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 El museo de las glorias del ejército egipcio

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Raul



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MensajeTema: El museo de las glorias del ejército egipcio    Dom Nov 27, 2011 9:13 am

El museo de las glorias del ejército egipcio
Tomás Alcoverro | 27/11/2011

En la gran sala dedicada a la ¨Guerra de octubre¨ de 1973 de Egipto e Israel, de este ¨Museo militar¨ del palacio Harim de la ciudadela del Cairo, sigue colgado un gran óleo en el que se representa a Mohamad Hosni Mubarak izando una bandera nacional, entre globos de colores, y en medio de hombres y mujeres del pueblo, jefes y soldados de las fuerzas armadas.

En la cólina de la gran metrópoli árabe rematada por la espléndida mezquita de Mohamad Ali, entre otras hemosas mezquitas y palacios, este museo es el retablo de la historia militar de Egipto desde la época de los faraones, los siglos del periodo islámico, hasta la revolución de 1952 sobre la que se fundó la república. El museo frecuentado por grupos de jóvenes, por familias con sus hijos, a diferencia de otros museos de la nación, está cuidadosamente mantenido. Los cañones, los morteros, incluso los dispuestos en su jardín, junto a aviones, carros de combate cohetes de fabricación soviética, relucen al sol. En uno de los muros del antiguo palacio, cabe a la puerta principal, hay una placa conmemorativa del acuerdo de cooperación firmado por Mubarak y el presidente Klim Sun de la república popular de Corea del Norte, para efectuar su renovación. La disposición de sus salas, la ordenación de su material, en el que predominan uniformes de todas las armas de los últimos siglos, son un itinerario hacia el apogeo militar de 1973 cuando los soldados egipcios cruzaron el canal de Suez, asaltaron la Linea Bar Lev, símbolo de las inexpugnables defensas del estado judío.

Otro de los episodios históricos glorificados es el golpe de estado de 1952, o la ¨revolución¨ como gustaban decir los nasseristas, en la que las tropas al mando de los oficiales libres derrocaron la monarquía del rey Faruk. La rebelión de Ahmad Orabi de 1881 exigiendo un gobierno parlamentario, es otra de las grandes efemérides de estas fuerzas armadas. Nasser y sus compañeros, entre ellos su entrañable Amer, más tarde mariscal, sufrieron la humillación de la primera derrota de 1948 por el ejército israelí, cuando mandaban unos soldados mal armados y mal nutridos, que soportaban el peso de la casta militar del régimen de los pacháa. Sus fusiles, sus cañones eran viejos, a veces los proyectiles no estallaban. Aquella primera guerra descubrió la corrupción y la frustración de los oficiales del rey Faruk. Los pobres soldados -los fellahin- o trabajadores de la tierra eran los parias del ejército.

Las campañas militares de Mohmad Ali que vivió entre 1811 y 1839, y que fue el ambicioso modernizador del Egipto, aun sometido al sultán otomano de la Sublime Puerta, están desplegadas en óleos, mapas y croquis, en estas solemnes salas palaciegas, con cortinajes, frescos, moquetas, largas alfombras y suntuosas escalinatas de mármol.

El ejército egipcio de antes de 1936 era vulnerable, la mayoría de sus armas -leo en una inscripción- obsoletas, y dependían de las tropas británicas. Cualquiera de sus tenientes tiene rango de teniente coronel del ejército de Egipto. Con este ejército, de presupuesto muy reducido, era imposible conseguir ningún objetivo nacional¨. Hay someras referencias a las dos guerras mundiales en las que Egipto quedó atrapado.

Fue en 1830, bajo el dominio otomano, cuando se organizaron estas fuerzas armadas. Aquel ejército nacional fue derrotado por los británicos. En 1952 los oficiales libres acaudillados por el coronel Gamal Abdel Nasser dieron un golpe de estado de inmensa repercusión en los países árabes, derrocando al desacreditado monarca que, embarcándose en Alejandría en su yate Marusa, despedido por el presidente Naguib, y con las veintiún salvas de ordenanza, emprendió viaje de exilio a Italia. En las salas más espaciosas con esculturas y cuadros de Anuar el Sadat, el ¨héroe de la guerra y de la paz¨, al que sucedió Mubarak tras su asesinato en El Cairo, se exhiben los bustos de aquellos oficiales libres que hicieron cambiar, un día de verano, la historia de Egipto.

Desde entonces, este ejército es la columna vertebral del régimen. Las dictaduras militares árabes no son como las que han proliferado en América Latina ni tampoco sus diversos ejércitos asumieron el papel que ejercen los militares en Turquía como celadores de su estado, de carácter laico.

En esta sociedad militarizada, que ha sido durante años Egipto, según el título de una obra de Abdel Malek, el ’establishment’ de las fuerzas armadas, formado por el ejército y por los servicios de inteligencia, ha enmarcado el ámbito de actuación de los presidentes Naguib, Nasser, Sadat y Mubarak, todos ellos salidos de sus filas. Las fuerzas armadas han sido la única institución del Estado capaz de cambiar con su voluntad, el destino de la nación.

Desde 1973 los militares están acuartelados porque ya no hay más guerras con Israel. Tampoco ha habido desde 1952 otro golpe de estado en Egipto, ni en ningún otro país árabe a excepción de la remota y marginal república de Mauritania. En Egipto el ejército recibe una cuantiosa ayuda financiera anual de los EE.UU. de casi un billón de dólares, como gratificación por la firma del tratado de paz egipcio-israelí. Tradicionalmente las relaciones entre el Pentágono y el alto mando norteamericano han sido muy sólidas. El ejército con sus empresas no solo militares, con sus generales que desempeñan cargos de gobernadores provinciales, o de consejeros de importantes sociedades públicas y privadas, compartió durante los sucesivos mandatos de Mubarak, los beneficios de las especulaciones de sus elites capitalistas. Importante propietario inmobiliario, es también ambicioso empresario agrícola y de compañías turísticas. La casta militar goza de unas ventajas que constituyen un privilegio en esta pauperizada población. En Egipto el ejército no es solo un Estado dentro del Estado sino la garantía de la existencia del régimen. Los militares cuentan con almacenes subvencionados, viviendas de reducidos alquileres en una nación en donde la penuria de casas es patética y un servicio de salud eficaz.

En las elecciones legislativas del pasado año, como siempre fraudulentas y amañadas, que pasaron casi desapercibidas, conocí en el barrio popular de Chobra, habitado por cristianos y musulmanes, un humilde candidato, chófer de tazi. Su ilusionado programa pretendía poder distribuir simplemente en el barrio con una camioneta, la carne y las vituallas al mismo precio que pagan los militares.

En el museo militar de la antigua ciudadela, los visitantes, deambulando por sus salas, contemplan sus gestas de armas en pos de la gloria nacional
http://blogs.lavanguardia.com/beirut/?p=635
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