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 Intrahistorias del joven Murillo

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Maat



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MensajeTema: Intrahistorias del joven Murillo   Dom Abr 04, 2010 12:12 am

Intrahistorias del joven Murillo

P. GARCÍA. SEVILLAPublicado Domingo , 04-04-10 a las 08 : 30Próxima a alcanzar las 60.000 visitas, «El joven Murillo» está cumpliendo en el Bellas Artes de Sevilla las expectativas generadas desde un principio por esta magna exposición sobre los primeros años de producción del genial pintor hispalense.
Cuarenta y dos obras datadas entre 1638 y 1653 componen este recorrido expositivo en el que la huella de Bartolomé Esteban Murillo se descubre a los ojos del espectador con un interés renovado y acrecentado por la historia particular que encierra cada uno de sus cuadros. Así lo revela Benito Navarrete, comisario junto a Alfonso E. Pérez Sánchez de esta importante muestra, quien advierte, precisamente, en esta peculiaridad «lo fascinante de la Historia del Arte».
De las muchas lecturas que podrían hacerse de esta selección pictórica, Navarrete apunta algunas curiosidades vinculadas a cuadros con un devenir histórico muy particular. Uno de los más conocidos, «Niños comiendo melón y uvas» (1645-1648), procedente del Alte Pinakothek de Munich, puede servir como prueba de una de estas singularidades; de hecho, fue uno de los pocos lienzos que salieron de Sevilla al poco de ser pintado por el artista.
«En 1659 ya se localiza una copia de esta pintura en Amberes y otra en poder de Ralph Bankes en Gray's Inn, en Londres. La pintura original que hoy está en la exposición —comenta el comisario— aparece en el inventario del jefe de Correos de Amberes, Jaan Bapte Anthoine, en 1687». Navarrete explica que el impacto de su temática «fue tremendo, ya que en 1671 existe una copia de la pintura en Lima, en la portería del convento de Santo Domingo, con motivo de la beatificación de Santa Rosa. Lo cuenta fray Juan Meléndez hablando de las colgaduras que se pusieron en el convento y describiendo en una de ellas a “dos jóvenes descuartizando un melón y desgajando dos grandes racimos de uvas, a la manera que suelen andar pintados, no sé si aludiendo al cuento de aquellos dos picarillos, que anda entre ciertas novelas”».
La cita, extraída de una tesis doctoral de Rafael Ramos Sosa, tiene su interés, según el comisario de la exposición, «además de por constatar el impacto de la composición en el Nuevo Mundo, por relacionar el tema con la literatura picaresca». Pero en «El joven Murillo» puede rastrearse también el eco del refranero. «Dios salve a las sopas que no a la carne», en alusión a lo frugal del alimento y al intento de defender hasta unas sopas míseras, es el motivo que ilustra «Vieja gitana con niño» (1650-1655), del Museo del Wallraf-Richartz de Colonia, pintura que fue compañera de la «Santa Rufina» de Velázquez en la colección del marqués de Salamanca y en la de la Dudley House de Londres. Relacionada, a su vez, con el refranero figura la «Vieja hilandera» (1650), obra que se presenta por vez primera como de Murillo y que interpreta el dicho de «Poco gana la vieja hilando, pero menos gana mirando», trasladándonos de esta manera al «mundo de la alcahuetería, sobre el que Murillo quiere llamar la atención con la vieja mirándonos fíjamente», precisa Navarrete citando el estudio realizado por Ignacio Cano.
La serrana
En el listado de curiosidades cabría citar «La Virgen con el Niño y San Juanito», llamada «La serrana» (1647-1650), de la Pollock House de Glasgow y procedente de la colección de Stirling Maxwell, aunque sus orígenes se remontan al Convento de Madre de Dios, donde profesó la hija de Murillo. Adquirido en 1838 por un particular, José María Escacena, como consecuencia de la desamortización, en 1848 sería comprado en Londres en una subasta por William Stirling Maxwell, quien en uno de sus libros se refiere al nombre de la pintura como «La serrana». Este apelativo, relata el comisario de la muestra, se debía al «lienzo blanco del Niño, con una orilla verde y roja y una franja, que era “como la estofa morisca que todavía se tejen los campesinos en la serranía del condado de Niebla”. El mismo tipo de tela —añade— puede verse en el zurrón que lleva San José en el “Descanso en la Huida a Egipto”».
Un ejemplo más del interés que a lo largo del tiempo han generado muchos de estos lienzos de Murillo lo representa «Santa Catalina de Alejandría mártir» (1645-1650), procedente del Mie Prefectural Art Museum, Mie-Ken (Japón). Este cuadro salió de España en 1836 al ser comprado, por 104.000 reales y con la intervención del barón Taylor, por el rey Luis Felipe de Orleans. Tras su estancia en la Galería española del Louvre, pasó por diferentes subastas en el siglo XIX, regresando a España en 1974. «El Estado español —continúa Navarrete— impidió su exportación y, a los pocos años, en 1980 aparece en una colección particular de Londres, por lo que salió clandestinamente de España». Un ir y venir que no fue ajeno a gran parte de las obras de arte que conforman esta singular exposición, si tenemos en cuenta la veintena de instituciones de fuera del país que aparecen como prestadoras de cuadros. Un dato que da cuenta, sin duda, de la complejidad del trabajo de investigación en el que tiene asiento esta destacada muestra.
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Maat



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MensajeTema: Intrahistorias del joven Murillo   Dom Abr 04, 2010 12:13 am

Del refranero a la literatura picaresca
Entre las muchas anécdotas y curiosidades que se desprenden de la exposición, su contenido, entre lo religioso y lo mundano, ofrece una perspectiva de la época que le tocó vivir a su autor; un artista tocado por unos años de juventud en los que ya descollaba la genialidad de su madurez pictórica. La influencia de grandes maestros como Juan del Castillo o Martínez Montañés, unida a su apreciación del desamparo y del concepto de justicia social, se plasma en una galería de estampas y tipos en los que se vislumbran las penalidades de una parte de la población, reflejada en gran medida en niños mendigos en los que se adivina el perfil de la literatura picaresca. La huella del refranero y hasta el aspecto más humano de la divinidad fluyen también de la maestría de sus pincelesUna ocasión irrepetible

El director del Museo de Bellas Artes de Sevilla, Antonio Álvarez, se muestra satisfecho con la acogida que la exposición está teniendo en la ciudad. «La gente —dice— ha entendido que se trata de una oportunidad única, de una ocasión irrrepetible, que son cuarenta y dos obras de tres continentes y que el listón lo hemos puesto demasiado alto».
El éxito de público de «El joven Murillo» está en la misma línea de otras muestras temporales del Museo, entre ellas la de la colección de la Casa de Alba. El director del Bellas Artes destaca la facilidad con que puede realizarse la visita, al estar distribuidos los cuadros
en dos grandes salas, así como el cuidado que se ha puesto en los aspectos técnicos de la misma. Con todo, recuerda que el Museo es también su «exposición permanente, que hay que cuidar y potenciar



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