al delta del Nilo. La solución a este misterio depende ahora de nuestros estudios”.
Ante tal logro, Hassanein se convirtió en héroe nacional. El rey Fuad I le nombró asesor y le confirió el título honorífico de Bey. National Geographic publicó en septiembre de 1924 artículos suyos, con ilustraciones y fotografías, sobre la naturaleza geográfica y geológica de sus viajes. En Estados Unidos pretendían que diese conferencias acerca del desierto, vestido con la galabiya, la túnica tradicional bereber, y bajo pago de 20.000 dólares. Pero él se negó a ser una atracción de feria.
Enjuto, de piel cetrina, mirada penetrante, los rasgos exóticos de Hassanein Bey irradiaban magnetismo. Recordaba a Rodolfo Valentino en el taquillazo de El Caíd (1921), donde un jeque árabe se enamora de una dama inglesa. El Bey se cruzó también con una bella británica divorciada, Rosita Forbes. Su ansia de aventura, romance con el Bey incluido, llevó al fracaso la primera expedición del explorador, quien la definió como una mujer “con poca habilidad para leer una brújula”. Madame Forbes alteró las incidencias del viaje en un libro, El secreto del Sáhara: Kufara (1921). Se autorretrató como “la fuerza motriz” de la expedición y relegó a Hassanein Bey a un segundo plano. El resentimiento era mutuo.
Pero el Bey no anduvo escaso de amores. Se casó en 1926 con Loutfia Yusri, hija de la riquísima princesa Shevekiar. La pareja tuvo cuatro hijos, dos chicos y dos chicas, según reseña Zeinobia, autora del blog Egyptian chronicles. Pero la historia acabó en divorcio escandaloso con líos de faldas de por medio. El Bey era una persona influyente y nunca se alejó del círculo monárquico. A la muerte del rey Fuad ascendió a Pasha y se encargó de la educación del príncipe Faruk, quien accedió al trono con 16 años. Y en 1943 se unió, en segundas nupcias y en secreto, con la reina Nazli, la viuda de Fuad. Aunque se dijo que por aquel entonces Hassanein se veía a escondidas con una popular cantante siria llamada Asmahan.
La muerte le sobrevino a los 56 años. Lejos del desierto. Atropellado por un camión militar inglés en Qasr al-Nil. Sus restos descansan en un mausoleo construido por su cuñado, Hassan Fathy, el célebre “arquitecto de los pobres”. “A Hassanein se le recuerda como diplomático y explorador”, afirma el historiador Michael Haag, pese a que destacó en otros ámbitos. Fue ducho en el arte de batirse con el florete y formó parte del equipo egipcio de esgrima en los Juegos Olímpicos de Amberes en 1920. Y una década más tarde quiso establecer la primera línea aérea directa Londres-El Cairo, sin éxito, después de tres vuelos funestos. Todos esos detalles han sido recogidos en una teleserie de gran audiencia sobre el rey Faruk emitida recientemente por el canal egipcio MBC. Las nuevas generaciones de egipcios contemplan ahora a Hassanein, concluye Haag, “con interés, como un político humano, de principios, importante durante la II Guerra Mundial; un hombre lleno de sabiduría”.http://www.elpais.com/articulo/portada/Hassanein/Bey/beduino/heroico/elpepusoceps/20091004elpepspor_4/Tes
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MensajeTema: Re: Fernando Schwartz viaja al Egipto de principios del siglo XX   Dom Oct 04, 2009 2:11 am

foto de 1923



http://en.wikipedia.org/wiki/Ahmed_Hassanein
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Maat



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MensajeTema: Fernando Schwartz viaja al Egipto de principios del siglo XX   Mar Nov 17, 2009 11:43 pm

FERNANDO SCHWARTZ
«La soledad del desierto me permitió reencontrar algunas de mis coordenadas» Mañana presenta en Donostia su undécima novela, una aventura entre camellos y dunas


18.11.09 - MIKEL G. GURPEGUI
Fernando Swartz ha regresado al desierto. Esta vez con la imaginación y siguiendo las huellas perdidas de un personaje histórico, Ahmen Hassanein Bey, descubridor de oasis y de pinturas rupestres en el Egipto de los años 20.
- La fascinación del desierto que se respira en su libro, ¿de dónde y cuándo le viene?
- De muy lejos. Yo viví en el desierto una parte de mi carrera profesional. A mí en realidad me fascina un poco todo, tanto el mar como el desierto. Creo que para cada momento hay un panorama idóneo. En un momento determinado de mi vida, el panorama de la soledad del desierto me permitió reencontrar algunas de mis coordenadas.
- «Si tu alma es fuerte, el desierto te responderá con fortaleza. Si eres débil, te destruirá». ¿Es así?
- Realmente lo es. Como no tiene más alma que la que tú le das, el desierto es totalmente implacable.
- ¿Cómo conoció la figura de Ahmed Hassanein Bey?
- Yo vivo en Mallorca, en un sitio apartado. Tengo cerca de mí un amigo que es egipcio, un hombre muy culto que es coleccionista de libros, mapas y fotos. Un día me dijo que había un tipo muy curioso en Egipto, que se llamaba Ahmed Hassanein Bey, y que seguro que me gustaría conocerlo. Empecé a investigar un poquito sobre él. Era de la época de Lazslo Almasy, el que después se transformaría en El paciente inglés. Me sedujo. Vi que había una novela y aquí está.
- Utiliza personajes históricos pero termina repasando los datos de la novela que son ficticios. ¿Cómo se ha planteado ese juego entre lo real y lo fabulado? ¿Le parecía que lo más honesto era entrar en la historia con libertad y luego aclararlo?
- El personaje no es inventado pero las peripecias que yo reflejo sí, salvo su paseo por el desierto. Me parecía honradísimo hacer mi novela y explicarlo al final, de forma que una vez que el lector ha finalizado de leerla, si le apetece seguir, que lo mire, y si no, que se quede en la novela. Si al hecho de buscar un pasaje histórico que me interesa, el Egipto de los años 20, le añades un personaje que es real pero al que le inventas su peripecia, es como una voluta de humo de un puro. El puro es la realidad y la voluta de humo, la fantasía. Eso es lo que he intentado hacer con el libro.
- 'El príncipe de los oasis' tiene elementos de aventura clásica, de romance, de iniciación a la vida, de descripción de una sociedad,. ¿A qué tipo de lector cree que enganchará más?
- Dios mío, no lo sé. En este caso he pretendido hacer una novela bastante nítidamente de aventuras. Pero no me parecía posible hacer simplemente aventura si no había por medio un personaje joven como éste (Ya'kub, hijo del Bey) al que se le daba una educación sentimental en una situación complicada como la del Cairo entonces. Mi idea inicial fue irme a lo Kipling, novela de aventuras exótica.
- Leyendo el libro pueden venir a la mente imágenes de películas como 'Lawrence de Arabia' o 'El paciente inglés'. ¿Se ha inspirado también en ellas?
- No tiene mucho que ver, aunque Lawrence y Almasy coincidieron en el tiempo y en un lugar específico, en el norte de Egipto. Hombre, son dos películas excelentes. No tengo ninguna pretensión de que alguien haga una película con mi novela. Me atraía reflejar algo poco reflejado, el momento de ebullición de la vida en El Cairo.
- Haber sido conocido en otras facetas (carrera diplomática, televisión) ha hecho que nos haya costado verle como literato. Con once novelas publicadas, ya nadie le podrá negar como escritor...
- Sí. Te encajan en un papel y al público le cuesta cambiar de chip. Cambiar de profesión cuesta. Yo no sé si lo que escribo es serio pero sí que escribo en serio.
- ¿Añora los tiempos del ya mitificado 'Lo + plus'?
- Y bien mitificado, que se han hecho pocos programas mejores en los últimos diez años. Para quienes lo hicimos, fue una bocanada de aire fresco. A veces lo echo de menos, pero no es repetible.

http://www.diariovasco.com/20091118/cultura/soledad-desierto-permitio-reencontrar-20091118.html
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