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Historia del Egipto Faraónico
 
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 Tarek Eltayeb

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Maat



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MensajeTema: Tarek Eltayeb   Sáb Ene 05, 2008 9:52 am

Tarek Eltayeb: “Nagib Mahfuz me pedía que leyera mis poemas”
Por Alberti el Sábado, Enero 5 2008, 18:04 - Perfiles - Enlace permanente

Centelleante diciembre en Viena. Café Ritter, uno de los históricos de la ciudad. Entre un mercadillo de navidad y una escapadita al Museo Leopold, en donde se respira la nouvelle vague artística de inicios del siglo XX con firmas como Shiele y Klimt, hallamos el modo de enontrarnos con Tarek Eltayeb, uno de los más renombrados poetas y novelistas egipcios contemporáneos.

Lo hemos contactado en Trieste, en octubre, durante el festival internacional Sidaja, organizado por la Casa della Poesia local y que cada año acoge a los poetas más relevantes de la escena europea y mundial (colándose en el programa de este año figuras de la talla de la italiana Rosaria Lo Russo, la angloamericana Judi Benson, el portugués Casimiro De Brito, el islandés Sigurbiörg Thrastardóttir y el croata Branko Čegec).

Sonriente, Eltayeb parece disponible para una charla tranquila. Nos habla largo y tendido sobre su infancia y su vida adulta, sin reticencias.
Es en esta capital austriaca donde confiesa haber escrito una de sus piezas poéticas más queridas, Agua y café que traducimos a continuación.
Agua y café
Cien veces al día repite:
“Debo regresar, aquí reina la inclemencia.
Allá el bien y el calor y...”
Luego
Pregunto: “¿Allá dónde?”
Y me indica la dirección con la mano
Y su regreso pierde el trazo
Y luego
Le tomo por la mano hacia un rincón tranquilo de la taberna
Nos sentamos a una mesa
Pido un café para él, agua para mí
Le hablo en árabe y le echo agua a su café
Se irrita: “¿Estás loco?”
Trata de quitarle el agua al café
Trata de
intenta restituir el agua al agua.


Una infancia entre Steinbeck, Hemingway e historias de mujeres

Tarek recuerda que su padre poseía una biblioteca más bien completa, con títulos tanto clásicos árabes como modernos y occidentales. “Era un gran apasionado de la literatura. Cuando leía echado en la cama hojeaba los libros y los periódicos con él, aunque no supiera aún leer, sólo por imitarlo”, cuenta. “Me convencí no sólo de leerlos, sino de que fueran escritos por él, pues -meticuloso como era- marcaba su nombre en todos los volúmenes. Yo leía autores clásicos árabes, pero también occidentales contemporáneos como Steinbeck y Hemingway, o al egipcio Nagib Mahfuz. Cuando empecé la escuela ya sabía leer y escribir, y la maestra, que se daba cuenta de que iba más adelantado que los demás, me confiaba a su hijo, un chiquillo intratable que sólo se calmaba cuando le contaba historias. Si la historia que le había contado el lunes tenía a una mona como protagonista y la del martes hablaba de una jirafa, se encolerizaba y me instaba a retomar la historia del primer día. Así nació en mí la necesidad de escribir mis historias”. Unas circunstancias, en suma, que le han conducido hacia el oficio de escritor.

Las mujeres de su familia también le marcaron: “Mi madre, mi abuela y mi tía se reunían cada tarde con las vecinas para cocinar. Estas reuniones de mujeres eran para mí la ocasión de escuchar historias y comentarios muy picantes. Cuando mi padre insistía en que andara entre hombres, a escuchar sus discursos sobre economía y política, me moría de aburrimiento: ¡es mucho más divertido escuchar a las mujeres!”. Además, los niños, jugaban un papel importante en la familia: “Si salía la abuela a por un recado, para no perderse una sola puntada de lo que se decía en la radio, nos encomendaba a los nietos tomar nota para contárselo más tarde. Éramos muy pequeños, la verdad, y al final cada uno de nosotros contaba una versión distinta de lo escuchado: cada cual creaba su relato, ponía su salsa preferida, lo que también me valió para mi actual profesión de escritor”.

De estudiante en Egipto a Viena, pasando por Irak
Tarek, de origen sudanés, nació en 1959 en El Cairo, en donde vivió durante 25 años: conoce bien la realidad su país natal, adonde regresa de tanto en tanto. ¿Cómo es que vive en Austria? “Llegué aquí a los 23 años sin conocer la lengua y sin dinero. No me considero un poeta exiliado, porque me vine por mi propia voluntad: no había oportunidades profesionales e intelectuales en mi país. Además, a principios de os ochenta, había problemas políticas entre Egipto y Sudán: para el Gobierno yo era un sudanés, y la presión fiscal sobre los estudiantes sudaneses se hizo pesada. Así, tras mi carrera de economía empecé a trabajar para una empresa de auditorías, pero con funciones de secretario y sueldo raquítico”.

Es 1981. Antes de irse a Viena a especializarse, el joven Tarek decide viajar a otro país islámico. Cosa harto difícil, en realidad: lo de que son “países hermanos” está por ver. Como hoy en Irak. Un conocido sudanés le empleó en un restaurante allí, entonces un país pequeño y aislado. “Nos dejaban fuera de toda oportunidad, y el restaurante, a pesar de lo grande que era, facturaba poquísimo. Estaba situado frente a una comisaría de policía que cerraba sus puertas a las seis de la tarde. Desde esa hora hasta la mañana siguiente, las facciones kurdas y árabes combatían unas contra otras a disparo limpio, y nosotros ahí en medio.” Una situación durísima. La guerra entre Iran e Irak ya había empezado y era difícil abandonar el país. “Menos mal que los sudaneses no éramos sospechosos de estar involucrados en la guerra. Cuando mi amigo supo que podía ser de los pocos en viajar libremente, se puso a comerciar con especias y telas, que sólo encontraba en el extranjero. Hasta que un día desapareció con el dinero de unos clientes y no se le vio más: obviamente la tomaron conmigo, y me tuve que volver a El Cairo.”

Es la primera vez que Eltayeb habla de estas desventuras en tierras iraquíes y de su antiguo amigo. ¿Alguna influencia en su literatura de todos estos episodios? “No quisiera que sus hijos paguen la factura del padre. Por eso nunca he hablado de ello hasta ahora, aunque no creo que me lean. Quizás, si se rodara una película sobre ello, la verían y se reconocerían. Pero no son estos mis planes de momento.”

A Viena por amor a Europa. Y después por amor de verdad

De vuelta en El Cairo decide irse a Europa. ¿Pero Viena? “No quería hacer como casi todos los sudaneses, que se marchan en tromba a los países anglófonos o francófonos. Lo que deseaba era empezar desde cero. En un principio pensé en irme a Alemania, pero descubrí a tiempo que en Austria los estudiantes provenientes del Tercer Mundo estaban exentos de pagar tasas universitarias.” Fue práctico. Europa le había atraído desde siempre por su diversidad cultural y su sociedad mucho más que los Edtados Unidos, en donde tiene la impresión que como extanjero “es más difícil vivir, y aunque me ofrecieran allá un empleo mejor pagado, hoy no me movería de aquí. Su estilo de vida no me atrae, no respnde a mis exigencias de vida”. Luego llegó Ursula, su actual mujer. “Cuando le dije a mi padre que me casaría aquí en el norte, no se lo tomó nada mal. Él, de hecho, único hijo varón de un padre rodeado de trece mujeres, cuando se fue a El Cairo para casarse con mi madre fue desheredado por mi abuelo. Así que entendió que no era bueno hacerme pasar por la misma pesadilla.”

Todas estas influencias culturales han marcado su sello en su lenguaje: “Mi lengua literaria, aun siendo el árabe clásico, incluye matices del dialecto sudanés de mi padre, del árabe de El Cairo y, naturalmente, del alemán, visto quee vivo aquí desde hace 20 años”.

A El Cairo con Nagib Mahfuz

“Un día hace diez años”, recuerda, “un amigo me propuso ir a un café de El Cairo cerca de mi casa, y donde Nagib Mahfuz mantenía encuentros literarios. Me pidió que le leyese mis historias. Cuando este Premio Nobel supo de mi presencia me llamó a su lado y yo me sentí como un párvulo, emocionado. Me preguntaba sobre la vida en Austria, sobre las diferencias con la sociedad egipcia; se mostraba muy interesado en conocer mis proyectos literarios. No sólo había leído mis historias, sino que se las conocía a la perfección. Luego nos vimos de nuevo en El Cairo”.

El amor en tiempos de la censura

El mismo Mahfuz, en 1994, padeció un atentado terrorista. Había osado personificar a los profetas del islam –Caín, Abel, Jesús y Mahoma– en una novela jamás publicada en Egipto. “El hombre que atentó contra su vida”, dice Tarek “ni siquiera había leído el libro. Había ‘escuchado decir’ a alguien que el libro era peligroso para la religión. Luego, propuesieron a Mahfuz publicar el libro en Egipto (Hijos de nuestro barrio), pero él mismo se negó, argumentando que la gente no lo comprendería”.

¿Sigue habiendo censura en Egipto? “hay una situación matizada. El Gobierno es conservador, y aunque la censura no es evidente, llega desde muchas direcciones. Todo lo que tiene que ver con cultura, ballet o canto está prohibido por que va contra la fe oficial, en incluso la literatura es considerada un enemigo del que desconfiar. Uno de mis relatos ha sido censurado, por ejemplo. En particular, por una escena en la que uno de los protagonistas, el ciudadano extranjero Jospeh, expresa su envidia a su interlocutor, un masajista austriaco ciego, por tener la suerte de tocar cuerpos y tener las manos en contacto con la piel de los demás. Un pasaje considerado demasiado sexual”.

La censura no se reduce a los autores de hoy: “hay personas que se dedican a investigar sistemáticamente expresiones como “la besó”, “la acarició”, “la llevó a la cama”, y que se convierten en “la miró a los ojos”, “se la llevó al jardín”. Hace catorce años, estando en El Cairo, decidí comprar los cuatro volúmenes de las Mil y una noches. Me dieron cuatro miserables librillos. Le pedí explicaciones al librero, el cual me aclaró que se trataba de “la versión mejorada y depurada de toda la inmoralidad y las blasfemias del original”. Una stuación que se repite aún hoy; los escritores contemporáneos se ven, además, reducidos al gueto, aislados de los poderes en juego en el país.
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