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Historia del Egipto Faraónico
 
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 En busca de la alegoría perdida

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Maat



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MensajeTema: En busca de la alegoría perdida   Vie Feb 26, 2010 10:30 pm

SAN SEBASTIÁN INSÓLITO
En busca de la alegoría perdida
San Sebastián habla idiomas que, a veces, no somos capaces de traducir. Paseamos por la ciudad en busca de símbolos, alegorías y algunos de sus significados.
27.02.10 - 02:20 - GONTZAL LARGO INFO@GONTZALLARGO.COM |

León: leones hay muchos en SanSebastián. De piedra, claro. Los que llaman nuestra atención para este artículo son aquéllos que están relacionados con el agua. Dos ejemplos de ello podrían ser la fuente de la Salud, en Amara Viejo, y la de la plaza de Lasala, ambas reconocibles por su estética felina. ¿Por qué se asocia este animal al líquido elemento? Una de las posibles razones la encontramos en el Antiguo Egipto, donde se veneraba a la divinidad Tefnut, diosa de la lluvia y el rocío, que era representada con cabeza de leona. ¿Por qué esa asociación entre el agua y el animal? En teoría, porque era en verano -el signo Leo cabalga entre julio y agosto- cuando el Nilo se desbordaba sin control tras las lluvias caídas en la primavera.
Tablas de los mandamientos. En el acceso al edificio del Palacio de Justicia de la calle San Martín se pueden apreciar dos espadas, dos balanzas y, presidiendo el conjunto, la pareja de tablas con los diez mandamientos que Yahveh entregó a Moisés en el monte Sinaí, en el siglo XIII antes de Cristo aproximadamente. Estos preceptos son, junto a los recogidos en Código de Hammurabi (siglo XVIII a.C., aproximadamente), los ejemplos más antiguos de textos legales, de ahí su importancia como alegoría del Derecho. Aunque ambos conjuntos de leyes fueron 'dictadas' por dioses, contenían numerosos preceptos de carácter legal que hoy en día siguen teniendo lógica vigencia. El mejor ejemplo es, sin duda, el 'No Matarás', el quinto mandamiento.
La balanza. Se trata de otro de los símbolos místicos y típicos de la Justicia, también presente en el citado palacio. En el caso que nos ocupa, la balanza es griega, pues cuenta con dos platillos (la romana sólo tiene uno, que se equilibra con un contrapeso, en vez de con otro plato) y es 'justa', es decir, ambos están a la misma altura. Encontramos otra en el frontón del edificio, siendo la única pieza metálica en este conjunto pétreo. No es raro hallar alegorías menos idealizadas de la Justicia en las que la balanza está inclinada hacia uno de los lados, dejando patente las imperfecciones de esta disciplina desarrollada por el ser humano. Una curiosidad: la alegoría de la Justicia donostiarra, la dama que gobierna el frontón neoclásico, no sólo no luce la habitual venda sobre sus ojos, sino que los muestra abiertos de par en par. ¿No debería ser ciega?
Caduceo de Mercurio. Uno de los emblemas más ricos y bellos de la ciudad se encuentra en las rejas que protegen las ventanas del Banco Guipuzcoano, en la confluencia de la calle Fuenterrabía con la Avenida. Puede apreciarse un bello caduceo con dos serpientes entrelazadas y, en lo alto, dos alas. Se trata del bastón que portaba Mercurio -Hermes, en la mitología griega, cuyas características asimilaron los latinos-, que ejerció de rápido y eficaz mensajero entre los dioses, de ahí que se considera deidad del comercio y la abundancia. El bastón es una ejemplificación de todo ello: evoca poder, sabiduría (las serpientes) y diligencia (las alas), por lo que no extraña que Mercurio quiera ser asociado al éxito comercial y económico, el mismo al que aspira el sector bancario.
Neptuno. El de almirante Antonio de Oquendo y Zandategui es, tal vez, el monumento donostiarra más grandilocuente dedicado a un simple mortal. El Sagrado Corazón de Urgull le gana en tamaño y ubicación pero, claro, estamos hablamos del Hijo de Dios. De todos los guiños icónicos que encierra la efigie del Almirante nos detendremos en dos: por un lado, los cuatro rostros de Neptuno que señalan los cuatro puntos cardinales, en lo alto del pedestal, a los pies del marino. La presencia del dios del mar es más que consecuente en este homenaje a alguien que cultivó fama y respeto luchando sobre las aguas. Más curioso es el friso de estrellas de mar que, un poco por debajo, circundan el podio. Estos equinodermos simbolizan el espíritu de la regeneración -por su propia naturaleza, capaces de reproducirse asexualmente- y el del triunfo sobre las adversidades y el mal. Otro dato: a la Virgen María también se le conoce como Stella Maris, Estrella de Mar, en latín.
Cariátides. No es la primera vez que hablamos de las fuentes Wallace del Paseo de Francia y no será la última. En esta ocasión nos detendremos en las cuatro cariátides que sostienen la cúpula con sus brazos: representan cuatro virtudes, la simplicidad, la bondad, la caridad y la sobriedad, que fueron los principios que movieron al filántropo inglés Richard Wallace a regalar su diseño a la ciudad de París. Fíjense bien: las ninfas parecen iguales pero no lo son. Las que representan la Caridad y la Bondad muestran los ojos abiertos, mientras que sus otras dos hermanas, Simplicidad y Sobriedad, los tienen cerrados.
Ave Fénix. En San Sebastián no contamos con una representación del Ave Fénix tan icónica como la que hay en Madrid (en realidad, en la capital hay siete y dos de las más famosas están en los números 32 y 68 de la Gran Vía), en Bilbao, frente al Teatro Arriaga, o en otras tantas ciudades españolas. No es que hubiera un momento de la historia en el que el fervor por el pájaro que renació de sus cenizas se disparó, sino que son las huellas de los antiguos edificios de la aseguradora La Unión y el Fénix Español, hoy desaparecida como tal y asimilada por la compañía alemana Allianz. Así, no sorprende encontrar en la casa de piedra arenisca de la intersección del paseo del Árbol de Gernika con el puente de María Cristina, un emblema de ésta que representa al Fénix, esa ave de exagerada longevidad -500 años- que, cuando se aproximaba el fin de sus días, construyó un nido al que prendió fuego para, luego, renacer de sus cenizas. Es lógico que esta resurrección fuera elegida por una compañía aseguradora para vender unas pólizas contra incendios que, en caso de fuego en una propiedad, garantizaban a sus clientes 'renacer' de sus cenizas. La inclusión del efebo en una de sus alas -saludando con el brazo en alto- aconteció en 1911, con intención de humanizar el logotipo e insinuar el dominio del hombre sobre el animal.


http://www.diariovasco.com/v/20100227/san-sebastian/busca-alegoria-perdida-20100227.html
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miguelangel_1980



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MensajeTema: Re: En busca de la alegoría perdida   Jue Mar 04, 2010 2:58 am

interesante lo de los leones y el agua
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