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 El Indiana Jones de la genética

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Raul



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Fecha de inscripción : 29/07/2010

MensajeTema: El Indiana Jones de la genética   Dom Dic 19, 2010 2:43 am

El Indiana Jones de la genética


BIBLOS.- La memoria de Pierre Zalloua no ha conseguido todavía borrar las imágenes de aquel día. La jornada en la que el joven libanés tuvo que huir de Trípoli, la ciudad norteña donde vivían con su familia. “Me acuerdo como si fuera hoy”, dice.
El odio sectario se había apoderado del Líbano. Trípoli quedó bajo el control de las milicias musulmanas y los Zalloua, cristianos, no tenían sitio en un escenario dominado por la lógica confesional.
Por eso, los resultados de su última indagación exceden en cierto sentido el ámbito científico que la inspiró.
La conclusión es que no existe una significativa disparidad genética entre las diferentes confesiones del Líbano. La religión es posterior, se adoptó en comunidades que ya estaban constituidas y sólo añadió diferencias menores. Por ejemplo, los maronitas (cristianos) tienen una mayor incidencia genética heredada de los Cruzados y los suníes de las migraciones procedentes de la Península Arábiga. Pero eran grupos que ya existían. Por eso hay familias libanesas cuyos miembros profesan credos diferentes y son maronitas, chiíes o suníes. Es un resultado sorprendente si se advierte la profunda división política que existe hoy en día (entre estas comunidades religiosas), que nos amenaza con una nueva guerra civil”, precisa el profesor sentado en su laboratorio de la ciudad de Biblos.
Esa fue la deducción que sacó del análisis de las 3139 muestras de DNA que recabó en el Líbano, Chipre, Italia, Irán, Siria, Turquía y los Balcanes, los territorios donde se originaron las invasiones que dejaron su impronta en la nación árabe.
Unos datos que adquiere toda su significación cuando se descubre que los maronitas instalados en Chipre si disponen de una firma genética diferente a la de sus correligionarios libaneses porque no todos vinieron del Líbano y allí si incide de forma muy significativa la influencia griega”, añade Zalloua.
La publicación a principios de diciembre de “Influencia de la historia, geografía y religión en la estructura genética: los maronitas del Líbano”, la última investigación apadrinada por Zalloua, incide en la singular conducta de este profesor universitario libanés de 45 años que desde hace más de una década intenta conciliar sus pesquisas científicas con su deseo de superar la truculenta historia que ha caracterizado a su país en las últimas décadas.
Zalloua es uno de los expertos más significados del llamado proyecto Genographic, un esfuerzo abanderado por National Geographic y otras 11 instituciones –entre ellas universidades como la catalana Pompeu Fabra- que pretende diseñar las migraciones humanas desde el origen de nuestra especie gracias al análisis del DNA.
La propia iniciativa surgió, como dice Zalloua, de “una conversación nocturna junto a una botella de vino” con su amigo Spencer Wells, otro genetista instalado como él en la Universidad de Harvard (EEUU), en el año 2000.
Fuimos los primeros en aplicar el estudio genético para definir la historia de los pueblos, una técnica apasionante que nos permitiría regresar en el tiempo y saber de donde procede cada familia. Podríamos establecer su árbol genealógico desde el punto de vista genético”, asevera.
La antigua villa fenicia de Biblos le serviría como inspiración para su primera aventura científica: descubrir la huella genética de esa civilización que floreció hace más de 3.000 años y que después se desvaneció bajo la presión de griegos y romanos dejando sólo vestigios como las magníficas ruinas de Cartago, en Túnez.
La historia no ha sido justa con los fenicios. Los griegos se apropiaron de todos sus logros”, opina Zalloua.
Para el Líbano, el proyecto adquiría también otra dimensión. “Siempre hemos estado divididos entre los que dicen que son árabes y los que dicen que son fenicios”, recuerda el profesor.
Una brecha que alcanzó su clímax con la guerra civil que se libró a partir de 1975. En aquel entonces un sector de la población cristiana llegó a reivindicar un territorio propio alegando un origen radicalmente distinto al de la población árabe.
La disputa argumental alcanzó tal relevancia que la constitución anterior al conflicto fraticida estipulaba que el Líbano era un país “con rostro árabe” una expresión que pretendía mantener el equilibrio entre las dos facciones. Tras la contienda esa formulación se cambió por otra que incidía en que esta nación es "un país árabe” certificando la regresión política de los cristianos que dejó aquella conflagración.
Pertrechados con los conocimientos históricos que identificaron los enclaves fenicios a los largo del Mediterráneo, Zalloua y Wells se dedicaron a recolectar muestras de DNA de miles de residentes en Chipre, Malta, Marruecos, Siria, Túnez y Cisjordania, además de en el propio Líbano, que se cruzaron con otras 6.000 procedentes de 56 enclaves del mediterráneo y con los datos genéticos de dientes de fenicios descubiertos por los arqueólogos libaneses y hasta de la famosa momia del rey Tabnet, antaño soberano de Sidón, cuyos restos se guardan en Turquía.
Cientos se presentaron como donantes voluntarios al publicitarse el proyecto hasta el punto de que todavía siguen “llamando cada día aunque ya hemos cubierto el cupo que necesitábamos”, dice el científico.
La pesquisa se centró en el cromosoma masculino Y “porque no se ve afectado por los cruces ni por las mutaciones aleatorias”.
Establecimos comparativas entre muestras que tomamos en antiguas colonias fenicias como Cartago y las poblaciones vecina. Las zonas fenicias tenían un signo genético distintivo. Es como si en todas las localidades hubiera un Fiat pero en las villas fenicias ese Fiat fuera siempre azul. Encontramos seis características genéticas exclusivas de los descendientes de los fenicios”, apunta.
La presencia en esos lugares del gen J2, que Zalloua dice es la marca de DNA de los fenicios, les llevó a concluir que “uno de cada 17 hombres en el mediterráneo tienen la firma genética fenicia. En Malta ese porcentaje alcanza hasta el 30 por ciento”.
El investigador corroboró asimismo la influencia limitada que dejaron los cruzados en el Líbano –el gen R1B que determina que numerosos libaneses sean rubios y de ojos azules- y las migraciones procedentes de Arabia y después de Turquía, identificados por el gen J1.
Los hallazgos contribuyeron asimismo a reforzar el espíritu antisectario que siempre ha defendido Zalloua. “La misma palabra fenicio –opina el profesor- se convirtió en un tabú en el Líbano, pero los resultados del estudio demuestra fenicio y árabe no son términos excluyentes. Los fenicios fueron anteriores a las religiones monoteístas y por ello hay musulmanes y cristianos que son descendientes de ellos. Nuestra identidad es una combinación de ambos ya que los árabes asumieron el legado de los fenicios. Tenemos que estar orgullosos de ella pero también de nuestra herencia”, concluye.
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Raul



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MensajeTema: Re: El Indiana Jones de la genética   Dom Dic 19, 2010 2:44 am




La búqueda se ha extendido ahora hasta incluir todo el árbol genealógico de los pueblos que se asentaron en lo que se llamó Levante y hoy podría equivaler a Oriente Próximo.
El equipo que lidera el experto libanés ha recolectado ya 9.000 muestras de DNA de países como Siria, Egipto, Kuwait, Chipre, Libia, Marruecos, Túnez, Arabia Saudí o Chad. Zalloua se desplazó a varias de estas naciones para recoger en persona las donaciones de sangre en lo que semeja ser la labor de un moderno Indiana Jones de la genética. “No hemos podido ir a Yemen por la situación de inseguridad que reina allí pero ahora estoy preparando otro viaje a Etiopía”, explica.
Su última teoría se centra en demostrar que la tesis actual de la doble migración que pobló Oriente Próximo a partir de Africa –que se cree siguió una doble ruta, una a través de Yemen, y la otra siguiendo el camino de la Península del Sinaí- podría ser errónea. “Mi hipótesis es que hubo otro desplazamiento procedente de Anatolia, pero todavía no hemos podido probarlo.”, reconoce antes de despedirse.


http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/orienteproximo/2010/12/19/el-indiana-jones-de-la-genetica.html
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Maat



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MensajeTema: El Indiana Jones de la genética   Lun Dic 20, 2010 12:00 am

Raul escribió:
El Indiana Jones de la genética


BIBLOS.- La memoria de Pierre Zalloua no ha conseguido todavía borrar las imágenes de aquel día. La jornada en la que el joven libanés tuvo que huir de Trípoli, la ciudad norteña donde vivían con su familia. “Me acuerdo como si fuera hoy”, dice.
El odio sectario se había apoderado del Líbano. Trípoli quedó bajo el control de las milicias musulmanas y los Zalloua, cristianos, no tenían sitio en un escenario dominado por la lógica confesional.
Por eso, los resultados de su última indagación exceden en cierto sentido el ámbito científico que la inspiró.
La conclusión es que no existe una significativa disparidad genética entre las diferentes confesiones del Líbano. La religión es posterior, se adoptó en comunidades que ya estaban constituidas y sólo añadió diferencias menores. Por ejemplo, los maronitas (cristianos) tienen una mayor incidencia genética heredada de los Cruzados y los suníes de las migraciones procedentes de la Península Arábiga. Pero eran grupos que ya existían. Por eso hay familias libanesas cuyos miembros profesan credos diferentes y son maronitas, chiíes o suníes. Es un resultado sorprendente si se advierte la profunda división política que existe hoy en día (entre estas comunidades religiosas), que nos amenaza con una nueva guerra civil”, precisa el profesor sentado en su laboratorio de la ciudad de Biblos.
Esa fue la deducción que sacó del análisis de las 3139 muestras de DNA que recabó en el Líbano, Chipre, Italia, Irán, Siria, Turquía y los Balcanes, los territorios donde se originaron las invasiones que dejaron su impronta en la nación árabe.
Unos datos que adquiere toda su significación cuando se descubre que los maronitas instalados en Chipre si disponen de una firma genética diferente a la de sus correligionarios libaneses porque no todos vinieron del Líbano y allí si incide de forma muy significativa la influencia griega”, añade Zalloua.
La publicación a principios de diciembre de “Influencia de la historia, geografía y religión en la estructura genética: los maronitas del Líbano”, la última investigación apadrinada por Zalloua, incide en la singular conducta de este profesor universitario libanés de 45 años que desde hace más de una década intenta conciliar sus pesquisas científicas con su deseo de superar la truculenta historia que ha caracterizado a su país en las últimas décadas.
Zalloua es uno de los expertos más significados del llamado proyecto Genographic, un esfuerzo abanderado por National Geographic y otras 11 instituciones –entre ellas universidades como la catalana Pompeu Fabra- que pretende diseñar las migraciones humanas desde el origen de nuestra especie gracias al análisis del DNA.
La propia iniciativa surgió, como dice Zalloua, de “una conversación nocturna junto a una botella de vino” con su amigo Spencer Wells, otro genetista instalado como él en la Universidad de Harvard (EEUU), en el año 2000.
Fuimos los primeros en aplicar el estudio genético para definir la historia de los pueblos, una técnica apasionante que nos permitiría regresar en el tiempo y saber de donde procede cada familia. Podríamos establecer su árbol genealógico desde el punto de vista genético”, asevera.
La antigua villa fenicia de Biblos le serviría como inspiración para su primera aventura científica: descubrir la huella genética de esa civilización que floreció hace más de 3.000 años y que después se desvaneció bajo la presión de griegos y romanos dejando sólo vestigios como las magníficas ruinas de Cartago, en Túnez.
La historia no ha sido justa con los fenicios. Los griegos se apropiaron de todos sus logros”, opina Zalloua.
Para el Líbano, el proyecto adquiría también otra dimensión. “Siempre hemos estado divididos entre los que dicen que son árabes y los que dicen que son fenicios”, recuerda el profesor.
Una brecha que alcanzó su clímax con la guerra civil que se libró a partir de 1975. En aquel entonces un sector de la población cristiana llegó a reivindicar un territorio propio alegando un origen radicalmente distinto al de la población árabe.
La disputa argumental alcanzó tal relevancia que la constitución anterior al conflicto fraticida estipulaba que el Líbano era un país “con rostro árabe” una expresión que pretendía mantener el equilibrio entre las dos facciones. Tras la contienda esa formulación se cambió por otra que incidía en que esta nación es "un país árabe” certificando la regresión política de los cristianos que dejó aquella conflagración.
Pertrechados con los conocimientos históricos que identificaron los enclaves fenicios a los largo del Mediterráneo, Zalloua y Wells se dedicaron a recolectar muestras de DNA de miles de residentes en Chipre, Malta, Marruecos, Siria, Túnez y Cisjordania, además de en el propio Líbano, que se cruzaron con otras 6.000 procedentes de 56 enclaves del mediterráneo y con los datos genéticos de dientes de fenicios descubiertos por los arqueólogos libaneses y hasta de la famosa momia del rey Tabnet, antaño soberano de Sidón, cuyos restos se guardan en Turquía.
Cientos se presentaron como donantes voluntarios al publicitarse el proyecto hasta el punto de que todavía siguen “llamando cada día aunque ya hemos cubierto el cupo que necesitábamos”, dice el científico.
La pesquisa se centró en el cromosoma masculino Y “porque no se ve afectado por los cruces ni por las mutaciones aleatorias”.
Establecimos comparativas entre muestras que tomamos en antiguas colonias fenicias como Cartago y las poblaciones vecina. Las zonas fenicias tenían un signo genético distintivo. Es como si en todas las localidades hubiera un Fiat pero en las villas fenicias ese Fiat fuera siempre azul. Encontramos seis características genéticas exclusivas de los descendientes de los fenicios”, apunta.
La presencia en esos lugares del gen J2, que Zalloua dice es la marca de DNA de los fenicios, les llevó a concluir que “uno de cada 17 hombres en el mediterráneo tienen la firma genética fenicia. En Malta ese porcentaje alcanza hasta el 30 por ciento”.
El investigador corroboró asimismo la influencia limitada que dejaron los cruzados en el Líbano –el gen R1B que determina que numerosos libaneses sean rubios y de ojos azules- y las migraciones procedentes de Arabia y después de Turquía, identificados por el gen J1.
Los hallazgos contribuyeron asimismo a reforzar el espíritu antisectario que siempre ha defendido Zalloua. “La misma palabra fenicio –opina el profesor- se convirtió en un tabú en el Líbano, pero los resultados del estudio demuestra fenicio y árabe no son términos excluyentes. Los fenicios fueron anteriores a las religiones monoteístas y por ello hay musulmanes y cristianos que son descendientes de ellos. Nuestra identidad es una combinación de ambos ya que los árabes asumieron el legado de los fenicios. Tenemos que estar orgullosos de ella pero también de nuestra herencia”, concluye.

interesante artículo, gracias
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