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 Las mujeres ya son mayoría en las universidades árabes

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MensajeTema: Las mujeres ya son mayoría en las universidades árabes   Jue Nov 08, 2007 12:04 am

IGUALDAD

Las mujeres ya son mayoría en las universidades árabes



MÓNICA G. PRIETO








Un grupo de mujeres turcas protesta en Estambul contra la prohibición de llevar velo en la universidad. / MURAD SEZER - AP

La escena es habitual en todos los campus de Oriente Próximo: mujeres con el cabello descubierto y ropa ceñida, con velo y tejanos o cubiertas de pies a cabeza con 'abayas' (nombre que recibe la túnica negra que llevan las mujeres sauditas) cargan sus carpetas mientras se deslizan de un aula a otra.
Pese al cliché existente en Occidente, la presencia femenina en las facultades árabes y persas supone casi la mitad -si no más, en países como Irán o Arabia Saudí- de los alumnos registrados, aunque este índice no evita que el analfabetismo femenino, sobre todo en el sector rural, sea uno de los más elevados del planeta.
La UNESCO estima que el 60% de los universitarios árabes es mujer, y que la mitad o más de los profesores de dos tercios de Oriente Próximo también lo son. La tasa más alta la ostenta Qatar, donde el 75% del profesorado de escuelas y universidades lleva velo. En Siria, el 20% de los académicos que dan clase es fémina.
En cuanto a las estudiantes, el país con mayor índice de universitarias no es árabe sino persa: más del 70% de los inscritos en las facultades iraníes tiene sexo femenino. La más insigne es la Premio Nobel de la Paz y reconocida activista de Derechos Humanos Shirin Ebadi, la primera musulmana en recibir tal honor.
LA POLÉMICA DEL VELO. En Omán, casi la mitad de los inscritos en sus universidades es mujer, cifra similar a la de Egipto. En Emiratos Árabes ya hay más féminas que hombres en las aulas gracias, entre otras cosas, al compromisto adquirido por la Federación de Mujeres local, dirigida por la primera dama, Fatima bent Mubarak.
En Jordania, el 45% de los universitarios tiene nombre de mujer. Como ejemplo, en la Universidad Islámica de Gaza, considerada cuna de la elite intelectual de Hamas, el 50% de las estudiantes lo es y muchas de ellas son profesoras, como la diputada Jamila Shanti, que hasta ser electa impartía clases de Psicología.
«Las estadísticas muestran la mejora significativa y la remarcable expansión de las oportunidades educacionales a todos los niveles para las mujeres árabes», explica Ayad al Qazzaz, profesor de Psicología. «Muchos estudios muestran que la educación femenina es el arma más poderosa para mejorar su estatus y es la fuerza más potente de cambio social».
El único país que ha experimentado un retroceso en esta materia, como en otras muchas, es Irak. Considerado uno de los estados árabes con mayor tasa de alfabetización femenina, desde la invasión de 2003, las mujeres han abandonado las aulas por el riesgo de ser secuestradas o víctimas de un ataque.
En algunos casos, estos últimos los ha provocado una prenda: la 'hiyab'. Con esta palabra se designa en castellano al velo islámico que cubre la cabeza de las mujeres. Sin embargo, el término encierra un significado más amplio, ya que se trata de un código de vestimenta femenina que obliga a cubrir la mayor parte del cuerpo. Su utilización o no es motivo de polémica en buen número de países. Incluido España, donde el uso del velo por parte de niñas en varios colegios ha provocado serios encontronazos entre sus defensores y detractores. De hecho, el 61% de los españoles está en contra de que las escolares musulmanas lo lleven en clase, según el Instituto Elcano.
En cambio, en Egipto, la Universidad de Helwan, a 30 kilómetros de El Cairo, expulsará a las estudiantes que acudan a clase con velo, lo que ha despertado las iras de los grupos islamistas más radicales.
En el otro lado de la balanza se sitúa Turquía, donde el Gobierno pretende cambiar la Constitución para permitir que las mujeres lo utilicen en las universidades, así como en otros edificios estatales y militares. El propio presidente Recep Rayyip Erdogan defiende la medida al asegurar que el velo no tiene por qué suponer un «símbolo» político. «Mi mujer lleva velo, pero ¿es que en los demás partidos no hay mujeres con velo?», ha dejado bien claro tras afirmar que la nueva legislación estaría más en sintonía con los preceptos de la Unión Europea.
Aun así, el Gobierno turco marcaría ciertos límites a la reforma de la Constitución, como no autorizar el acceso a la Universidad con túnicas o 'çarsar', el manto negro que cubre a la mujer de la cabeza a los pies. La iniciativa no ha dejado indiferente a una sociedad en la que el 60% de las mujeres se cubre con el 'türban' (velo islámico turco). Sin embargo, el 80% de ellas simplemente se coloca un pequeño pañuelo.
Siguiendo el repaso por los países árabes, las estadísticas sorprenden, esta vez en Arabia Saudí: el 58% de los universitarios pertenece al supuesto sexo débil, lo cual no impide que sólo el 2% de ellas acceda a un puesto de trabajo. Es el reverso de cifras tan espectaculares: la promoción de la educación femenina no evita que, una vez terminada la carrera, la desigualdad de género impida a las licenciadas desempeñarse en los trabajos para los que se han formado varios años.
El progreso más significativo en la educación de la mujer árabe ha tenido lugar en las universidades, donde las féminas a menudo superan «el 50% de la población estudiantil», según estima Rafia Ghubash, rectora de la Universidad Arábiga del Golfo, en Bahrein, y ejemplo en sí misma. «El problema más grave es lo que les ocurre a estas mujeres cuando obtienen su titulación y entran en la fuerza laboral, donde la estricta tradición cultural y la discriminación de género les impide obtener posiciones acordes a su educación», añade la experta.
DISCRIMINACIÓN LABORAL. Es la tragedia de la mujer profesional árabe. Un informe de la Unión Europea desvela que, pese a que el 63% de los universitarios árabes ya es mujer, su participación en la fuerza laboral se reduce al 32%, el índice más bajo del mundo. La diferencia es mucho más notable en los cargos administrativos y directivos, donde la presencia femenina oscila entre el 3% en Siria, el 9% en Túnez y el 16% en Egipto.
En Jordania, con un desempleo del 15%, el 25% de las licenciadas está en el paro. La excepción la encontramos fuera del entorno árabe, en Irán, donde el 60% de los funcionarios, el 80% de los profesores y un tercio de los médicos son mujeres, aunque muchas no reciben un salario acorde con su empleo.
La excepción la constituye el Líbano, donde las féminas están presente en todos los ámbitos laborales. Aquí, las autoridades educativas se esfuerzan por acabar con un tópico muy extendido en todo Oriente Próximo: que las mujeres sirven para las Letras, pero no para las Ciencias. «La mayoría de nuestras estudiantes se centra en las Humanidades, pero poco a poco se van inclinando más hacia la tecnología», explica Bahia Hariri, diputada y presidenta del Comité de Educación del Parlamento libanés.
Enmarcada en un escenario de lujo, el que proporciona Oviedo, la sexta edición del Aula Internacional de Periodismo permitió a los periodistas del futuro conocer de cerca a los galardonados. Los representantes del Museo del Holocausto en Jerusalén (Premio a la Concordia) y las víctimas del genocidio nazi fueron los encargados de abrir los ojos a los allí reunidos, siguiendo la estela de otros premiados como el fallecido Ryszard Kapuscinski.
Los participantes valoraron como muy positiva la experiencia, que debe continuar y ampliarse a otros medios de diferentes países. Pero la sensación final fue agridulce. Se echó en falta una mayor interacción entre los participantes y la posibilidad de generar un debate o intercambio de opiniones entre los propios jóvenes y sus compañ(Premio a la Concordia) y las víctimas del genocidio nazi fueron los encargados de abrir los ojos a los allí reunidos, siguiendo la estela de otros premiados como el fallecido Ryszard Kapuscinski.
Los participantes valoraron como muy positiva la experiencia, que debe continuar y ampliarse a otros medios de diferentes países. Pero la sensación final fue agridulce. Se echó en falta una mayor interacción entre los participantes y la posibilidad de generar un debate o intercambio de opiniones entre los propios jóvenes y sus compañeros de profesión. Porque, como dijo el político británico Harold, «la reflexión calmada y tranquila desenreda todos los nudos».








Entre la modernidad y el freno de la tradición



SOHA ABBOUD-HAGGAR



Las cifras que muestra el reportaje son muy reveladoras. Las universidades en los 22 países árabes -con todas las reservas que hay que hacer al hablar de países árabes bajo el mismo signo- y en Irán, con sus poblaciones musulmanas, cristianas o de otras confesiones minoritarias, están repletas de universitarias que luchan para cualificarse en busca de oportunidades de trabajo. Con o sin velo, con atuendo tradicional o europeo, intentan mejorar para abrirse camino en unas sociedades dominadas por el hombre y afrontar el futuro con sus dificultades económicas y sociales.
En estos países, con gran diversidad en el sometimiento de la Constitución a la 'sharia' o ley islámica, la religión no pone trabas a la educación de la mujer ni a su participación en el trabajo fuera del hogar; más bien la anima -mientras se respeten las reglas de conducta- porque, según los estamentos religiosos, la mujer educada está capacitada para educar a sus hijos y formar una familia con arraigados valores religiosos.
En líneas generales, se podría decir que todas las aspirantes a ingresar a la universidad tienen la posibilidad de emprender cualquier tipo de estudios aunque, como ocurre en el mundo occidental, el mercado de trabajo y sus condicionantes fuerzan la elección. Es allí donde la mujer puede encontrar obstáculos a sus deseos formativos ya que existen algunas carreras -pocas- valladas para la mujer como la magistratura y la judicatura, puesto que la tradición islámica impone que las leyes privadas y de familia sean tratadas sólo por hombres. En países como Arabia o los del Golfo, donde la mujer necesita a otra mujer que le enseñe en las aulas escolares y universitarias o que le proporcione tratamiento médico, la elección parece clara. Aparte, la mujer puede llegar a lo más alto del funcionariado si el ambiente 'machista' tradicional, que se reserva todos los mandos, la deja pasar: hay parlamentarias en Egipto, Túnez y Siria, pero no en Kuwait, Qatar o Arabia, sencillamente porque la tradición local lo impide.
Como en Europa, la mujer allí lucha por una educación que le permita adquirir la capacidad intelectual para formar su opinión y abrirse un camino laboral. El problema es el anquilosamiento social que la rodea tras licenciarse bajo el efecto de tradiciones cerradas y enseñanzas religiosas radicales que acotan e incluso destruyen sus perspectivas de futuro.http://www.elmundo.es/suplementos/campus/2007/497/1194390012.html
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