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 Khad, la droga que enloquece al África más pobre

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Maat



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MensajeTema: Khad, la droga que enloquece al África más pobre   Lun Feb 22, 2010 11:51 pm

Khad, la droga que enloquece al África más pobre

Mascan sus hojas de cuatro a seis horas diarias para experimentar un efecto similar al de la anfetamina. El consumo del arbusto 'Catha Edulis' es algo tan cotidiano y arraigado en países como Etipía y Somalia que su cultivo en Yemen casi ha acbado con los productos de la agricultura tradicional, que el gobierno se ve obligado a importar

JAVIER ESPINOSA



Los yemeníes recuerdan con sorna los?esfuerzos ímprobos que abanderó el primer ministro, Muhsin Al-Aini, a partir de 1972, contra el consumo de khat.

Primero consiguió que el entonces jefe de estado, Abdul-Rahman Al-Iryani -que también era una reconocida figura religiosa- emitiera una fatwa que incidía en el carácter anti-islámico de dicha práctica. La proclama tuvo el mismo efecto que la que apadrinó el imán Sharaf Ed-Din en el siglo XIX: ninguno.

El jefe del gobierno recurrió entonces a una iniciativa ciertamente singular. Según relata el autor Yusuf Al-Shiraif en la revista Weghat Nazar, Al-Aini importó una cantidad ingente de orugas de Egipto, pensando que podían arrasar las plantaciones del arbusto. "Pero parece ser que los gusanos egipcios rechazaron intervenir en ese operativo", rememora Al-Shiraif con ironía.

El político debía de ser un personaje terco, ajeno al desaliento, porque como última estratagema decidió lanzar una campaña publicitaria contra la planta basada en poemas y escritos de reconocidos intelectuales. Uno de los participantes en la ofensiva ideológica, Ahmed Al-Mualimi, escribió un verso recordado no por su valor literario, sino por la polémica que generó: El khat es diabólico y su cura es muy difícil, es un insulto y una vergüenza, nos está hundiendo en el barro, es una plaga...

Palabras devastadoras, debió de pensar Al-Aini, que ordenó, raudo y veloz, que la composición se difundiera en todos los diarios oficiales. La iniciativa fue abortada incluso antes de pasar a la linotipia. El primer ministro descubrió que Al-Mualimi redactó y declamó los versos mientras mascaba khat en un maqial, la tradicional sesión vespertina que dedica la sociedad yemení a este hábito.

El consumo de khat es una de las tradiciones más arraigadas de este país árabe, y lo ha sumido en un complejo debate. Entre un 50 y un 80% de la población masculina masca esta planta, de efecto similar al de las anfetaminas, sobre la que hay un entramado de devoción y crítica.

En cualquier recorrido por el interior de Yemen se suceden los cultivos de esta especie, reconocibles porque aparecen cubiertos con telas de colores tan vivos (rojos, amarillos o naranjas) como inusuales en un paisaje especialmente árido. La ruta hacia Mahwit, al noroeste de Saná, está plagada de precarias tuberías tendidas, a través de terrenos yermos, que concluyen en las únicas extensiones verdes de la región: los plantíos de khat. "Esas plantas beben más agua que nosotros", dice con cierto humor negro Nridin Ahmed al-Maani, un niño de 7 años que, cada jornada, tiene que recorrer varios kilómetros para abastecer de agua a su familia.

BUENA CALIDAD. Los capitalinos no cesan de alabar la calidad de los tallos que se comercializan en Beit khatina, entre Saná y Mahwit, que si no fuera por estas plantaciones no pasaría de ser un remoto villorrio encaramado en las colinas.

Son las 12 del mediodía y el mercado local está abarrotado. Es una costumbre que se repite cada jornada en miles de recintos similares del país. Ocurra lo que ocurra, los yemeníes se abastecen a esa hora de su dosis diaria. No es una aseveración desmedida. Basta con recordar cómo esa misma escena se podía observar en Marzaq, al norte, donde los clientes eran decenas de soldados que habían abandonado la cercana línea del frente -allí se libran cruentos combates entre el ejército y la guerrilla Huzi- para adquirir la planta.

"En Somalia, los únicos aviones que llegan con puntualidad y pase lo que pase, es decir, se mate quien se mate, son los que transportan khat", manifestaba meses atrás en ese país africano el periodista Mohamed Amin, recordando que allí tienen que importarlo desde Kenia y Etiopía, en un ejercicio de perfección empresarial que desafía a la anarquía vigente en el territorio.

EN EL SALÓN Los orígenes del khat se sitúan en el este de Africa, en los territorios de la actual Etiopía, aunque los yemeníes también reclaman su paternidad. Los efectos de la planta ya eran conocidos en el antiguo Egipto, donde se le otorgó un carácter sagrado. La llamaban comida divina porque pensaban que permitía una suerte de transmutación del ser humano hacia la apoteosis.

Siglos de tradición han contribuido a rodear el maqial de un ceremonial cuyo eje central es el diwan (salón), construido expresamente para el ritual. Conocido también como Al-Mafraj, la habitación alargada está dotada de cojines instalados a ras de suelo y contra la pared, donde se reclinan los asistentes. En la ciudad vieja de Saná suele ocupar el último piso de las típicas edificaciones de adobe y piedra, lo que permite disfrutar de una majestuosa panorámica.

El protocolo comienza con una cuidadosa selección de las hojas que se van a mascar, que se arrancan una a una de las ramas desdeñando el resto. Los conocedores optan sólo por los tallos más tiernos y jugosos. "El truco es mascar hasta conseguir hacer una bola en el carrillo. El efecto no es inmediato, sino que se siente al cabo de un rato. Tiene una fase ascendente, cuando la gente se muestra muy locuaz, y otra de bajada, cuando se impone el silencio", indica Salvador Asensio, un español residente en Saná, asiduo de estos cónclaves. "Nos encanta contar chistes. Es el momento ideal para hacer amigos y es durante esas horas cuando realmente se hacen los negocios", precisa Mohamed Al-Uly, un yemení de 42 años.

Sin embargo, son incontables los estudios que han alertado sobre los efectos perniciosos que conlleva. Desde el perjuicio evidente que sufre la dentadura -los graves problemas dentales son habituales- a insomnio, complicaciones cardiacas y mentales, y una disminución del rendimiento sexual. Una contrariedad casi menor si se la compara con el demoledor daño que infringe a la economía local. No se trata sólo de las casi 20 millones de horas anuales que pierden los yemeníes en mascar -estamos hablando de sesiones de entre cuatro y seis horas diarias-, sino del quebranto que estos cultivos están generando a la agricultura y los recursos hídricos del país.

"Es una práctica suicida. Está destruyendo nuestra sociedad. Están agotando las reservas de agua y obligándonos a importar comida, porque lo único que se planta es khat. Hemos pasado de producir entre 1,5 y 2 millones de toneladas de grano al año en la década de los 60 y los 70 a menos de medio millón", explica el ministro de Irrigación, Abdul-Rahman al-Iryani. El Ministerio de Agricultura yemení dice que el terreno dedicado al khat ha pasado de las 8.000 hectáreas de la década de lo 70 a las 146.810 hectáres que se contabilizaban en el 2008, y que estos plantíos requieren ya cerca del 40% del agua dedicada al riego.

Abdel Karim al-Iryani, uno de los principales asesores del presidente de Yemen, Ali Abdullah Saleh, admite que la problemática está "fuera de control". "Esta planta se ha convertido en una gran industria en la que participan muchas personas influyentes y nadie tiene la intención de ponerle freno", aduce.

Según un estudio del Banco Mundial, la producción de khat representaba en 2001 un 25% del producto nacional bruto yemení, ocupaba a un 16% de la población laboral y se había apropiado del 50% de las tierras dedicadas a la agricultura. Los nativos son capaces de gastarse en él un 20% de sus ingresos. Aquí, los precios de cada bolsa rondan los 2.000 riales (casi 7 euros). En Somalilandia, en el norte de Somalia, el kilo se comercializa a 20 dólares (15 euros), pero allí se divide en bolsas de 250 gramos para abaratar el desembolso. "La razón por la que se cultiva en un país como Yemen es pura matemática. Con un kilo de patatas consiguen ganar un dólar. Con un kilo de tomates ente cuatro y seis dólares. Y con un kilo de khat, 26 dólares", explica Ramon Scoble, experto occidental en agricultura que reside desde hace años en el país.

EXCITANTE Este comercio multimillonario extiende su influencia a países vecinos como Etiopía, Yibuti, Somalia o Kenia. El mismísimo Banco Mundial estimó, en 2007, que Yibuti gastaba anualmente hasta 200 millones de dólares (143 millones de euros) en importar miles de toneladas del excitante vegetal. Para los países exportadores, principalmente Kenia y Etiopía, constituye un referente crucial de su economía. Según Mwangi S. Kimenyi, un experto keniano de la consultora Brookings Institution, Kenia envía 250 millones de dólares (185 millones de euros) de khat al año hacia Somalia, "desbancando al té como el producto más lucrativo de cara a la exportación". Algo similar ocurre en Etiopía, donde las 25.000 toneladas de esta planta que exportan representan unos ingresos de casi 140 millones de dólares (100 millones de euros), una cantidad que sólo supera el café y las semillas oleaginosas. Lo curioso es que, como ya ocurrió con Muhsin Al-Aini, la sociedad yemení es consciente del menoscabo que provoca la planta y son innumerables las campañas públicas que se han organizado para intentar frenar su expansión. El propio presidente Ali Abdullah Saleh prohibió su uso a funcionarios y militares en 1999. En 2003 promovió movilizaciones que reunieron a millones para erradicarlo. Pero, como en el caso de Al-Aini, esas acciones fueron tan ineficaces como precaria debía de ser la propia convicción de Saleh, que en 2007 prometió por enésima vez que iba a abandonar las sesiones de khat. LATIGAZOS El hábito tan sólo se reduce en algunas regiones sureñas, conocidas por sus profundas convicciones religiosas, como Hadramaut. Se da la circunstancia de que cuando este territorio era un país independiente bajo la férula del marxismo -entre 1967 y 1990-, el régimen impuso la norma de que el khat sólo se mascara los fines de semana. "Aquí es normal que los padres se opongan a la boda de su hija si descubren que el pretendiente lo consume. Los clérigos suelen criticarlo porque es una droga y tomar drogas es contrario al Islam", explica Omar Ali Makarem, estudiante de la universidad de Seiyun, la capital de la provincia de Hadramaut. El afán por mantener un severo código de conducta religioso fue también el motivo que llevó a las milicias islamistas somalíes a prohibir la planta en noviembre de 2006, tras hacerse con el poder en Mogadiscio. La prohibición concluyó muy pronto, en medio del caos que generó la invasión etíope apoyada por Estados Unidos, pero se reactivó el año pasado en algunas zonas del país, controladas por las fuerzas radicales de Al-Shabab. Ateniéndose a sus modos -proclives a los excesos- los activistas no dudaron en azotar a las féminas que se dedicaban a su comercio, llegando incluso a provocar manifestaciones en localidades como Baidoa. Sólo algunas voces de la diáspora somalí se han atrevido a aplaudir esta medida, conscientes del efecto demoledor que el estupefaciente tiene para la sociedad. "A veces, los movimientos más viles hacen algo bueno. Al-Shabab no lo ha prohibido porque esté preocupado por la salud de la población, sino porque piensa que puede llevar a la decadencia. Pero lo cierto es que la prohibición tendrá muchos beneficios en la salud de esa gente. Les permitirá ahorrar dinero, dientes y vidas. Un número incontable de esposas dejarán de ser golpeadas y cientos de niños no serán violados por hombres bajo los efectos de la más diabólica de las drogas", escribía Cabdi Yusuf en Hiraan Online, una de las páginas de información somalíes más frecuentadas por el exilio de la atribulada nación. Sumidos en una espiral que son incapaces de detener, los somalíes -como los yemeníes- resumen su ambivalencia hacia el khat con un viejo proverbio de ese pueblo africano: "Cuando mascas khat estás encima del mundo, pero cuando lo escupes el mundo se te cae encima".
http://www.elmundo.es/suplementos/magazine/2010/543/1266578353.html
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MensajeTema: Re: Khad, la droga que enloquece al África más pobre   Mar Feb 23, 2010 1:16 am

Maat escribió:
[b]EN EL SALÓN Los orígenes del khat se sitúan en el este de Africa, en los territorios de la actual Etiopía, aunque los yemeníes también reclaman su paternidad. Los efectos de la planta ya eran conocidos en el antiguo Egipto, donde se le otorgó un carácter sagrado. La llamaban comida divina porque pensaban que permitía una suerte de transmutación del ser humano hacia la apoteosis.

http://www.elmundo.es/suplementos/magazine/2010/543/1266578353.html

Ya me extrañaba a mi que no saliera el Egipto Antiguo en esto...quiero ver donde dice eso en el E.A. a ver el que ha escrito eso que lo demuestre...la que me faltaba ...los faraones mascando esa cosa... No
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Maat



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MensajeTema: Khad, la droga que enloquece al África más pobre   Mar Feb 23, 2010 11:34 pm

Menkaret escribió:
Maat escribió:
[b]EN EL SALÓN Los orígenes del khat se sitúan en el este de Africa, en los territorios de la actual Etiopía, aunque los yemeníes también reclaman su paternidad. Los efectos de la planta ya eran conocidos en el antiguo Egipto, donde se le otorgó un carácter sagrado. La llamaban comida divina porque pensaban que permitía una suerte de transmutación del ser humano hacia la apoteosis.

http://www.elmundo.es/suplementos/magazine/2010/543/1266578353.html

Ya me extrañaba a mi que no saliera el Egipto Antiguo en esto...quiero ver donde dice eso en el E.A. a ver el que ha escrito eso que lo demuestre...la que me faltaba ...los faraones mascando esa cosa... No

Se escriben muchas cosas inciertas.

saludos a todos
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MensajeTema: Re: Khad, la droga que enloquece al África más pobre   Miér Feb 24, 2010 1:30 am

Es que hay cosas absolutamente incomprensibles. Como desconozco el tipo de planta del que se habla empiezo a buscar información; sin ir mas lejos con la wiki me entero que su uso es legal en Gran Bretaña donde se vende en el mercado...y a un precio muy bajo.

http://es.wikipedia.org/wiki/Catha_edulis
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MensajeTema: Khad, la droga que enloquece al África más pobre   Miér Feb 24, 2010 1:58 am

Menkaret escribió:
Es que hay cosas absolutamente incomprensibles. Como desconozco el tipo de planta del que se habla empiezo a buscar información; sin ir mas lejos con la wiki me entero que su uso es legal en Gran Bretaña donde se vende en el mercado...y a un precio muy bajo.

http://es.wikipedia.org/wiki/Catha_edulis


Shocked ¿que? nunca había oído hablar de esa planta hasta ahora y resulta que hasta es legal en Inglaterra...
que cosas What a Face
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MensajeTema: Re: Khad, la droga que enloquece al África más pobre   Miér Feb 24, 2010 3:54 am

Menkaret escribió:
Es que hay cosas absolutamente incomprensibles. Como desconozco el tipo de planta del que se habla empiezo a buscar información; sin ir mas lejos con la wiki me entero que su uso es legal en Gran Bretaña donde se vende en el mercado...y a un precio muy bajo.

http://es.wikipedia.org/wiki/Catha_edulis

Citación :
En España la planta se encuentra bajo restricción a venta sólo a través de farmaceúticos (sin que exista tal presentación) por la ley que en el año 2006 restringió la venta de cerca de 200 plantas por su presunta toxicidad.

es decir, en las farmacias hay
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Menkaret



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MensajeTema: Re: Khad, la droga que enloquece al África más pobre   Miér Feb 24, 2010 8:06 am

La verdad es que a mi me ha sorprendido tanto como a vosotros...pero es que tambien se vende como planta ornamental...Wink
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MensajeTema: Khad, la droga que enloquece al África más pobre   Miér Feb 24, 2010 9:25 am



y esta es la planta seca, que es como una especie de perejil seco



talktofrank.com/uploadedImages

Lo que puede ser duro, según dice la wiki es que la gente esté mascando la planta durante 7 horas Evil or Very Mad
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Menkaret



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MensajeTema: Re: Khad, la droga que enloquece al África más pobre   Miér Feb 24, 2010 9:39 am

No veas ...¿quien trabaja entonces?...porque entre mascar, comer y dormir se les ha ido ya el día entero...que gente...
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Maat



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MensajeTema: Khad, la droga que enloquece al África más pobre   Dom Mayo 02, 2010 2:31 pm

Yemen, una nación adicta al Qat
domingo, 02 de mayo de 2010

02 de mayo de 2010, 01:11Por Ulises Canales (*)

Se asegura que el presidente de Yemen puede errar en el manejo del conflicto con los Houthis y los separatistas del Sur, incluso en la estrategia antiterrorista, pero nada amenaza más su puesto como prohibir el consumo de Qat.

Y es que por exagerado que parezca, mascar esa hoja de color verde intenso y contornos festoneados con discretas puntas no sólo es un hábito al que sucumbe la inmensa mayoría de los yemenitas, sino que se asume como una suerte de patrimonio nacional o atributo patriótico.

No importa si es en Sanaa, la capital, en Taízz, en Ibb, en la cálida y costera Adén, o en la paradisíaca isla de Socotra, tampoco preocupa el escenario, pues se disfruta tanto en los más encortinados salones como en la más enlodada acera de una calle.

En recorridos y conversaciones con decenas de yemenitas en varias regiones de esta nación árabe, por demás tradicionalista hasta la médula, Prensa Latina se asomó a gran parte de lo que encierra el Qat, incluso como medidor de estratos sociales.

Apenas se aproxima el mediodía y los yemenitas exhiben una inocultable ansiedad por acudir a los puntos donde se vende la codiciada hoja empacada en bolsas de plástico y en dosis pensadas para masticarlas durante toda la tarde-noche.

El comercio minorista transcurre por lo general bajo improvisadas cabinas techadas o en una esquina a la sombra para evitar que el sol y el calor la marchiten, mientras los proveedores al por mayor tienen grandes "tiendas" donde se hacen voluminosas transacciones.

Vale acotar que el negocio y el consumo de Qat también están bastante afianzados en países del Cuerno Africano como Djiboutí, Etiopía, Somalia y Eritrea, y con frecuencia la compra-venta ocurre entre las dos orillas del Mar Rojo.

El Qat se vende en tres formas diferentes: "Edaan" (ramas que pueden alcanzar hasta un metro de tamaño), "RuÂ�us" (la cabeza u hojas y tallos tiernos de la punta del ramo, de unos cinco centímetros y más caras), y "Qatal" (hojas empacadas en pequeñas bolsas de plástico).

Mascar Qat, una especie de alucinógeno de sabor amargo que para los adictos "estimula", "excita", "desinhibe" y "permite socializar", es una curiosa y reveladora experiencia para foráneos, a quienes se les ofrece como una prueba más de la proverbial hospitalidad de Yemen.

Sin embargo, para los yemenitas -cuyas chozas y palacios disponen desde hace milenios de "salas para Qat"- se trata de una placentera liturgia, pese a las nocivas consecuencias sociales, económicas, políticas, ambientales y, sobre todo, para la salud. Tras hacerse con las ramitas y lavarlas, consumidores como Najiran detienen toda actividad productiva y procuran un sitio apacible en el que empieza el ritual de acariciar la hoja con los labios, olerla, morder su peciolo y escupir la parte que consideran desechable.

Si bien se masca dondequiera, lo más común es buscar un "mafraj" (la sala de los yemenitas) o un "tayramana", si es la habitación más alta del edificio o inmueble con ventanas en todos sus lados.

Cuando se es forastero, la mejor forma de hallar un "mafraj" es caminar exhibiendo la bolsa con el Qat y esperar a ser invitado a mascar en el recinto apropiado, algo que difícilmente falla.

La "sesión" también puede transcurrir mientras el consumidor atiende público en un comercio, guía a turistas, conduce un auto, da órdenes, si es ejecutivo, o dirige el tránsito, si es policía, pero se acompaña de agua y/o refresco de cola para mitigar la inevitable sed.

Pareciera que el país queda paralizado, al menos las primeras horas de la tarde, y en la noche retoma su frenética actividad, pero para entonces ya es común ver rostros con cachetes abultados por los bolos que forman los adictos mientras extraen el jugo a la hoja mascada.

Por lo general, se considera una "cuestión de hombres", pues se afirma que la ley prohíbe su consumo a menores, pero varios entrevistados admitieron que el hábito empieza cada vez a edades más tempranas (ocho ó 10 años), y se extiende entre no pocas mujeres.

Lo que antes se reservaba básicamente para las tardes de jueves (día de asueto semanal junto con el viernes en este país islámico) ahora es diario y a cualquier hora, incluso antes del mediodía.

Líderes comunitarios, autoridades de salud, periodistas y editoriales en influyentes publicaciones aseguran que tradicionales cultivos de café arábigo, uno de los más antiguos y famosos del mundo, y de papa, ceden terreno -nunca mejor dicho- a la cosecha de Qat.

Miles de hectáreas de tierras semiáridas que antes se dedicaban a cosechar alimentos, ahora cambian hacia el rentable negocio del Qat, por cuyos ramilletes puede llegar a pagarse hasta 100 dólares por una "ración" diaria, según su tipo y calidad.

En la provincia de Hajjah, por ejemplo, el precio que paga una persona por la dosis de un día ronda los 40 dólares, y las tiendas de venta al por mayor suelen cerrar a las 10:00 horas, tras agotar existencias debido a la elevada demanda.

Un periodista del diario Yemen Post que visitó esa demarcación afirmó haber constatado que la zona de Al-Mahabisha tiene sembrados al menos mil millones de arbustos de Qat, incluso en los picos más altos de las montañas, y, aún así, la demanda parece insaciable.

Datos oficiales indican que cada día se vende y exporta a países vecinos Qat por valor de más de mil millones de riales yemenitas (un dólar se cotiza a 224 riales), y cada comerciante compra en promedio el equivalente a unos 50 millones de riales.

No es casual que algunos afirmen que los ingresos por esa planta en Yemen exceden los de cualquier otro cultivo, al punto que se compara al Qat con las plantaciones de heroína en Afganistán.

Resulta contrastante que ello ocurra en el más pobre entre los países árabes, con una población de 23 millones de habitantes, de los cuales un tercio sufre inseguridad alimentaria y de estos, al menos 2,7 millones están en una situación alimentaria grave, según la ONU.

Yemen, señala el Programa Mundial de Alimentos, tiene uno de los índices de malnutrición más elevados del mundo, con el 58 por ciento de su niñez sufriendo carencias de nutrientes y al menos el 46 por ciento de los menores de cinco años con un peso inferior al normal.

Médicos cubanos que prestan sus servicios en Yemen fueron consultados por Prensa Latina sobre los efectos para la salud de ese hábito, y coincidieron en que son perniciosos, pues el Qat contiene sustancias que provocan hipertensión arterial y taquicardia.

En tanto estimulante y reconstituyente, explicaron, su consumo durante casi toda la segunda mitad de cada día hace que el corazón trabaje 12 horas sometido a gran carga, lo que quizás explique también las frecuentes miocardiopatías (corazón dilatado). A ello se añade que los pesticidas para fumigar el Qat seguramente son causantes de dolencias infecciosas, hepatitis y cirrosis hepática (aún sin consumir alcohol), además de problemas en la columna vertebral por la posición inclinada que adoptan mientras mascan.

El Qat es, además, el causante de que Yemen posea el triste privilegio de ser el país que más bolsas de plástico (para envasarlo) consume al año -alrededor de cinco mil millones de unidades-, según difundió hace poco una publicación local.

De ahí que los ecologistas pongan el grito en el cielo por el daño que provocan en la tierra esas bolsas, de muy demorada descomposición, cuando se tiran tras concluir una sesión de masticado.

Por si fuera poco, expertos agrónomos señalan que en promedio un árbol de Qat necesita siete veces más agua que uno de mango para desarrollarse y, aún así, prevalece el cultivo del primero en un país que encara seria amenaza de escasez del vital líquido.

Según el Banco Mundial, Yemen está entre las naciones con más escasez de agua, pues cada habitante sólo dispone de 125 metros cúbicos de anuales, frente a los dos mil 500 de media en el mundo, o los mil 250 de Medio Oriente y África Norte.

Otras fuentes refieren que las reservas acuíferas se agotan más rápido de lo que se reponen, y donde solían hallarse a 20 metros de la superficie, ahora se consiguen a 200, de ahí que muchas viviendas tienen depósitos en los tejados para recoger el agua de lluvia.

A causa de esa situación, el 80 por ciento de los yemenitas está afectado por las restricciones de agua en redes de abastecimiento que sólo dan servicio al 46 por ciento de la población rural y a un porcentaje ligeramente mayor en los centros urbanos. Como solución más viable, unos proponen reducir el consumo de agua destinada a la agricultura y la industria -ante lo costoso que resulta crear plantas desalinizadoras-, mientras otros se inclinan porque en el caso del Qat se opte por importar la planta, antes que producirla.

El editor jefe de la revista Yemen Today, Faris Abdullah Sanabani, aún cuando tampoco escapa a mascar ocasionalmente la hoja, "como evento social", coincidió en un diálogo con Prensa Latina en que cada arbusto sembrado ancla más al país a su paupérrima situación.

Todos pierden económicamente, los niños crecen haciéndose adictos, la nación tira por la borda sus más preciados recursos naturales, como alimentos y agua, y, sobre todo, hay quienes aseguran que se desperdicia un tiempo precioso de la vida.

(*) El autor es corresponsal de Prensa Latina en Egipto y se encuentra como enviado especial en Yemen

http://www.prensa-latina.cu/index.php?option=com_content&task=view&id=184528&Itemid=1
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